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Neumáticos con nitrógeno

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13 de diciembre, 2007

Es el gas de moda entre los aficionados al tuning y cada vez son más las cadenas de mecánica rápida que lo incluyen en su catálogo de productos.

Es el gas de moda entre los aficionados al tuning y cada vez son más las cadenas de mecánica rápida que lo incluyen en su catálogo de productos. El nitrógeno, usado en los aviones y a veces en competición, se ha convertido también en el reclamo de algunos fabricantes, como Ford, que regalan el inflado en sus operaciones de mantenimiento. Pero no es cierto que signifique el adiós a los reventones o los pinchazos. El nitrógeno sólo es realmente útil en ciertos casos.




Incremento de la seguridad, mayor confort, ahorro en el mantenimiento… Son algunos beneficios del inflado de los neumáticos con nitrógeno, según el folleto publicitario de una conocida firma de talleres de mecánica rápida. Y es sólo el enunciado, porque las bondades de este gas inerte son infinitas, a juzgar por la información aportada: menor riesgo de reventón, conducción más eficaz, menos controles de presión periódicos y una rodadura más cómoda.


Lo cierto es que, de entrada, ninguna de estas características es falsa, hasta el punto de que casi todas las cadenas de mecánica rápida, como Midas, Norauto, Servirueda o Feu Vert, han colocado el inflado de neumáticos con nitrógeno como una parte de su negocio. Primero, sólo lo usaban los aficionados al tuning, pero ahora ya se está consolidando como una alternativa al aire comprimido.


Tal vez porque no tiene un coste excesivo: apenas 3 euros por rueda, IVA incluido, según explica Francisco Mengual, responsable de Euromaster, cadena que ha notado la mayor demanda. Pero en otros casos, el gas está al alcance de los usuarios de forma gratuita, como en la red oficial de Ford, que lo regala a los clientes que realicen allí el mantenimiento de sus coches.


Las ventajas de este gas frente al aire normal están contrastadas en el caso de los aviones o de algunos trenes suburbanos que circulan sobre neumáticos. El nitrógeno se escapa con mayor dificultad por las microfisuras que pueda presentar una cubierta. De ahí que se afirme, acertadamente, que mantienen la presión adecuada más tiempo que un inflado con aire normal –formado por un 78 por ciento de nitrógeno y un 21 de oxígeno–. Debido a ello, el desgaste se produce de una forma más regular y se garantiza un cierto ahorro de combustible, ya que el vehículo circula más tiempo con la presión adecuada. Y, por consiguiente, la conducción es más segura.


Asimismo, sostienen los defensores del nitrógeno que este gas desplaza al oxígeno en el interior de la cubierta, lo que retrasa el deterioro del caucho, una de las causas de los reventones. Y aún hay más, porque el nitrógeno está libre de humedad y el riesgo de oxidación y desgaste de las llantas es más bajo. Quizás el principal argumento a favor de esta solución provenga del departamento de Energía de Estados Unidos, al defender que podría incrementar el kilometraje un 3 por ciento, además de reducir el desgaste de los neumáticos y las emisiones contaminantes.


La explicación está en que las moléculas de nitrógeno son mayores –144 micras, frente a 140– y pesan más que las del oxígeno, por lo que se libera más despacio y resiste más tiempo las altas temperaturas. Estas ventajas son interesantes para aquellos conductores que no se preocupan de revisar la presión de forma periódica, pues una cubierta estándar puede llegar a perder 0,5 bar en seis meses.


VERDADERO
1. Más vida útil del neumático.
Algunos estudios ponen de relieve que las cubiertas duran más –entre un 3 y un 25 por ciento– por el menor desgaste. Además, no tiene contraindicación alguna, salvo el precio, que oscila entre los 3 y los 4 euros por unidad.


2. El caucho dura más. Como el neumático se reseca menos, el caucho interior se agrieta en menor medida.


3. Menos pérdidas de aire. El nitrógeno puro hace que la presión se mantenga constante y, por tanto, la temperatura de la cubierta no suba con la rodadura.


4. Con cámara o sin ella. Es un gas que se puede cargar en cualquier tipo de neumático.

5. Las llantas están más protegidas por el menor riesgo de oxidación. Al no tener oxígeno en el interior no hay riesgo de combustión interna, ni de explosión con deflagración.



FALSO
1. No tiene caducidad.
Contrariamente a lo que se afirma, no basta con llenar los neumáticos y olvidarse de verificar la presión o de realizar el mantenimiento recomendado.


2. Se puede mezclar con aire. En ese caso, las ventajas del inflado desaparecen. Si el llenado no es al cien por cien con nitrógeno –el proceso de montaje incluye el vaciado del aire interior– no sirve de nada. En general, para el uso normal de un turismo el inflado con nitrógeno no es muy interesante, ya que las cubiertas ya funcionan de forma óptima con aire normal.


3. Es un remedio universal contra los pinchazos. Ha llegado tan lejos la moda del nitrógeno que muchos ciclistas ya lo emplean con la convicción de que alejarán los indeseables pinchazos. Pero la realidad es otra: si la cubierta se agujerea, da igual nitrógeno o aire. Tampoco elimina el riesgo de reventón y su consecuente pérdida instantánea de la presión.


4. La adherencia está íntimamente ligada al nitrógeno. En muchos anuncios se subraya que la calidad de conducción mejora gracias a una adherencia más precisa de los neumáticos, pero este factor depende principalmente de la presión en las ruedas y de otros elementos, como los amortiguadores.


5. Es tan eficaz en los coches como en los aviones. Está recomendado en las cubiertas infladas a alta presión y en ambientes de riesgo, o cuando se quiere atenuar un sobrecalentamiento del conjunto llanta/neumático, como ocurre en el tren de aterrizaje de grandes aviones. Pero este supuesto rara vez se da en un vehículo normal.

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