Sólo lo imprescindible

Empeñados en transportar más cosas de las que realmente se precisan, muchos automovilistas siguen incurriendo en un error común: el exceso de carga del vehículo.

Empeñados en transportar más cosas de las que realmente se precisan, muchos automovilistas siguen incurriendo en un error común: el exceso de carga del vehículo.



Muchos conductores deberían hacer suyos los versos de Antonio Machado, que viajaba «ligero de equipaje». Pero es una máxima cada vez más difícil de cumplir, sobre todo en España, que se ha convertido en el país europeo con mayor número de centros comerciales, de los que resulta complicado volver con pocos bultos, porque la tentación de comprar y cargar el coche es grande. Por ello, conviene hacer hincapié en que el coche no puede tornarse en un improvisado furgón de mercancías, sencillamente porque no fue diseñado para ese fin. La primera razón es la seguridad de conductor y ocupantes. Los ensayos de choque, que periódicamente lleva a cabo el prestigioso organismo independiente EuroNCAP, han puesto de relieve que en una colisión a 50 kilómetros por hora un objeto del tamaño y peso de un portafolios, por ejemplo (medio kilo), sin sujeción en la bandeja trasera del habitáculo, puede golpear como si pesara casi 50 kilos. Dicho de otro modo, cada pertenencia o efecto personalno sujeto, por muy aparentemente livianos que parezcan, actúan como proyectiles; por eso es conveniente no transportar los enseres que no son realmente necesarios.

No está de más un ejercicio de «economía mental» para discernir qué merece la pena guardar en el maletero, único lugar del vehículo acondicionado para ese fin, olvidando los asientos traseros donde el riesgo de eyección de los objetos y las complicaciones para la visibilidad del conductor pueden tener graves consecuencias. Si ese razonamiento no es convincente, se puede pensar en el consumo; hasta 5 litros más de media puede gastar una berlina si se la carga al límite del peso máximo autorizado y se circula a la velocidad habitual por una autovía. Como norma general, se debe evitar que el maletero vaya lleno del todo y la carga se ha de distribuir de modo homogéneo para que la estabilidad del vehículo no sufra mermas. A este respecto, los bultos más voluminosos y pesados deben colocarse en la base, como si de cimientos se tratara, para evitar los movimientos bruscos. Precisamente, con este objeto se comercializan numerosos dispositivos de sujeción, que resultan extremadamente útiles, como las redes elásticas. También hay que tener presente que se impone un control más esctricto sobre la velocidad a la que se circula, especialmente en las curvas y cambios de rasante, porque un coche cargado requiere bastante más espacio y tiempo para frenar. Además, si el maletero está lleno, conviene abrochar los cinturones traseros, aunque no haya nada en esas plazas, para dificultar que la carga, en caso de un percance, pueda pasar al interior del coche.


En los asientos traseros, el riesgo de que los objetos salgan despedidos y las complicaciones para la visibilidad del conductor. pueden tener graves consecuencias


PORTABICICLETAS PARA TODOS LOS GUSTOS
Es evidente que las bicicletas son para el verano y no se van a quedar en casa sólo porque supongan un peso añadido al vehículo. Ahora bien, para llevar con seguridad estos vehículos de dos ruedas lo más aconsejable es disponer de un portabicicletas, incluso si se cuenta con un automóvil grande, como un monovolumen, donde basta con desplazar algunos asientos para introducirlas. En el mercado hay distintos modelos que, por lo general, pueden montarse y desmontarse según las necesidades. Si se busca una solución segura de verdad, aunque requiera una cierta pericia en la conducción, lo mejor es decantarse por los portabicicletas de remolque, muy indicados  para los que deben llevar tres o más bicis. Hay que tener presente que el modo de conducir varía y algunas maniobras se deben ejecutar con una precaución especial, como la marcha  atrás, y tampoco hay que olvidar para los viajes largos contar con rueda de repuesto para el remolque. Otra de las opciones más cómodas son los elementos de portón trasero, a los que sólo se puede poner una objeción: cuando transportan varias bicicletas (permiten el traslado de hasta tres unidades), impiden abrir el portón o, lo que es más peligroso, puede que , impulsado por el peso, caiga sobre los usuarios que buscan algo en el maletero.

Además, conviene asegurarse que no ocultan la placa de matrícula y tampoco las luces traseras, porque constituiría una infracción. No obstante, los últimos modelos cuentan con pilotos propios y espacio para la placa. Las bicis se pueden colocar fácilmente, pues están próximas al suelo y no hay que cogerlas en vilo demasiado tiempo. Ahora bien, el uso permanente de los portabicicletas de portón trasero puede suponer el deterioro de la chapa y la pintura del coche. Más sencillos de instalar, son los portabicis traseros de bola que se enganchan al punto de sujeción del remolque, donde va la toma eléctrica del vehículo. La colocación de la bici es muy fácil y apenas hay que ejercer fuerza para levantarla. También están los que se incorporan en el techo, como una baca, muy seguros, pero poco recomendables para la aerodinámica del coche, lo que es sinónimo de un incremento en el gasto de combustible. Otro problema que aparece asociado a estos portabicicletas es que en zonas marítimas, con fuerte viento, el automóvil puede perder estabilidad. Y tampoco resultan prácticos si hay que bajar a un garaje donde la altura es reducida. En esta clase de dispositivos la bici queda bien sujeta por una barra central y por las ruedas, aunque el inconveniente principal está en que el usuario debe tener la fuerza suficiente para levantarla hasta el techo del vehículo.

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