Audi S3 2.0 TFSI Quattro

26 Diciembre, 2006, modificada el 24 Enero, 2011 por

Es uno de los deportivos más agradables que hemos probado. Un pura sangre de 265 CV que se puede conducir a diario

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No es normal que tras una primera toma de contacto resulte difícil encontrar algún defecto a un coche de pruebas. Y menos aún que esta situación se mantenga casi hasta escribir la conclusión. Es lo que nos ha ocurrido con el S3 de Audi, un superGTi que no olvida cuidar a su propietario como se merece en cuanto a comodidad, agrado de conducción o equipamiento. Claro que siempre habrá alguien que pueda decir que para 265 CV le falta «patada». En efecto, cuando el pie derecho se hunde sin piedad en el acelerador el S3 sale catapultado, ya que la tracción total evita cualquier pérdida de tracción, pero en los primeros metros la sensación es algo descafeinada, demasiado progresiva… hasta que vemos los datos proporcionados por nuestro inseparable Correvit.


No, nos negamos tajantemente a considerar esto un defecto, porque tampoco nos gustan las brusquedades y, además, los tiempos salen. Porque el S3 acelera como un «Mitsu» EVO o como un Porsche Cayman S, que no es moco de pavo. Y lo hace sin que el conductor se despeine o tenga que utilizar collarín a la tercera arrancada. Frente a la mayoría de sus rivales, el S3 propone una fórmula que engancha, ya que consigue combinar acertadamente exclusividad, deportividad, agrado de conducción y eficacia en una misma montura. Porque el deportivo de Audi no protesta en un atasco o callejeando en ciudad, y se encuentra en su salsa circulando por autopista a buena velocidad o serpenteando por una carretera de segundo orden camino de cualquier puerto de montaña.


En contra
Detalles de equipamiento
Respaldo del acompañante sin memoria
Estética poco diferenciada 
Precio: 39.600 euros

  • Comportamiento



  • Prestaciones



  • Interior y maletero



Comportamiento

En el atasco saca pecho con un cambio preciso y un embrague con la dureza de cualquier otro A3. Por las avenidas y calles de cualquier ciudad ofrece una respuesta inmediata al acelerador, sea cual sea la marcha engranada y sea cual sea la velocidad. Y cuando ve un horizonte limpio se le iluminan los ojos y da rienda suelta a su magia. La magia de un motor que rinde con contundencia rodeado de un funcionamiento silencioso y carente de vibraciones, más propio de un seis cilindros que de este con cuatro, que no en vano ha recibido el premio al mejor motor del mundo durante dos años. Tenemos que felicitar a los técnicos del grupo Volkswagen, que han sido capaces de resucitar la inyección directa de gasolina gracias a su combinación con el turbo y algún que otro toque maestro.

prestaciones

El TFSI, también visto recientemente pero con menor potencia en el Seat León Cupra, empuja desde poco más de 1.000 revoluciones y su generoso margen de funcionamiento (el par máximo de 35,7 mkg se ofrece de forma constante entre 2.500 y 5.000 rpm) le permite disponer de fuerza siempre que se solicita. Los acertados desarrollos y el buen escalonamiento de las seis marchas también ayudan, ya que ofrecen un equilibrio coherente entre consumos y prestaciones, poca caída de vueltas entre marchas y respuesta contundente al acelerador aunque se circule en sexta. Hombre, puestos a exigir, creemos que este coche con cambio DSG y levas en el volante sería el deportivo perfecto. En carreteras muy viradas, el coche es una gozada por agrado, eficacia y facilidad de conducción. En tercera, por ejemplo (con la que se puede llegar hasta 130 km/h), vas al fin del mundo; la tracción total con diferencial Haldex te permite transmitir al suelo hasta el último caballo de potencia sin malabarismos ni aspavientos; y la dirección electromecánica copia a la perfección cada centímetro de asfalto, ayudando a lograr la trazada perfecta. Pero tanto como el aplomo, la respuesta o la eficacia en curva, sorprende la calidad general que rodea al conjunto.

Interior y maletero

El sonido al cerrar las puertas, la solidez de cualquier mando, la calidad de los plásticos y materiales… El interior del S3 es de una categoría superior a la de sus rivales, lo que justifica en parte su precio superior. Pero no nos habría importado que se le hubiese dado más importancia al toque de color, al toque deportivo, con más detalles diferenciadores como algún reloj (ojo, el ordenador dispone de crono al más puro estilo Porsche), o a la utilización de acabados en símil de fibra de carbono, por ejemplo. Esta discreción, especialmente agradecida por todos aquellos que no tienen al Seat León entre sus planes de compra, se hace extensiva al exterior donde se echa de menos algún detalle «racing». La chistera del ilusionista es como todas, pero encierra más magia que ninguna.

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