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¿Quién impone el precio de la mano de obra en un taller?

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17 de enero, 2017

En diversas circunstancias, los talleres mecánicos se enfrentan a momentos de negociación para reducir el precio de la reparación con las partes afectadas pero, ¿están obligados a hacerlo? Aquí te damos la respuesta.

En un taller, el mecánico está sujeto a precios de fábrica en las piezas de repuesto o recambios que pide cuya determinación corre a cargo, en la gran mayoría de casos, de las marcas. A esos precios de fábrica hay que sumar las cantidades por proveedores o transporte y es, en la tercera fase, cuando el mecánico implementa su razonamiento a la hora de especificar el precio por la mano de obra, es decir, por el proceso de reparación o instalación de los nuevos elementos.

A menudo, en situaciones de siniestros o accidentes en los que se sitúan las aseguradoras que abonarán los defectos de por medio, el perito que acude a examinar los daños puede establecer -o intentarlo- un precio de mano de obra inferior al habitual en ese taller. Incluso, puede llegar a pretender aplicar descuentos en recambios no negociados. ¿Cómo se ampara el mecánico ante estas circunstancias? La respuesta es simple, al menos en la teoría:

¿Pueden imponer a un mecánico el precio de la mano de obra?

El taller mecánico manda sobre sus precios y su trabajo; tiene total libertad para establecer sus honorarios, siempre y cuando lo muestre al público de una forma clara y precisa. Del mismo modo que el taller no está obligado a aceptar un precio más bajo que el que maneja habitualmente, la aseguradora no está obligada a aceptar un precio que no le satisfaga o le parezca razonablemente alto. Así pues, esta compañía podrá buscar otro lugar más acorde, según sus principio, donde llevar a cabo la reparación. Pero existe una tercera vía: la negociación. Ambas partes pueden establecer un diálogo que les agrade y decidir, entonces, si realizar o no el negocio. En este caso, las pólizas aseguradoras que obligan al cliente a realizar la reparación en un taller concreto forzaría, también, a que el cliente pacte con el mecánico si a la compañía le parece un precio alto en la facturación. En ese caso, el cliente tendría que negociar y pagar de su bolsillo el resto de la factura que no paga el seguro, ya que el mecánico no está obligado a trabajar por un precio más bajo.

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