Ariel Atom

28 Agosto, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

El Ariel Atom es uno de los coches más radicales del mundo: 456 kilos de peso y un motor de Honda Civic Type-R con compreso que eroga 300 CV

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El Ariel Atom es uno de los coches más radicales del mundo, por no decir, el más radical. No tiene techo, no tiene puertas, no tiene carrocería, sólo cuenta con una estructura tubular, un par de paneles de fibra y, me olvidaba, dos placas de matrícula. En su ligereza radica su singularidad: 456 kilos de peso y un motor de Honda Civic Type-R con compreso que eroga 300 CV. ¿Alguien da más por 50.000 euros?


EL Ariel Atom no es de esos coches exóticos que uno compra para completar su colección, es una especie de desfibrilador con ruedas diseñado para que su propietario queme toneladas de adrenalina dentro de un circuito cerrado. Aunque esté homologado para la calle, donde mejor se puede disfrutar de sus cualidades es en la pista. Nada más verlo uno ya se da cuenta que está ante algo serio de verdad: no hay carrocería, la estructura tubular que le da forma está a la vista, las ruedas están semicarenadas por unas minúsculas piezas de fibra al más puro estilo Caterham, el propio arco de seguridad integra la admisión del motor…

Entonces, ¿éste es un coche concebido para competir? No, ni mucho menos, los responsables de la marca británica Ariel han creado un coche para transmitir las máximas sensaciones posibles a sus conductores. Es así de simple, un coche para los que les gusta conducir. Son pocos los vehículos de este tipo que ahora se pueden encontrar en el mercado: Caterham, Radical, Rocket… Sin embargo, ninguno de ellos es tan singular como el Ariel Atom. Su falta de carrocería, sus prestaciones de Superbike y, sobre todo, su facilidad de manejo lo desmarcan de sus rivales.

Si, han oído bien, el Atom, aunque no lo parezca, es un coche fácil de conducir incluso en ciudad. El propietario de la unidad que nos fue cedida para esta prueba acababa de completar un viaje de 600 kilómetros al volante. No está mal, teniendo en cuenta que el maletero es el asiento del acompañante y que en todo momento se tiene que llevar casco, de lo contrario los mosquitos y las piedrecillas de la carretera son una gran amenaza para la cara de su conductor. Queda claro que para disfrutar de un automóvil como éste se tiene que estar loco por los coches, de lo contrario uno no se arriesga a conducir 600 kilómetros sin techo, ni carrocería, dejando su persona a la merced de las inclemencias climatológicas.

SIMPLEMENTE BESTIAL
Las sensaciones al volante son casi indescriptibles, la dirección no asistida es hiperprecisa, los frenos sin ABS más de lo mismo, el motor ofrece un empuje y un sonido adictivos y, para colmo, su chasis es tan preciso como el de un kart de carreras. No hay ningún modelo en el mercado capaz de ofrecer este cóctel de sensaciones, a la espera del Caparo T1. Un futuro rival del que sólo se conocen pocos datos, aunque suficientes para temerlo. Aún así, si el Caparo u otro superdeportivo son capaces de acercarse a sus niveles de prestaciones, sus precios seguirán siendo el triple o el cuádruple del de Ariel.

Arrancar ya es una ceremonia en si misma, se tiene que activar el contacto, luego acercar el mando de la alarma a la parte derecha del cuadro y, por último, presionar el botón de START que hay justo a la izquierda de la columna de dirección. Completado esto, escucharemos el despertar del motor K20A del Honda Civic Type-R sobrealimentado con un compresor Jackson Racing. El manejo del cambio es la mar de simple, pues se trata de la misma caja manual de seis relaciones del citado compacto japonés. La versión que probamos es la más potente que Ariel ofrece en su catálogo con 300 CV.

Al empezar la marcha, cambiamos a poco más de 3.000 rpm y la verdad es que parece de lo más dócil, toda una delicia en tráfico urbano. En ciudad sólo tendremos que preocuparnos de dos cosas: que no nos pise un autobús y evitar los charcos de agua o, de lo contrario, acabaremos empapados de arriba a bajo –es lo que tiene no tener puertas, ni aletas, ni nada–.

¡QUÉ EL RITMO NO PARE!
Cuando pasamos las 5.000 rpm es cuando empieza la fiesta, la gestión VTEC del motor Honda y el compresor empiezan a dar muestras de su potencial, es en este momento en el que uno se agarra fuerte al volante y empieza a rezar. La aceleración es brutal, para que se hagan una idea, con un casco abierto la cara se deforma con la velocidad del viento y para asustar todavía más ahí está el sonido sobrecogedor de la entrada de admisión, que hay detrás de nuestra cabeza cuando el compresor está a plena carga. Es un silbido agudo con el que uno puede notar como el aire es succionado por esa toma de aire triangular de carbono. El motor parece que no se acabe jamás, no en vano, corta a 8.500 rpm, no está nada mal para tratarse de un coche sobrealimentado.

Hacer una primera, segunda, tercera a fondo, es un ejercicio que pone a prueba nuestra forma física. El descomunal empuje del motor Honda K20A con compresor hace que pasemos a sentir todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, la aceleración nos incrusta al bácquet de carbono dejándonos casi sin respiración. Para encontrar una aceleración igual de salvaje uno prácticamente tiene que recurrir a una moto deportiva de alta cilindrada, tipo superbike. Con un simple balanceo de la carrocería y la aplicación de la presión correcta sobre el pedal derecho lograremos poner el vehículo de lado con suma facilidad, es como un juguete. La interacción entre conductor y vehículo es total, aquí no hay electrónica de por medio que filtre las sensaciones, en el Atom todo es en vivo y en directo.

Todas nuestras extremidades sufren a la hora de aplicarnos al 100 por cien sobre el volante y pedales, la felicidad siempre tiene un precio y aquí es estar en una buena forma física. El particular que nos relató su hazaña de cruzar media Francia en un día de viaje era un asiduo al gimnasio y no llegaba a 80 kilos. Un servidor acabaría molido de tratar de emular esta gesta, es como si me metiera en una pista de karts y rodará un par de horas al máximo de mis posibilidades. Mi cuerpo acabaría deshecho, como si me hubieran asestado una soberana paliza.

En resumidas cuentas, el Ariel Atom es una herramienta de precisión pensada para cumplir con los deseos de los conductores más exigentes. Una máquina infernal capaz de lijarse en un circuito a deportivos de la talla de: Ferrari Enzo, Mercedes McLaren SLR, Porsche Carrera GT… En circuitos como el trazado largo del Nürburgring, o el Nordschleife, un Ariel Atom llevado por buenas manos puede llegar a poner en un compromiso a más de un motorista. La espectacular relación de peso/potencia, 1,52 kg/CV, es la responsable de que sea capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos. Queda claro pues, que deben abstenerse aquellos que busquen un descapotable para ligar con un interior con posibilidades, para estos el Atom no es su coche. Ahora bien, si quieren vivir las emociones más fuertes de su vida, este es su automóvil.

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