BMW X6 35 d / X5 3.0 sd

20 Mayo, 2008, modificada el 24 Enero, 2011 por

Resolver este enigma es complicado, o no, según se mire. Básicamente, se trata de un cambio de forma, porque la esencia es la misma. El X6 surge desde el X5 para convertirse en un coupé en formato gigante. Por el camino cede aforo y maletero, pero presume de una dinámica algo más refinada, debido a un mayor aporte tecnológico en este sentido. Ambos comparten también motor, un diésel de seis cilindros y 286 CV que los hace «volar».

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Más información en Hoymotor16, número 1284


Rolling Stones o Beatles, Cervantes o Shakespeare, Real Madrid o Barça, mar o montaña… Como todo en la vida, la elección es cuestión de gustos, más allá en ocasiones de la fría lógica. Como en la quiniela, la X es fi ja entre nuestros dos protagonistas, una X que hace referencias a las versiones de tracción total de BMW, pero que también nos valdría para indicar el empate técnico que se produce entre ambos modelos. No obstante se trata prácticamente del mismo perro adornado con distinto collar.


El X6 es la última ocurriencia de BMW y tiene un claro sabor americano. De hecho, nace en la planta de Spartanburg (Carolina del Sur), al igual que el X5, y comparte con su hermano de sangre prácticamente todo, salvo el disfraz.

    Comportamiento

    En su día, el X5 sorprendió a todos con un comportamiento dinámico impropio de su tamaño. El X6 sigue esa estela e incluso la mejora a base de rebajar la altura, aumentar el tamaño de la vía trasera y, sobre todo, incorporar una novedad a la que no tiene acceso el X5: el Dynamic Performance Control (DPC), tecnología que se complementa con el sistema de tracción total xDrive.


    Si el xDrive reparte la tracción entre ambos ejes, el DPC es capaz, además, de distribuir la fuerza entre las dos ruedas del eje trasero (ver imagen). El resultado es palpable, aunque para comprobarlo hay que ir muy rápido, circular sobre firmes deslizantes o forzar descaradamente la estabilidad con cambios bruscos de apoyo. En esas condiciones, comprobamos que el X6 resulta más ágil y estable que el X5 porque el sistema ayuda a completar el giro en curva y la electrónica, en forma de control de estabilidad, actúa más tarde.


    También es un «sinsentido » hablar de las capacidades «off -road» de un coupé, pero las tiene. De hecho no pierde un ápice con respecto al X5 (tiene 10 mm menos de altura respecto al suelo), manteniendo su eficacia en pistas de tierra, donde el sistema xDrive comienza a trabajar a destajo. Pero ojo, ninguno de los dos es un todoterreno al uso (al contrario que el Actyon, el coupé todoterreno de SsangYong, que sí dispone de reductoras), limitándose su utilización fuera del asfalto a aventuras no demasiado difíciles. De hecho, la inmensa mayoría de los futuros compradores no abandonarán en su vida el asfalto y comprobarán la eficacia de la tracción total cuando vayan a esquiar o bajo un fuerte aguacero.


    De todas formas, los dos cumplen con nota en este aspecto y sorprende lo rápido que se puede rodar con ellos sin contratiempos. Claro que la electrónica siempre está ahí, cual ángel de la guarda, porque las inercias son importantes. El conjunto de suspensiones, idéntico en ambos, filtra las irregularidades con naturalidad, pero está lejos del confort de un vehículo americano tipo. En zonas con fi rme irregular, los rebotes del tren delantero son patentes.

    prestaciones

    Las siglas cambian (35d y 3.0 sd), pero bajó el capó el propulsor es el mismo. Se trata de un tres litros de seis cilindros en línea, construido en aluminio que presume de 286 CV y un impresionante par de 59,2 mkg a tan sólo 1.750 vueltas. Su rendimiento es sorprendente en cualquier instante. Basta con hundir el pie en el acelerador y los dos salen como un tiro. Es más, se perderían muchas apuestas a la hora de adivinar si se trata de una mecánica diésel, por empuje y porque el sonido es bronco y no desvela nunca su naturaleza.


    Cuenta con tecnología VVT, es decir, dos turbos que actúan asociados, uno más pequeño a bajo régimen y el de mayor tamaño a continuación. Seleccionando en la palanca el modo deportivo, el salto entre marchas aguanta hasta las 4.800 vueltas.

    Interior y maletero

    Desde el pilar B en adelante, las diferencias son mínimas pues comparten salpicaderos, mandos, paneles… Sólo unas almohadillas en la consola central (para proteger las rodillas de golpes ) y las levas nos desvelan que estamos ante el X6.


    El X5 ofrece en los mismos metros cuadrados habitables más aforo, cinco plazas de serie ampliables hasta siete (2.441 euros), con dos asientos en la tercera fila escamoteables. El X6 no presume tanto y se queda en cuatro amplias plazas para acentuar su espíritu coupé, aunque en las dos traseras la cota de altura no es tan desahogada. El maletero también cede capacidad por la acentuada caída del techo, aunque los 570 litros parecen suficientes (620 su rival). Eso sí, el plano de carga del X6 queda muy elevado y el portón ofrece dos niveles de apertura para evitar golpes con los techos bajos.

    Equipamiento

    El cambio es automático de seis relaciones, muy rápido en su funcionamiento, pero aquí el X6 se marca otro tanto a su favor, ya que de serie incorpora levas en el volante (no disponibles en el X5) y esto permite una conducción más deportiva sin necesidad de soltar las manos del volante. Además, cuando se llega a una curva a alta velocidad y el trabajo se «acumula » se agradece doblemente.


    Los dos andan de manera similar y frenan de forma poderosa, aunque en este caso se impone el X5 debido al generoso tamaño de los neumáticos opcionales que lleva (275/40 R20 delante y 315/35 R20 detrás). Por cierto los dos modelos cuentan con neumáticos tipo Runflat que pueden rodar sin presión un tiempo hasta llegar al taller. En opción se ofrece una rueda de repuesto de emergencia.

    Espacio y practicidad

    Se trata de un cambio de formas, más que otra cosa, aunque abre claramente el abanico para los que se identifican con la Serie 6 pero no quieren las «estrecheces» de éste ni la «corpulencia» del X5. Es decir, un concepto coupé en formato gigante que en Estados Unidos ha arrasado en su debut y que aquí ha levantado una expectación allá por donde ha pasado que nos ha dejado estupefactos.


    El X6 es enorme. De hecho, aumenta en 23 mm la longitud con respecto al X5, incremento que se produce en el voladizo posterior para realzar una zaga poderosa que queda en un plano realmente elevado. Mantiene la distancia entre ejes del X5, aumenta la cota de anchura en 50 mm y reduce considerablemente la altura (86 mm) para enfatizar su espíritu deportivo.


    Es difícil hablar de un coupé cuando en la báscula arroja un peso que supera, con nada, los 2.200 kilos, su tamaño acaricia los 4,90 metros de longitud y que, cuando nos situamos al volante, la inmensa mayoría de los mortales queda por debajo de nuestro ángulo de visión. Pero lo es.

    Valor de compra

    Por último, la diferencia de precio es de 4.500 euros en detrimento del X6, pero ese hándicap lo neutraliza con un equipamiento de serie más generoso que incluye suspensión deportiva, cámara de visión trasera, lavado de faros, sensores de aparcamiento, sensor de lluvia y encendido automático de luces, faros de xenón y control de velocidad de crucero; es decir, 3.600 euros más el aliciente de las levas y el Dynamic Performance Control. Por lo tanto, el bolsillo tampoco parece una causa que determine la elección de uno u otro.

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