BMW 130i

5 Noviembre, 2006, modificada el 24 Enero, 2011 por

Excelente por prestaciones, exigente por suspensiones y discutible por espacio y comodidad, que no por equipamiento.

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El tope de gama de la Serie 1 de BMW es un auténtico deportivo por la potencia, reacciones y en definitiva prestaciones con que es capaz de satisfacer a su conductor, pero para llegar ahí sacrifica comodidad y agrado de marcha en ciudad o conducción relajada. Tanto la potencia como el bajo consumo de su motor son extraordinarios, pero en conjunto no se trata de un producto “redondo”.


Es difícil ser severo con un coche que acaba de proporcionarte momentos excitantes al volante, pero al mismo tiempo sería injusto pasar por encima de sus inconvenientes por la intensidad de esas buenas sensaciones. Así las cosas, el BMW 130i es un coche exigente con su conductor, al que obliga a prescindir de la comodidad de unas suspensiones agradables y al tacto suave de unos mandos cómodos de usar en ciudad. A cambio, el conductor puede ser también muy exigente con él en lo referente a las prestaciones de su motor y el comportamiento deportivo de los frenos y las suspensiones, aunque en determinadas circunstancias estas últimas no terminan de convencernos.

  • Comportamiento



  • Prestaciones



  • Interior y maletero



Comportamiento

El “aparato” que lleva escondido bajo su capó en posición longitudinal no debería ser motivo de susto para el bastidor del 130i. Tiene todo lo que puede necesitarse para este nivel de potencia, empezando por una distancia entre ejes de 2.660 mm., más habitual entre berlinas medias que entre compactos de su tamaño. En efecto, la estabilidad en línea recta y en curvas muy rápidas es excelente, pero no trasmite el mismo grado de satisfacción en recorridos de montaña con apoyos fuertes y prolongados en aceleración. En estos casos el eje trasero aguanta a la perfección y con una motricidad sin tacha, pero el delantero en ocasiones tiene problemas para mantener la dirección marcada por el volante, abriendo la trayectoria como consecuencia de la trasferencia de masas que trasmite a la zaga el motor a pleno rendimiento, especialmente cuando el control de estabilidad (DSC) está conectado y los frenos y la inyección cortan cualquier intención sobreviradora del tren trasero. Pero quitando este inconveniente, que se puede solventar ahuecando el acelerador en curva… o pulsando tres segundos el botón del DSC, el comportamiento del bastidor es muy estimulante en conducción deportiva. Acompaña al musculoso motor con un escaso balanceo de la carrocería y una dirección que destaca por su rapidez y avanzada desmultiplicación activa -al girar el volante las ruedas giran más o menos en función de la velocidad- lo que exige un periodo de adaptación en los primeros kilómetros de carretera.


Cuando no se quiere ir tan “encendido” el BMW 130i tiene algunos inconvenientes derivados de su carácter deportivo. Uno de ellos es la dureza de la suspensión trasera, que rebota con brusquedad en los baches aunque el tren delantero no resulta incómodo. Igualmente los frenos tienen un tacto muy directo y el pedal es duro, pero no tanto como el del embrague, que llega a ser engorroso de soltar. Un buen detalle es el asistente de arranque en cuesta de los frenos, que mantiene sujeto el coche durante un instante al ascender rampas para que sea más relajada la operación de meter la marcha y soltar el embrague.

prestaciones

El motor de tres litros ofrece un rendimiento extraordinario. Coloca la tarjeta de contacto en su ranura, pisa el pedal de embrague y al pulsar el efectista botón de arranque la mecánica cobrará vida con un estimulante rugido. Sus seis cilindros en línea están dispuestos a dar guerra desde bajo régimen, sin necesidad de buscar una zona de trabajo superior a la que habitualmente se maneja en el tráfico. Gracias a esta característica pone a disposición del conductor medio una estupenda capacidad de reacción acompañada de una destacable suavidad, como atestiguan sus 315 Nm de par máximo a 2.500 rpm. La distribución variable continua y el control del alzado de válvulas (Valvetronic) permiten ofrecer este comportamiento, portentoso y delicioso al mismo tiempo. A partir de ahí el propulsor empuja con notable contundencia, acompañado por una melodía fantástica procedente del escape de doble salida (más discreto de apariencia que de sonido).


Pero si a medio régimen es pletórico, en la zona alta del cuentavueltas se muestra un poco perezoso. Estira poco y de hecho a partir de 6.000 revoluciones por minuto esperaba algo más, pese a que los 265 caballos a 6.600 rpm parecen llevarme la contraria. Es más contundente que brillante, y de hecho lo mejor de él no hace falta buscarlo por encima de las 6.000 rpm. A estas alturas ya ha dado mucho y buen rendimiento, y la caja de cambios de seis velocidades habrá permitido aprovecharlo, no sin esfuerzo del conductor, que como es habitual en las cajas de la marca deberá marcar bien los -duros- recorridos de la palanca.


Además de las prestaciones, como buen BMW, el 130i se conforma con un gasto de combustible moderado. 11,3 litros de media durante la prueba en ciclo combinado no están mal para un coche con motor de tres litros que está más cerca de los 300 que de los 200 caballos. Los 9,2 litros de media anunciados oficialmente son “realmente irreales”. Corresponden más bien a un crucero moderado por autopista. Una pena que no haya sitio para 10 litros más en el depósito (53 litros), porque la autonomía se resiente de un tanque pensado para motores más pequeños.

Interior y maletero

El interior está impecablemente terminado. Materiales, ajustes… perfecto. No obstante se echan de menos huecos más amplios en las puertas y algo más de espacio para depositar objetos. Tiene uno muy práctico a la izquierda del volante, pero nada más. No sobra el espacio para los pasajeros. Ni en las plazas delanteras ni en las traseras, y si bien en las plazas delanteras se lleva mejor, en las traseras la falta de sitio para las piernas y sobretodo la dificultad de acceso son importantes deficiencias para quienes vayan a emplearlas con frecuencia. La visibilidad frontal y lateral es correcta, pero la trasera es sencillamente mala tanto en las esquinas como en la panorámica posterior.


El equipamiento del BMW 130i es superior al de otras versiones de la Serie 1, y eso en parte ayuda a digerir su elevado precio. De serie cuenta con tapicería de cuero y asientos deportivos, climatizador electrónico de dos zonas y radio CD. Además los faros cuentan con proyectores de xenón para cruce y largas y son direccionales, un testigo advierte en caso de pérdida de presión de los neumáticos y estos son de los denominados “Runflat”, es decir, que pueden recorrer completamente desinflados hasta 150 kilómetros. Por supuesto esto permite prescindir de la rueda de repuesto y utilizar su habitual ubicación para añadirla al maletero, lo que aun así sólo permite ofrecer unos correctos 330 litros. Las llantas de 17 pulgadas montan neumáticos 205/50 en los dos ejes, como hemos dicho “Runflat”, lo que encarecerá notablemente el cambio cuando llegue su momento.


Como se puede comprobar en las fotos, nuestra unidad equipaba además el kit opcional “M”, que incluye parachoques más envolventes delante y detrás además de otros muchos detalles menores. Su precio es de 2.601 euros, algo inferior a otras versiones de la Serie 1 porque algunos de los detalles del kit ya están incluidos de serie en el 130i, como el cuero o las suspensiones deportivas.

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