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Peugeot 508 1.6 THP 156 CV

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23 de septiembre, 2011

El sustituto del 407 gana en tamaño, calidad e imagen. El gasolina de 156 CV en acabado Allure aporta confort, buen equipamiento y consumos interesantes.

Peugeot ha sabido encontrar el mejor sustituto posible del 407 y aunque lo lógico hubiese sido seguir la nomenclatura y firmar al recién nacido como 507, la firma gala ha cambiado el tercer dígito para situarlo a mitad de camino entre una berlina media (407) y una grande (607). Estrategia que en lo práctico se ha traducido en unas dimensiones mayores que las del 407 —es 10 cm más largo— para mejorar así el espacio interior, sobre todo en las plazas traseras —tanto en altura como en espacio para las rodillas—, y la capacidad del maletero —que ahora pasa de los 432 litros del 407 a 515 litros—, dos aspectos mejorados respecto al modelo al que sustituye.

La carrocería viste un traje elegante y sobrio, al gusto de sus clientes potenciales. En el sedán de cuatro puertas quedan perfectamente definidos los tres volúmenes. Las nervaduras adquieren protagonismo en contraposición de los trazos planos típicos de otros tiempos. El frontal gana refinamiento gracias a una calandra de menor tamaño, muy bien tallada, unos faros rasgados y unas vistosas luces de led perfectamente integradas. Por su parte, el lateral traza una línea tipo coupé con un techo combado que finaliza en un parabrisas y una luneta muy tendidas. La zona trasera incorpora unos pilotos rasgados mediante filas de led como elemento ‘rompedor’.

Interior

Por dentro se percibe una importante ganancia tanto en la calidad percibida como en los ajustes y el diseño. También cambia la disposición de los mandos, que varía según el nivel de acabado de que se trate. La unidad probada venía con el Allure, el más completo de todos, además de varios extras como navegador, climatizador doble tanto delante como atrás y sensores de aparcamiento. Semejante dotación supone que prácticamente todos los huecos disponibles están ocupados por teclas y botones, tanto en el salpicadero como en el volante, en la consola central y en su prolongación hacia los asientos.

Un dispositivo que merece especial mención es el Head up Display, sistema que proyecta información en una pequeña pantalla retráctil situada sobre el salpicadero, entre la instrumentación y el parabrisas, y que avisa sobre la velocidad a la que se circula, el programador de velocidad activa o una versión resumida del navegador.

Comportamiento y prestaciones

El arranque se realiza por medio de un botón situado a la izquierda del volante. Una vez en marcha se percibe una agradable ausencia de ruidos procedentes del motor, un detalle muy bien cuidado y que se debe no sólo al trabajo realizado en la insonorización del habitáculo sino a la suavidad de la mecánica de gasolina. Me gusta cómo funciona la caja de cambios de seis velocidades, sin ningún tipo de imprecisiones pero con un recorrido de palanca algo largo, lo normal en una berlina sin pretensiones deportivas. En cuanto a la dirección, esta es cómoda y tiene un tacto algo firme, cualidad que se agradece al salir a carretera.

Entre tanto motor diésel, se agradece conducir una mecánica de gasolina de última generación como la que monta este 508. Se trata de un 1.6 litros de cuatro cilindros con inyección directa y turbo capaz de generar 156 CV de potencia y rendir un par máximo de 240 Nm a tan sólo 1.400 vueltas. Su margen de utilización es amplio ya que permite apurar hasta más allá de las 7.000 revoluciones.

Con 1.600 centímetros cúbicos, este motor pudiera parecer, sobre el papel, poco capaz para mover los 1.400 kilos de peso del 508. Pero no es así. A poco que pisemos el acelerador y vayamos subiendo marchas, el coche adquiere velocidad con rapidez y, una vez en sexta, mantiene unos ritmos de crucero más que suficientes como para desentenderse del cambio.

En el comportamiento del 508 cabe destacar la comodidad por encima de otros aspectos. Los baches los supera sin transmitir ningún tipo de molestia a los ocupantes. El coche da la sensación de ir bien aplomado y en curvas a penas se perciben molestos balanceos. La dirección de endurecimiento progresivo hace un trabajo perfecto a la hora de llevar el coche por el sitio elegido sin que surjan pérdidas en la trayectoria. Además, tanto el tacto de los frenos como su eficacia están a la altura, y los controles de estabilidad y tracción actúan con solvencia.

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