Audi S5

17 Agosto, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Una contundente pero cómoda y progresiva máquina de 354 CV para pensárselo por el equilibrio que despliega entre rabia y finura, su intachable calidad de construcción o el elevadísimo nivel de seguridad que atesora.

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En un futuro habrá un RS5 de potencia aún desconocida, pero de momento el «no va más» en deportividad de la flamante gama A5 es el S5 que tienen ante ustedes. Una contundente pero cómoda y progresiva máquina de 354 CV para pensárselo por el equilibrio que despliega entre rabia y finura, su intachable calidad de construcción o el elevadísimo nivel de seguridad que atesora.


Los jefes de Audi ya no sufren pesadillas al cruzarse por la calle con vehículos como el BMW 335i Coupé o el Mercedes CLK 500: ahora cuentan con un «antídoto» llamado S5. Hablamos, claro, del imponente «top» deportivo de la flamante gama A5, hasta que dentro de un año o poco más aterrice una «bestia parda» de nombre RS5 que, anoten, rondará los 500 CV. Por su parte, nuestro protagonista se «conforma» con el contundente V8 atmosférico de 4,2 litros e inyección directa FSI que sirve a las órdenes de otros modelos de los cuatro aros: desde el S4 hasta los A6 y A8, pasando por el Q7.

Rinde 354 CV, empuja con suavidad –para algunos, más de la prevista en un automóvil de su talante– y nitidez desde el ralentí, y con soberbia en los tramos medio y alto del cuentavueltas –hasta el corte de encendido en 7.400 rpm–. Además, lo ajustado de su cambio manual –de tacto correcto pero algo impreciso en conducción rápida– permite exprimirlo a fondo. El caso es que entre éste y lo generoso de su cilindrada, el S5, que permite marchar a ritmos endiablados, tolera circular a paso de tortuga con la tercera engranada sin que asome tirón alguno, como si la transmisión fuese automática –está prevista para un futuro–.

AGARRE TOTAL
Además, y para intentar desbaratar a su acreditada competencia, se reserva otro «as»: la tracción total Quattro. Puede que la finura del chasis de un Mercedes o la rotunda eficacia del que soporta a un BMW equiparable no echen de menos un dispositivo así, pero con 44,9 mkg de par máximo bajo el pie derecho no está de más cuando «vienen mal dadas », pongamos circulando sobre firmes de baja adherencia. Y es que el agarre que consagra la distribución permanente de par a las cuatro ruedas –aquí con diferencial Torsen y reparto asimétrico de fuerza del 40/60 por ciento entre los ejes anterior y posterior– es excepcional.

También posibilita acelerar sin piedad saliendo de cerrados virajes sin perder motricidad, y siempre con la salvaguarda del vigilante estabilizador. Añadan el trabajo de su cuadro de suspensiones independientes, unos frenos supermordaces y una rápida dirección de 2,8 vueltas entre topes: su eficacia y dominio resultan abrumadores. Y encima, sin restar confort, porque el coche es progresivo pese a equipar un tren de rodaje propio más duro. En fin, una delicia en movimiento envuelta por un grave y embriagador bramido, un rodar superlativo y confortable y un motor con fuerza para aburrir. El contrapunto, que también existe, viene en primer lugar vía consumo.

No podía ser de otro modo, pues «alimentar» un V8 de su cilindrada, y mover con soltura los 1.600 kilos largos del vehículo deriva en esos 15,1 l/100 km que hemos medido como promedio, y que son bastantes más de 20 si nos «animamos» en un tramo rápido. Guarismos que, por cierto, nos remiten al soberbio A5 3.0 TDI probado en el número 1.235, que gastó 9,4 l/100 km con idéntico reprís…

Más «peguitas»: como en todo buen coupé, las plazas traseras –y el acceso a ellas–, tanto por altura como por hueco para las piernas, es justo, en especial para adultos de más de 1,70 metros. Tampoco las puertas, largas e internamente reforzadas para prescindir de marco, son lo que se dice livianas. Algo similar sucede con el maletero, con una boca angosta. A cambio, la capacidad del último es notable, como avalan 455 litros y una rueda de repuesto de emergencia oculta bajo el piso. Por cierto, los respaldos traseros son abatibles para, de manera puntual, introducir enseres largos como una tabla de snowboard.

ERGONÓMICO
Acierto incontestable es el puesto de conducción: los asientos eléctricos tipo bácquet de cuero son formidables –pese a que lo acentuado de su borde exterior dificulta salir de un vehículo de sólo 1,37 metros de altura–, mientras que la consola, muy envolvente, es propia de un cazabombardero. El resultado es una postura de conducción óptima con independencia de tallas, que de paso se encuentra con naturalidad a la primera de cambio. Es evidente que su naturaleza coupé, con una zaga plana y elevada, resta visibilidad posterior, lo que al principio obliga a tomárselo con calma para no «tatuar» la carrocería en el primer aparcamiento. Luego se le coge el aire, y además Audi ofrece desde asistente acústico trasero hasta un pack que incluye el delantero, o bien todo ello con una cámara de retrovisión.

Por otra parte, su calidad visual –por materiales y ajustes– es impecable. Es más, en esta parcela nos atreveríamos a señalar que la firma de los aros viene estableciendo un baremo del que modelos como el S5 resultan el paradigma, y que casi, casi deja al rebufo a las consagradas BMW y Mercedes… Respecto al equipamiento, los 61.800 euros de a factura básica –49.500 pide BMW por los 306 CV del 335i Coupé– comprenden desde luces diurnas –las frontales muy llamativas por aplicar tecnología «led»– hasta climatizador de tres zonas –incluida la trasera–, llantas específicas de 18 pulgadas y cubiertas 245/40, retrovisores con intermitentes «led» incrustados y terminación tipo aluminio, vidrios atérmicos, freno de estacionamiento eléctrico, radio-CD/MP3 Concert…

De ahí en adelante hay que volver a pasar por caja, aunque la carta de opcionales incluye «attrezzos» singulares: sistema de sonido Bang&Olufsen, retrovisor fotocromático interior, luces direccionales, llave inteligente «Advanced key» –debería ser de serie–, llantas de 19 pulgadas –en las imágenes–, techo panorámico –1.405 euros–, navegación y mando de órdenes verbales… A fin de cuentas, lo necesario para hacer del sediento, pero exclusivo y espectacular –créannos, es de esos coches que la gente se vuelve en la calle para mirarlo– S5, una montura prácticamente única.

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