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Qué sucedería en las grandes ciudades sin transporte público

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20 de septiembre, 2016

¿Qué sucedería si no existiese el transporte público en una ciudad grande como Madrid?. La Asociación de Empresas Gestoras de Transportes Colectivos Urbanos ha encargado un estudio al respecto y la respuesta es clara: las calles serían incapaces de permitir un tráfico de 2,5 millones más de coches.

Según un análisis de la Asociación de Empresas Gestoras de Transportes Colectivos Urbanos (ATUC) y de la consultora Tool Alfa, elaborado con motivo de la celebración de la Semana de la Movilidad, la desaparición del transporte público implicaría nuevos costes debido a la transferencia de viajeros del transporte público al privado, es decir, habría que hacer espacio a 2,5 millones de coches más en las ya saturadas calles de una ciudad como Madrid.

También se dispararía la contaminación, ya de por sí excesiva en las grandes ciudades españolas. En el caso de Madrid, con experiencia reciente en activar sus protocolos por alta contaminación, al no contar con la circulación diaria de unos 2.000 autobuses y 400 trenes de metro, los episodios por problemas de calidad de aire serían la norma, y los protocolos se activarían a diario. Pero, al mismo tiempo, éstos no se podrían cumplir ya que la medida dejaría a todas las personas en casa sin poder salir y desplazarse.

El aumento de la siniestralidad sería otro problema a añadir. Los mayores riesgos de accidentes derivados del mayor número de coches en circulación, pues por cada pasajero que recorre unos dos kilómetros, la tasa de mortalidad de tráfico del transporte público es una décima parte de la de los automóviles.

Además, sin estos de medios de transporte colectivos la calidad de vida de las ciudades se resentiría en gran medida, de tal modo que habría que soportar más atascos, y la cifra de casi 24 horas al año de media perdidos por persona por el tráfico sería entonces irrisoria.

Existirían también otros daños colaterales. Por ejemplo, el transporte público es un elemento integrador y vertebrador social que permite a las personas acceder a oportunidades laborales. Sin transporte público, las personas estarían obligadas a tener el carnet de conducir para poder trabajar en cualquier puesto u oficio, así como a disponer de un vehículo que, por su coste (tanto de compra como posterior mantenimiento, seguro, etc.) muchos no podrían permitirse. Esto significaría que cualquier currículum sin carnet de conducir ni coche propio sería descartado inmediatamente.

Los ancianos y personas con algún tipo de discapacidad se verían muy perjudicados, por lo que la movilidad por las ciudades dejaría de ser una realidad para muchos colectivos, poniendo fin a la accesibilidad universal a lugares, calles y plazas y puntos de interés (hospitales, edificios públicos, etc.)

Por otra parte, también habría costes derivados de la ocupación de suelo por la necesidad de más plazas de aparcamiento en la ciudad. Las calles de la Almendra Central de Madrid albergan cerca de 170.000 plazas de estacionamiento (año 2013) controladas por el Servicio de Estacionamiento Regulado (SER), además de contar con cerca de 10.000 plazas destinadas a Personas de Movilidad Reducida y más de 8.000 a labores de carga y descarga.

Ni siquiera ideas imaginativas para utilizar mejor las disponibilidades, como los aparcamientos públicos municipales, los municipales mixtos y los aparcamientos de residentes P.A.R. de la ciudad, suman plazas de estacionamiento suficientes para acoger a los 2,5 millones de nuevos vehículos.

Y no solo habría problemas de espacio de aparcamiento, también en las propias calles, que tendrían que absorber cantidades ingentes de tráfico, lo que provocaría una vuelta a fórmulas de movilidad del pasado a base de hormigón, como los scalextrics que hubo en Madrid hasta no hace mucho tiempo, como el de Atocha (desmantelado en los 80). Y al mismo tiempo habría que renunciar a parques infantiles, plazas y calles peatonalizadas, terrazas, etc., ya que se requiría mucho más espacio urbano que iría en detrimento del que hoy utilizan los ciudadanos.

El estudio de ATUC pone de manifiesto que sin un sistema de transporte público, las ciudades españolas estarían abocadas al colapso, y no solo social y de espacio físico, sino también económico, ya que las personas que no pudieran acceder al transporte privado para desplazarse a sus centros de trabajo acabarían perdiéndolos, con las nefastas consecuencias que eso tiene para la actividad económica de las ciudades.

Por otro lado, los recursos básicos para el desarrollo de la vida diaria cotidiana tendrían que hacerse en las inmediaciones de la residencia de los ciudadanos, lo que conllevaría una pérdida de servicios y prestaciones obtenidas a lo largo de los últimos años, como el acceso a ciertos productos que hacen la vida más fácil. Ya hoy existen zonas en países como Estados Unidos donde para ir a comprar algo tan simple como una pieza de fruta requiere recorrer varios kilómetros en coche, por lo que así se vislumbraría esa ciudad sin transporte público.

O el acceso a la cultura por ejemplo, que también quedaría relegado a unos pocos, ya que sería imposible que, por ejemplo, el Museo del Prado pudiera registrar la cifra de más de 7.300 visitantes diarios que hoy recibe, ya que los atascos y la falta de espacio de aparcamiento haría inviable su visita para la inmensa mayoría de ellos.

Para el secretario general de ATUC, Jesús Herrero, la extinción del transporte público “dibujaría una situación un tanto apocalíptica en las ciudades pues supondría su desaparición tal y como hoy las conocemos. Ahora bien, el reto es conseguir que el transporte público sea más eficiente, intermodal y sostenible. El camino es lograr que se integre el transporte público junto con otras opciones como ir a pie y la bicicleta para lograr así ciudades más amables con el medio ambiente y con sus habitantes; en definitiva, más calidad de vida para todos”.

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