BMW M6 Cabrio

8 Enero, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

Sólo unos pocos mortales pueden gozar del placer de sentir la potencia de su motor V10 de 507 CV y apreciar las sensaciones de pilotaje que proporciona el fabuloso cambio SMG III

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Sólo unos pocos mortales pueden gozar del placer de manejar un BMW M6, sentir la potencia de su motor V10 de 507 CV y apreciar las sensaciones de pilotaje que proporciona el fabuloso cambio SMG III con levas en el volante. Poder hacerlo además descapotado, con el cielo como techo, es algo al alcance de verdaderos privilegiados que pueden disponer de 127.000 euros para un capricho.


EN 2005, BMW obsequió a sus incondicionales con su modelo más deportivo, el M6, basado en el 645 Ci, el deportivo y lujoso coupé de la marca alemana al que se le montó el potente motor V10 de 507 CV que ya equipó el M5. Todo ello aderezado con unos discretos toques de diseño «M» para distinguirlo del resto de coupés 645. Una verdadera obra de arte, titulábamos nuestra toma de contacto cuando estuvimos ante él y pudimos conducirlo. La nueva versión Cabrio del M6, que BMW añade a la gama, combina las excepcionales dotes dinámicas de su hermano de techo duro con la exclusividad estética que le confiere el techo de lona, sin abandonar el confort de sus lujosas 2+2 plazas. Pero pasemos a analizarlo a fondo, pues no todo serán alabanzas.

  • Comportamiento



  • Prestaciones



  • Interior y maletero



Comportamiento

Aunque las prestaciones son impresionantes, la potencia no lo es todo; lo que más cuenta es la aceleración y el comportamiento en carretera. En esto también el M6 lo borda, porque la forma de transmitir la potencia al suelo, el aplomo en el paso por curva y la seguridad que transmite está al alcance de muy pocos, poniendo contra las cuerdas a casi cualquier otro descapotable. En marcha, el M6 no es tan «bestia» como las cifras pueden anunciar, porque entre los 11 programas de gestión del cambio, los tres distintos niveles de dureza de la suspensión, los cuatro modos de uso del control de estabilidad DSC o las dos potencias disponibles con sólo pulsar un botón, 507 o 400 CV, cualquiera podrá ¿encontrar? la opción más acorde con sus gustos. Lo difícil será precisamente encontrarla entre el laberinto de opciones de uso que pueblan el «libro gordo» de instrucciones.


Si no queremos estudiar nada y nos ponemos al volante por las buenas, el motor ofrece «sólo» 400 CV. En tales condiciones y con las opciones más conservadoras se comporta como un gatito: suave en las arrancadas y cómodo en los paseos por carreteras onduladas. Cuando el SMG sube de marcha lo hace incluso con lentitud, adivinando que vamos de paseo –la séptima velocidad la vereremos insertarse a apenas 70 km/h–, pero si pisamos más el acelerador veremos cómo reduce rápidamente hasta ¡¡tres marchas!! para conseguir una inmediata respuesta a nuestra solicitud.


En la báscula comprobamos que no es un coche ligero: pesa 2.005 kilos en vacío (300 más que el coupé), a pesar de un tratamiento adelgazante, con capó y puertas de aluminio y algunos paneles de carrocería de plástico; sin embargo, los refuerzos necesarios para aumentar la rigidez de la carrocería cabrio pesan lo suyo. El peso y los 507 CV implican, lógicamente, un consumo elevado, pero ¿dónde está el problema para un conductor privilegiado?

prestaciones

Empezaremos por el motor. Un verdadero purasangre de 10 cilindros con el ADN de la división deportiva M (BMW Motorsport), procedente de los V10 BMW de Fórmula 1. Fabricado en aleación ligera, con cinco litros de capacidad y unos asombrosos 507 CV de potencia, alcanza con facilidad las 8.250 revoluciones por minuto. Los cilindros están dispuestos en dos filas de cinco, dispuestos en un ángulo de 90º, buscando el mejor equilibrio y las mínimas vibraciones. El par máximo de 53,1 mkg es también astronómico, gracias a la gestión de apertura de las válvulas y a un ajuste independiente de cada fila de cilindros. Con esto es capaz de catapultar hacia delante los más de 2.000 kilos del M6, a la más mínima presión sobre el pedal del acelerador y con un sonido envolvente, diríamos que «cuadrafónico», producido por las cuatro salidas de escape.


Este derroche de potencia se gestiona con la mejor caja de cambios automática que BMW ha diseñado, la SMG III, la última evolución de la transmisión automática secuencial de siete velocidades, prodigiosa por su rapidez y posibilidades de uso, ya que puede tener hasta 11 programas diferentes de cambio –más adelante hablaremos de ellos–, junto con la adictiva posibilidad de subir y bajar de marchas con las levas tras el volante. Decimos «adictiva» porque una vez que el conductor prueba a manejar el cambio con estas levas, comprueba la rapidez y suavidad con la que la SMG sube a la marcha superior y siente el doble embrague –con acelerón intermedio incluido para bajar a una inferior–, no dejará de utilizar la opción manual, dejando la función puramente automática para los atascos o puros paseos a ritmo lento.

Interior y maletero

¿Hemos dicho lento?
Muy difícil es mantenerlo, porque una vez instalado en el comodísimo asiento, envolvente, acogedor, con todos los reglajes posibles –por supuesto eléctricos–, de banqueta, altura, respaldo, lumbar y de temperatura del asiento, y ante el volante –también regulable eléctricamente–, uno está deseoso de introducir la llave de contacto, esconder la capota y pulsar el botón de arranque para sentir el sonido del V10, la potencia de sus 507 CV y el viento sobre la cabeza. Además, nuestro M6 tenía el Head-Up Display, un sistema opcional que permite ver la velocidad, marcha insertada y revoluciones reflejados en el parabrisas, una seguridad añadida y que hace la vida agradable.

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