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Trump presiona a General Motors: quiere coches «made in USA»

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19 de marzo, 2019

El presidente de EE.UU. exige a General Motors que cierre otras fábricas de fuera y abra la planta de Ohio en la que cesaron labores la pasada semana o, en su defecto, que la vendan inminentemente a quien pueda usarla.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha presionado por medio de su cuenta de Twitter al conglomerado General Motors para que cierre alguna de sus plantas en China o México y reabra así la que mantenía activa en Lordstown (Ohio), cuyas labores terminaron hace apenas una semana.

Trump ha recriminado a través de la red social que GM haya invertido en otros países y no en el suyo propio. «Quiero que los trabajos se queden en EE.UU. y que (la planta de) Lordstown (Ohio), en una de las mejores economías de nuestra historia, se abra o se venda a otra empresa que la utilice rápidamente«, reclama.

La industria del automóvil teme a Trump

Además, el mandatario norteamericano indicado que las conversaciones entre la corporación y el sindicato United Automobile Workers (UAW) para tratar el futuro de la factoría de Ohio comenzarán en septiembre u octubre de este 2019.

En concreto, el último vehículo que salió de la planta de Lordstown (un Chevrolet Cruze) lo hizo el pasado miércoles, convirtiéndose esta en la primera de cinco fábricas en Norteamérica que dejarán de producir este año. Además, marcó el final de la fabricación en EE.UU. del citado modelo.

«Toyota está invirtiendo 13.500 millones de dólares (11.916 millones de euros) en Estados Unidos, otros también. GM DEBE ACTUAR RÁPIDAMENTE. ¡El tiempo es esencial!», ha recriminado públicamente Trump a la compañía que dirige Mary Barra en otro tuit.

Mejorar la eficiencia de trabajo, esencial para GM

Según Europa Press, General Motors presentó a finales de noviembre del año pasado un nuevo plan de mejora de la eficiencia de sus operaciones que contempla un recorte de su plantilla del 15% y el cierre de cinco plantas de producción en EE.UU. y Canadá.

El documento recoge la reorganización de sus equipos de desarrollo global de producto, así como la reestructuración de su capacidad productiva y la reducción de su plantilla, con el objetivo de lograr un incremento de su flujo de caja ajustado de 6.000 millones de dólares (5.300 millones de euros) al año. De esta forma, como parte de este objetivo, la compañía estima experimentar una reducción de costes de alrededor de 4.500 millones de dólares (3.982 millones de euros) y también reducirá las inversiones de capital en casi 1.500 millones de dólares (1.327 millones de euros).

Además, la firma, como parte de su intención de aumentar la utilización de su capacidad productiva, también prevé cerrar en 2019 sus plantas de producción de vehículos en Oshawa (Canadá) y las estadounidenses Detroit-Hamtramck, Baltimore y Warren.

General Motors, junto con el cierre anunciado de su factoría en Gunsan (Corea del Sur), tiene intención de finalizar las operaciones en dos plantas adicionales fuera de Norteamérica para finales del próximo año.

General Motors quiere mejorar su gama

Otro de los ejes de este plan de General Motors contempla la optimización de su cartera de producto, de forma que prevé que el 75% de su ventas mundiales se concentre en cinco arquitecturas diferentes para principios de la próxima década.

General Motors indicó que todas estas medidas tendrán un impacto antes de impuestos sobre sus cuentas de entre 3.000 y 3.800 millones de dólares (entre 2.654 y 3.362 millones de euros). Este cargo se anotará en sus resultados del último trimestre del año actual y del primero de 2019.

La corporación automovilística también suscribirá una nueva línea de crédito para financiar los costes de reestructuración, que mejorará su posición de liquidez y reforzará su flexibilidad financiera.

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