BMW 530i

21 Noviembre, 2007, modificada el 24 Enero, 2011 por

Al aplicar la inyección directa sobre el ya excelente motor de seis cilindros del 530i, en BMW logran 14 caballos de potencia extra y una respuesta más “llena” a cualquier régimen. De paso, el consumo real se reduce. La marca bávara ha vuelto a bordarlo.

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Cuando hace unos meses la firma de Munich remozó su Serie 5, las variaciones estéticas, limitadas a ligeros matices que acentuaban la deportividad –grupos ópticos en cristal claro, intermitentes por LED, tomas de aire de contorno más definido…–, quedaron empequeñecidas ante un verdadero aluvión de novedades técnicas, muchas de ellas relacionadas con la seguridad.


Así, BMW empezó a ofrecer en opción sistemas como el regulador de velocidad con frenado automático, la regulación activa de velocidad con función «Stop & Go», la advertencia de cambio de carril involuntario mediante vibraciones en el volante, un dispositivo de visión nocturna –mediante una cámara térmica– o el asistente de luces de carretera –vayan olvidándose de cambiar entre «cortas » y «largas» porque parece que la idea funciona–.


Además, el control de estabilidad DSC suma nuevas funciones, como la compensación del efecto «fading» –fatiga de los discos por calentamiento–, un modo «espera» que acerca previamente las pastillas –los frenos actúan con más rapidez al decelerar bruscamente– o el sistema de asistencia al arrancar –evita que el coche recule en las cuestas mientras soltamos los pedales de freno y embrague y presionamos el acelerador–. Es decir, que si todo BMW ya presume de tecnología punta, ahora las posibilidades se multiplican.


No obstante, conviene levantar los capós para hallar las novedades principales, especialmente en el caso de las versiones de gasolina con motor de seis cilindros. Porque el 523i, el 525i y el 530i estrenaron propulsores con inyección directa, solución que acarrea un mejor rendimiento: más potencia y menos consumo.

  • En marcha



  • Prestaciones



  • Consumo y mantenimiento



En marcha

El cambio manual tiene un manejo rápido y preciso, la dirección es suave pero conserva el tacto adecuado a cualquier velocidad –nuestra unidad equipaba la de tipo activo, que reduce a 1,9 las vueltas entre topes y hace de la conducción en tramos de curvas una delicia– y los frenos rebosan energía, como demuestran esos 50 metros para detenerse desde 120 km/h, cuando la media de su clase rebasa los 55.


Gran parte del agrado tiene su origen en la respuesta del motor, pues la fuerza llega con mucha progresividad y en torno a las 3.000 vueltas ya disfrutamos de la mitad de los caballos –136– y del par máximo. Si sumamos a ello seis marchas con desarrollos acertados y una motricidad perfecta –con los 275/35 R18 en el eje trasero que montaba el coche en opción– la diversión está servida, pues el 530i entra con obediencia por donde se le pide y jamás responde con un mal modo.


Las prestaciones no son fulminantes, pero sí impresionan positivamente pese a que las aceleraciones medidas con el Correvit se hayan alejado de las oficiales. Tampoco las recuperaciones son de «reactor», pero los 8,7 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta están bien y los 11,4 en quinta satisfacen.


Por contra, el 530i requiere 15 segundos en la simulación del adelantamiento en sexta, suficiente para una versión que prima confort sobre radicalidad pero mucho si lo comparamos con un modelo de porte similar que emplee turbo. En cuanto al resto de capítulos, hay más de positivo que de negativo, pues el excelente acabado general, la idónea postura al volante o la amplitud de la carrocería son virtudes que apenas se ven ensombrecidas por defectos como el manejo «exigente» de la rueda iDrive o ciertas ausencias en el equipamiento de serie.

prestaciones

De esas tres alternativas nos hemos inclinado esta vez por la más potente, que alcanza los 272 CV –a 6.700 vueltas– frente a los 258 –a 6.600 rpm– del anterior. Y el par máximo también experimenta un alza, pues desde los 30,6 mkg precedentes se asciende hasta 32,7 mkg, mucho cuando hablamos de un motor atmosférico de tres litros de cilindrada.


Lo mejor es que ambos incrementos se acompañan de una reducción de gasto espectacular, pues si el anterior 530i anunciaba 8,8 l/100 km de consumo medio el actual se conforma, según la homologación, con 7,7 litros. Traducido a dióxido de carbono, ese gas tan «de moda», de 212 gramos emitidos por kilómetro recorrido se pasa a 182, un 14 por ciento menos.

Consumo y mantenimiento

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En cualquier caso, durante nuestra prueba no hemos podido confirmar esos 7,7 l/100 km de gasto, pues el promedio real se ha ido dos litros por encima; pero en una berlina de representación que pesa 1,6 toneladas y que esconde 272 CV en sus entrañas bajar de 10 litros es un gran registro. De hecho, es un valor que no queda tan lejos del exhibido por sus «hermanos» diésel, lo que garantiza una respetable autonomía en viajes largos. La economía de uso se complementa con un rendimiento de lo más placentero, pues todo en la nueva Serie 5 funciona de maravilla.

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