Abarth 500C: Genio de diseño

1 Agosto, 2011 por

Si al encanto natural del Fiat 500 le sumas la garra que pone Abarth en su motores y la diversión de una capota eléctrica, que mantiene pilares y travesaños, tienes el coche más pintón del mercado. Eso sí, un poco subidito de precio.

No valorado

Destacable

  • Diversión estética y al volante
  • Motor prestacional y comportamiento con el botón Sport activo
  • Capota rápida e interior práctico y detallista

Mejorable

  • Cambio automático lento
  • Consumos muy sensibles
  • Maletero incómodo

¡El modelo más chic de la marca del escorpión se quita el sombrero! Sí, me refiero al Abarth 500, en concreto a su versión cabrio Abarth 500C, que es calcado -salvo pequeños retoques estéticos y mecánicos- al Fiat 500C. Por cierto, en las dos carrocerías puedes montar el kit esseesse.

En cualquier caso, la competencia de mi protagonista se reduce bastante por tratarse de un descapotable. Así, lucha con modelos tan diferentes como los Mini Cooper Cabrio y Renault Wind -aunque éste es biplaza, son de tamaños cercanos-. Como su primo más tranquilo, se distingue del modelo cubierto mediante un spoiler sobre la luneta, que incorpora la tercera luz de freno.

Interior: Igual de práctico

El habitáculo mantiene la calidad, habitabilidad y practicidad que me encontré en el modelo de Fiat, pero con el toque racing de la marca. Sus 4 plazas son muy aprovechables gracias a un buen hueco para las piernas y a una distancia libre al techo perfecta para personas de 1,80 m.

El maletero, de 182 litros de capacidad (ampliable, si abates los respaldos traseros) y bajo, cambia el portón por una tapa de aire retro, lo que da como resultado una boca de carga elevada y estrecha que lo hace más incómodo.

Su precio de salida, 21.590 euros, incluye todo lo elemental y necesario. Sin embargo, el coche que ves en las fotos sumaba opciones como la pintura bicolor -900 euros-, las llantas de aleación de 17 pulgadas diamantadas y pintadas en blanco con neumáticos 205/40 -220 euros-, asientos de cuero -1.000 euros-, climatizador -310 euros-, faros de xenón -700 euros-, retrovisor interior automático -110 euros- y audio HI-FI Interscope -410 euros-, entre otras.

¡Date un capricho!

Rinde 5 CV más -140 a 5.500 rpm-, con el mismo bloque “downsizing” 1.4 turbo que la carrocería de techo fijo y monta un cambio automático de 5 velocidades con botones: el 1 equivale a la D, la N es punto muerto, la R, marcha atrás, y con A/M pasas de modo automático a secuencial (sólo mediante levas tras el volante, aunque en automático también funcionan). Esta transmisión, llamada Abarth Competizione, no acaba de convencerme; aunque es obediente, resulta lenta tanto en automático como en secuencial. Parece coger impulso antes de engranar una relación superior, algo que disimulas si dejas de acelerar en el momento en el que hace el cambio automáticamente, o cuando pulsas la leva de subir marcha -la derecha-. Sin embargo, borda las reducciones. Aun así, me quedo con el cambio manual del Abarth 500 “normal” con los ojos cerrados -a pesar de su tacto blando-.

Por lo demás, el propulsor es elástico y juguetón (sube hasta las 7.000 vueltas), siempre con un sonido adictivo, ronco y con petardazos que provienen de las dos salidas de escape, a los lados del difusor, sobre todo cuando disfrutas con el secuencial. Esta “melodía” se acentúa con el botón Sport activo; sin él, el coche pierde gracia: el acelerador no responde tan rápido, la dirección se hace demasiado suave y no transmite y el cambio aguanta las relaciones largas y sube de marcha a regímenes más bajos.

El conjunto es subvirador, aunque al límite, si metes mucho volante y entras pasado en curva lenta, puede que la trasera se insinúe. Sin embargo, en carretera abierta y giros rápidos sus 930 kg de peso son estables y permiten pasos bastante elevados, a pesar de su batalla -2.300 mm- y discutible aerodinámica. Este aplomo se debe a una suspensión firme (con los amortiguadores Koni opcionales, sería seca) y al efectivo ESP, que te da margen para divertirte y hacer diabluras, pero no es desconectable. En este sentido -de la seguridad activa- el TTC, sistema que evita pérdidas de tracción, es más efectivo en el modelo cubierto con cambio manual, porque la caja automática contiene los excesos de par en el eje delantero, y no parece tan necesario. Los frenos -delante ventilados, de 284×22 mm, y perforados detrás, de 240×11 mm- tienen mordiente, pero acusan el uso intensivo porque retiene menos que el Abarth 500 en las reducciones. Además, algunas de ellas no las permite.

El 500C da 206 Nm de par a 2.000 revoluciones con el botón Sport pulsado, que se traducen en un 0 a 100 km/h de 8,1 segundos y una velocidad máxima de 205 km/h. Todo con unos consumos de 8,4 litros en ciudad, 5,4 en carretera y 6,5 litros de media (a los 100 km y según la marca); pero si quieres exprimir este pequeño bólido, de 11 litros no lo bajas en el ordenador. Aun así, cumple con la norma Euro5 y anuncia unas emisiones de 151 gr/km.

El Abarth 500C es un primer coche de capricho o un segundo coche con el que divertirte sin capota, ni mucho ruido, gracias al cortavientos desplegable que hay sobre el parabrisas (sin él, es insufrible ir a más de 100 km/h). Cumple con lo que promete en más o menos 10 segundos: ¡el cielo!

1 Comentario

Sergio 1 Agosto, 2011

¿Genio de diseño? No sé…

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