Bentley Continental GT Speed

28 Diciembre, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Una lujosa máquina con 610 caballos de potencia concebida para generar sensaciones imborrables.

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Al comienzo de los años 20 del pasado siglo, los Bentley 3-Litre constituían la referencia en términos de deportividad, pero el fundador de la compañía, W.O. Bentley, intuyó que había en el mercado una parcela de clientes insatisfechos que deseaban prestaciones aún mayores. Y para ellos concibió en 1923 el 3-Litre Speed Model, dotado de dos carburadores especiales y una relación de compresión más alta.

Ocho décadas y media después la historia se repite, porque la exclusiva firma británica, perteneciente al gigante alemán VAG desde 1998, complementa la gama de su exitoso Continental GT con el GT Speed, desvelado en el último Salón de Ginebra y a la venta desde agosto. A la venta, claro está, para quien pueda pagar los 226.382 euros que marca su factura, 28.193 más alta que en la elegante versión coupé que le sirve de base.

Esa cantidad extra, que daría para comprar un Volkswagen Passat 2.0 TDI, se traduce en un dinamismo más acentuado, pues los 560 CV del motor W12 Biturbo de seis litros pasan a ser 610 en el GT Speed –un 9 por ciento más–, y el par máximo aumenta hasta 76,5 mkg –un 15 por ciento de mejora– gracias a pequeñas modificaciones, como nuevos pistones o una centralita Bosch personalizada.

Además, la potencia máxima se logra a 100 revoluciones por minuto menos, y el complemento «vitamínico» no apareja más gasto, pues se anuncia una media de 25,3 l/100 km, igual que en el GT «básico ». De hecho, uno y otro se benefician de recientes variaciones en sus componentes internos y en el catalizador que aminoran el gasto y reducen las emisiones un 3,5 por ciento.

GT y GT Speed también comparten modificaciones que rebajan la masa del conjunto 35 kilos –ahora «sólo» pesan 2.350 kilos– y un tarado más preciso de la dirección, aunque la nueva versión deportiva se ha personalizado con llantas de mayor medida, suspensión más baja, ciertos detalles externos –parrilla, salida de escape…– y un habitáculo con el paquete Mulliner de serie. En el caso de nuestra unidad de pruebas, el apabullante panorama se completaba con los frenos carbocerámicos opcionales –también pueden montarse en el Continental GT–, que releva los discos ventilados delanteros de 405 mm por unos descomunales de 420 –abarcan casi toda la llanta–, y los traseros, de 335 milímetros, por otros de 356.

No viene mal echar el resto en este capítulo cuando hablamos de una bestia con 610 CV que puede acercarse a las tres toneladas a plena carga, y que goza de un atractivo planteamiento dinámico, aunque después de nuestro ensayo conviene dejar claros tres puntos: primero, que los discos de carbono chirrían en frío de un modo que causa sorpresa entre los peatones –y entre los ocupantes, si éstos desconocen la razón–; segundo, que la resistencia ante los tratos muy intensos y prolongados es superior a la de los frenos normales; y tercero, que los discos de carbono no son sinónimo de distancias de parada más cortas bajo condiciones de uso «turístico», pues los 58,8 metros medidos de 120 km/h a 0 no pasan de correctos.

Pero es justo reconocer que los frenos de un GT Speed tienen encomendado un trabajo arduo, tanto por el peso al decelerar como por las acongojantes prestaciones. Y es que estamos ante el Bentley más brutal de la historia, y ante el primero –presumen de ello en la marca de Crewe– que rebasa las 200 millas por hora: alcanza los 326 km/h, frente a los 318 km/h del GT de 560 CV, «insuficientes» para las vías españolas. Es broma, señor Navarro.

En cualquier caso, nuestro coche emitía una señal de alerta a 270 km/h para recordarnos que con los neumáticos de invierno montados –son opcionales– no podemos ir más allá. Y si un Continental GT acelera de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos, el GT Speed anuncia 4,5, valor oficial que hemos pulverizado durante nuestras mediciones en la pista del INTA: ¡¡4,2 segundos reales!! Y si seguimos con el pie derecho acelerando a fondo, diez segundos después ya vamos a 200 km/h.

A ese ritmo, completamos el primer kilómetro en 22,5 segundos, hito por el que ya pasamos a 241 km/h. De locura. Semejante empuje es práctico, y casi espeluznante, para solventar adelantamientos de forma instantánea, pues de 80 a 120 km/h requiere 80 metros y menos de tres segundos. Eso se logra con una fuerza sobrecogedora a cualquier régimen –a 1.750 vueltas disfrutamos ya del par máximo– y con un cambio de seis marchas, firmado por ZF, que podemos usar en modo automático –incluye un programa «Sport»– o de forma manual, para lo cual podemos utilizar la palanca de cambios o las levas del volante, cuya ubicación es mejorable.

Todas estas sensaciones descritas, más próximas a las de un avión que a las de un coche, se complementan con un sonido que calificaremos como poderoso, y que desde fuera se percibe como una advertencia: «tengo 610 CV y peso 2.350 kilos». Nos ha gustado mucho que los cambios en el chasis se aprecien al volante, pues el GT Speed resulta un coche controlable, seguro –la tracción total funciona de maravilla– y hasta eficaz. No es un GTI «ratonero », pero mucho ojo con los ritmos que se pueden mantener en zonas de montaña al volante del deportivo anglo-germano; un coche que, además, permite viajar a cuatro personas con bastante comodidad… Salvo por la frecuencia con que deberemos rellenar el tanque.

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