BMW 120d Coupé

9 Enero, 2009, modificada el 9 Febrero, 2011 por

La Serie 1 Coupé también ha sido tocada por la barita mágica del programa EfficientDynamics.

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Todos los BMW de nueva generación reciben, en mayor o menor grado, alguna aportación del programa de ahorro energético y emisiones EfficientDynamics. En algunos, como los equipados con motor de cuatro cilindros, esta filosofía gana peso al incluir casi todos los dispositivos posibles: servodirección eléctrica, neumáticos de baja fricción, arranque y parada automáticos Start&Stop -con mando de desconexión en el salpicadero-, alternador inteligente -sólo funciona cuando se requiere, al igual que el compresor del climatizador-, Air Vent Control -abre y cierra unas persianitas detrás de la parrilla en función de la necesidad de ventilación del motor para mejorar la aerodinámica-, indicador de paso de marcha en el instante óptimo -va en la instrumentación- y recuperación Brake Energy Regeneration, que aprovecha la energía desprendida al frenar para recargar la batería.

Todo ello permite a vehículos como el atractivo 120d Coupé, rival de los Alfa GT, Mercedes CLC Sportcoupé, Volkswagen Scirocco y Volvo C30, un consumo verdaderamente ajustado sin merma prestacional que valga.

El modelo que nos ocupa fue la penúltima incorporación de la prolija Serie 1. El coche rezuma un atractivo nostálgico, con una silueta de tres volúmenes y contenidas dimensiones -sólo 4.360 mm de longitud, con una batalla de 2.660- que recupera el encanto de los veteranos 2002 y primeros Serie 3 de dos puertas.

Interior

Dentro sólo homologa cuatro plazas. Las traseras, separadas por una pieza plástica central en la banqueta que oficia de bandeja portaobjetos, son justitas, sobre todo en altura: pasajeros por encima de 1,75 metros lo tienen difícil para afrontar una larga travesía.

Delante ese problema no existe. Además, el puesto de conducción está realmente bien estudiado, pues más allá de los habituales ajustes de volante y asiento presenta el cuerpo central de la consola ligeramente orientado al conductor que facilita localizar todo lo preciso.

Materiales agradables bien ajustados, visibilidad buena hacia cualquier ángulo, asientos de primera -el acceso a la parte trasera no es malo gracias al notable avance de las butacas delanteras-, maletero capaz de 370 litros, diáfano y aprovechable -la boca es pequeña, pero a cambio los respaldos traseros se abaten por secciones para ampliar el espacio disponible-… Hasta ahí todo bien, e incluso el equipamiento de serie contempla lo esperado, aunque se deja en el tintero matices que desmerecen: los parasoles no tienen luz de cortesía y detrás no hay asideros de techo ni otras salidas de climatización que no sean las encastradas en el suelo.

Además, BMW obliga a pagar para hacerse con los faros bixenón -también si se desean direccionales-, llantas de 17 o 18 pulgadas -de serie calza unas de 16 combinadas con cubiertas 205/55- volante multifunción, control de velocidad, cambio automático/secuencial Steptronic -de seis relaciones, cuesta 2.336 euros y es una gran adquisición-, sistema de apertura y arranque inteligente, sensores de aparcamiento o retrovisor fotocromático, por citar sólo algunos ejemplos. Ni que decir tiene que el tapizado de cuero, el techo solar o la suspensión deportiva y el paquete aerodinámico M obligan a pasar por caja, y el peaje no es precisamente nimio.

Comportamiento y Prestaciones

Como todo BMW, el 120d disfruta de una dinámica eficaz, en parte por lo afinado de un chasis bien estudiado con suspensiones independientes -tiran a duras y pueden serlo aún más echando mano de la carta de opcionales-, una dirección rápida -por 1.400 euros puede ser activa y reduce a 1,5 vueltas los giros de volante para, en parado, llevar las ruedas de un lado a otro- e incisiva, frenos mordaces y un equilibrado reparto de masas suspendidas cifrado en un 50% por eje.

A todo ello, el programa de estabilidad y tracción DSC montado de serie neutraliza cuando debe desmanes del tren propulsor, que como manda el cánon en la marca es el trasero. Y así, el 120d es un coche neutro y fácil de llevar, muy predecible, sobre todo si el suelo por el que vamos está en condiciones. Si no y el ritmo de marcha es fuerte no debe extrañar que el DSC trabaje a destajo.

En cuanto al motor, es un prodigio de fuerza. De acuerdo, para quien quiera más ahí está el 123d de 204 CV, pero con los 177 y 350 Nm de par máximo -constante de 1.750 a 3.000 vueltas- de nuestro protagonista el Coupé de la Serie 1 se mueve de perlas, hasta para ir sensiblemente más rápidos de lo que puntos y cordura aconsejan.

No sólo acelera hasta 100 km/h en 7,6 segundos, sino que despacha adelantamientos con la cuarta engranada -el cambio manual, de seis, es algo lento y pesado de accionar con rapidez, pero luce recorridos precisos-, en un abrir y cerrar de ojos: 6,4 segundos, para ser precisos. Nada mal para tratarse de una exhaustiva evolución del bloque 2.0 common rail que en su día estrenaron los primeros 320d. La mateia prima era, pues, sensacional, y a estas alturas, y con el programa EfficientDynamics de por medio, el resultado francamente satisfactorio: más allá de un máximo de 228 km/h se conforma con promedios reales por debajo de 7 litros cada 100 km en conducción rápida, y menos de 5 si tomamos las cosas con sosiego.

Destacable

– Motor y consumo.
– Comportamiento.
– Calidad de acabado y confort.

Mejorable

– Lagunas de equipamiento.
– Altura de las plazas traseras muy limitada.
– Movimiento del cambio lento.

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