Alfa 159 JTD 150cv/Saab 9-3 TiD 150cv

6 Marzo, 2007, modificada el 11 Enero, 2011 por

Dos opciones quizá más pasionales y exclusivas por menos vistas: ambos se sirven del mismo propulsor 1.9 de 150 CV

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Para hacerse con una berlina media diésel de unos 30.000 euros, es habitual que se piense de entrada en las ofertas de Audi o BMW. En estas páginas, sin embargo, les proponemos dos opciones quizá más pasionales y exclusivas por menos vistas: el Alfa 159 y el Saab 9-3. Ambos se sirven del mismo propulsor 1.9 de 150 CV; y, como en nuestras unidades de prueba, pueden contar con un cambio automático, también compartido, que aporta confort pero presenta «lunares».


Qué duda cabe: adquirir un Audi A4 2.0 TDI o un BMW 320d es acertar de pleno en muchos sentidos. Pero a estas alturas de la película no hay que engañarse, porque éstos y otros, como el Mercedes C 220 CDI, no son los únicos valedores de la tecnología punta, la calidad o el buen hacer general. De hecho, los vehículos que comparamos en estas páginas, muy parecidos entre sí, son equiparables a los anteriores en muchos aspectos. Por ejemplo, en prestigio. De hecho, en países como Estados Unidos, los Saab son codiciados objeto de culto para una entendida clientela que, a menudo, se compone de profesionales liberales, como médicos, abogados, ingenieros o arquitectos.


Algo similar sucede en Europa, y cada vez más en España, con Alfa Romeo. Y es que los coches del Biscione están emparentados nada menos que con Ferrari y Maserati y aunque lógicamente no son como ellos, no es menos cierto que rezuman deportividad por los cuatro costados, o que emanan ese aire italiano tan rácing. Además, Alfa, que pronto desembarcará un superdeportivo de 400 CV –el 8C– carga las tintas en materia estética, como demuestra el 159. Es más, el comprador de un coche así valora sobremanera el diseño que aporta, aunque ese mismo diseño pase factura en habitabilidad y, sobre todo, en maletero: poco más de 400 litros para 4,7 metros de longitud, una mala ecuación. Competidor directo es el Saab 9-3, que recoge parte del legado aeronáutico de la marca en algunos guiños estilísticos, si bien su fisonomía es más funcional.


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Tampoco optimiza parámetros como la habitabilidad –de puertas hacia dentro va en línea con el Alfa–, aunque su volumen de carga acaricia los 430 litros, por lo que da un poco más de sí. Además, y para salir de apuros, su respaldo trasero es abatible por secciones asimétricas, función que en el 159 se paga aparte –nada menos que 384 euros–. Por cierto, uno y otro ofrecen un buen puesto de conducción, pero con ventaja para el nórdico. Y es que la ergonómica consola del Alfa, que suma arranque por botón, cede puntos por la mala disposición de ciertos mandos –climatizador, audio…– o la imposibilidad de regular los parasoles.


El 9-3 va a lo práctico, con nuevas ruedas para el climatizador de doble zona –en su rival puede ser de tres ambientes, único en la categoría– en vez de botones. Y fija más cerca de la mano o la vista mandos y pulsadores; también ofrece más huecos para objetos cotidianos. Empate, por contra, en calidad, convincente en ambos aunque más llamativa en un Alfa que usa aluminio «de verdad» para decorar el volante o el centro de la consola. En ruta, los dos hacen gala de confort y eficacia por igual. No obstante, aplican avanzados trenes de rodaje con suspensiones independientes o frenos de disco a las cuatro ruedas, que arrojan distancias de parada sorprendentemente bajas –algo mejores en el Saab–.


El 159 añade, como es habitual en la marca, una rápida dirección de sólo 2,4 vueltas de volante ligada a un incisivo eje anterior, obediente a las indicaciones del conductor; otro guiño deportivo. Por su parte, el 9-3 opta por un reglaje y unas maneras más convencionales, que priman el confort incluso en versiones como la que nos ocupa, equipada de fábrica con un chasis más bajo y firme. El programa de estabilidad se integra en los dos en el precio de partida y está bien calibrado para auxiliar cuando verdaderamente se precisa. Otro aspecto compartido es el motor: el excelente turbodiésel 1.9 de cuatro cilindros nacido de la colaboración de Fiat con General Motors. Da 150 CV y un par máximo de 32,7 mkg, suficientes para lograr un movimiento solvente –calcan prestaciones y, por ejemplo, despachan un adelantamiento en 7,5 segundos o 210 metros–, incluso viajando moderadamente cargados.


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En opción puede equiparse con una caja de cambios automática y secuencial –con convertidor hidráulico– de seis marchas, compartida pero con diferente electrónica. Por ejemplo, en modo secuencial, el 9-3 no engrana la siguiente relación acelerando hasta que lo solicita el conductor, vía palanca o en los pulsadores del volante. El 159, que carece de los últimos, sí pasa de marcha cerca del corte de encendido. Por cierto, su salida de parado es más pobre: hay mayor resbalamiento y, por tanto, una demora superior hasta que inicia la marcha, un verdadero inconveniente en cruces o intersecciones, donde obliga a calcular más de la cuenta –desde 2.000 rpm y hashasta 4.400, como el Saab, empuja de lo lindo–. En el 9-3 tampoco se muestra rápido de reacciones.


Por cierto, el consumo, correcto, favorece al nórdico, pero sin diferencias notables. Nos queda abordar precio y equipo. En esto la relación se decanta por el latino, que sale casi 3.000 euros más barato. El Saab obliga a pagar por elementos como el sensor de lluvia o el retrovisor fotocromático, que el 159 acarrea de serie, aunque una oferta vigente regala otros como el dispositivo «Bluetooth». Así pues, si nos mueve la pasión y necesitamos una berlina media con buena mecánica diésel, el Alfa puede ser nuestro coche. Para considerar el Saab habrá que tener todavía más pasión… y dinero.

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