BMW X6 xDrive30d

Con el emergente segmento de berlinas coupé de representación en el horizonte, BMW inventa otro nicho de interés: el de los SUV coupé premium, con el X6. Lo probamos en su escalón de acceso diésel.

Muchas marcas se están apuntando a la corriente berlina coupé que estrenó el Maserati Quattroporte, pero que sin duda ha sido Mercedes-Benz la que la ha puesto de moda con el CLS. Luego ha llegado el Porsche Panamera, en breve lo hará Aston Martin y su Rapide, también Audi de la mano de un vehículo derivado del Sportback Concept… e incluso BMW, con un coche similar –aunque diferente- que guardará muchas similitudes con el Concept Serie 5 Gran Turismo.

Pero antes la marca de la hélice ha sorprendido inventando un segmento nuevo: el de los todocamino coupé premium con el X6. Hay quien opina que SsangYong ya había hecho lo propio con el Actyon, aunque evidentemente no se trata de un modelo de representación. En todo caso, el X6 está ideado para arañar clientes a modelos como las versiones más deportivas del Porsche Cayenne y el Range Rover Sport. Veremos si es el último de la nueva especie…

Interior

Sólo admite a 4 pasajeros en otras tantas plazas independientes -todas amplias, aunque las traseras condicionadas en la posición de las piernas, elevada por la transmisión-. Es pesado 2.150 kg en la variante analizada- y grande: 4.877 mm de longitud por 1.983 de anchura, 1.690 de altura y 2.933 mm entre ejes.

Deriva del último X5 y presenta una zaga muy apaisada que resta visibilidad. Para colmo de males carece de un limpiaparabrisas. Además el portón, una vez abierto -por 666 euros de forma automática-, queda en un plano un tanto horizontal e intrusivo: conviene prestar atención para no darse con la cabeza al meter o sacar maletas y bultos. Por cierto, el maletero es gigante y tiene doble fondo: de 570 a 1.470 litros.

Dentro se disfruta de la clásica posición de conducción SUV, con mayor dominio visual. El volante va situado en un plano prácticamente idéntico al de un Serie 5, mientras que los asientos son estupendos por firmeza y apoyo. Pueden ser de tipo deportivo -en las imágenes- con múltiples regulaciones eléctricas y forro de cuero –desde 2.662 euros-.

Por materiales y ajustes, sin reproche, pese a ser un BMW “made in USA”. Hasta el equipo es razonable, y no falta una extensa lista de extras, muchos decorativos, que a golpe de talonario permiten un X6 casi único: cierre Softclose de puertas -evitan un golpe para cerrarlas-, revestimiento de madera, Adaptative Drive –por 4.056 euros incluye suspensión variable y estabilizadoras activas para atenuar balanceos-, Dirección Activa -cuesta 1.603 euros, pero con vuelta y media se llevan las ruedas de un extremo a otro-, climatizador de 4 ambientes -el de serie es de 2- son algunas posibilidades.

Comportamiento y Prestaciones

La gama X6 de gasóleo ofrece una alternativa de 286 CV/580 Nm, llamada xDrive35d, común entre otros al 535d, y el más modesto xDrive30d que nos ocupa. Como el anterior cubica 3 litros y presenta 6 cilindros en línea, y encuentra cobijo, entre otros, en la Serie 3.

Rinde 235 CV/520 Nm –fijo de 2.000 a 2.750 rpm-, y presume de una alegría estupenda desde el ralentí. De hecho, mueve al X6 con maneras pseudeportivas valorando sus más de 2 toneladas en marcha. Por ejemplo, la velocidad punta asciende a 210 km/h, mientras que el sprint desde parado, y hasta 100 km/h, se contiene en 8 segundos, según datos de la marca. La verdad es que transmite poder y solvencia, viaje lleno o sólo con el piloto a los mandos.

Buena parte de su enérgica respuesta reside en el buen hacer del cambio automático y secuencial Steptronic de 6 marchas, bien escalonadas, mediante convertidor de par. Se puede manejar en secuencial a través de la clásica palanca –de diseño joystick que la devuelve al centro una vez pulsada-, o mediante pulsadores de volante; en modo automático puro ofrece un programa normal y otro más deportivo que apura marchas y motor. El contrapunto es un consumo, homologado en 8,2 litros a los 100 que y moviéndose con alegría raramente baja de 10/11.

Eso sí, cuando se le coge el aire, algo a lo que obliga un elevado peso que genera las correspondientes inercias, el X6 sorprende por agilidad y agarre. Parece mentira lo bien que se tiene y lo adherido al suelo que se siente. Transmite tanta seguridad como facilidad de conducción. Dentro de los límites que dicta la lógica –y la física- permite ir muy rápido en tramos virados, con unos frenos impecables y una dirección algo pesada, pero precisa y convincente, que lo guía de cine.

En esto resulta decisiva la acción de la tracción total permanente xDrive, en el X6 ideada para transferir con limpieza la energía disponible, sobre todo yendo rápido sobre firmes irregulares o poco adherentes. En ésto incluso BMW lo deja claro: no está pensado para saltar al campo, lejos de lo que su estampa invita a pensar. Incluso el X5 es más capaz en esta parcela, aunque puede afrontar con garantías pistas de barro, nieve o arena. Por cierto, de serie lleva control de descensos.

Destacable

– Calidad y comportamiento.
– Brío mecánico.
– Cambio eficaz.

Mejorable

– Visibilidad posterior.
– Peso elevado.
– Consumo a ritmo fuerte.

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