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Mercedes Clase S W18: el súper motor que nunca fue

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25 de agosto, 2020

Cuando Mercedes desarrolló la tercera generación de su Clase S quiso lanzar al mercado un automóvil que humillase a todos los demás. Para lograrlo, los ingenieros estuvieron a punto de desarrollar un motor fuera de lo normal. Ésta es su historia.

En 1963 Mercedes presentaba al mundo un automóvil que había sido diseñado para convertirse en el más perfecto del planeta. El Mercedes 600 fascinó al mundo desde su presentación por la calidad de fabricación y por el empeño puesto por sus diseñadores en que todo fuese suave como la seda en él. Nada de ruidos de motores eléctricos, todo estaba asistido por un sistema hidráulico que era ultra silencioso y suave, incluso los elevalunas o el sistema de reglaje de los asientos.

Bajo su capó delantero había un formidable motor V8 de 250 CV que movía al Mercedes 600 con soltura y lo convertía en uno de los salones de gran lujo más rápidos del planeta.

Casi treinta años después de esta demostración de superioridad, los de Mercedes quisieron repetir la gesta y, para el lanzamiento de la tercera generación de la Clase S, los ingenieros comenzaron a desarrollar un motor único, una máquina que pondría a los de la estrella a años luz de sus rivales.

Mercedes 800 SEL: un W18 con 680 CV

Con 8 litros de cubicaje y 18 cilindros, estuvo a punto de ser el coche más potente del mundo gracias a sus 680 CV.

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El nuevo Mercedes Clase S (con código interno W140) debía ser el automóvil más superlativo del planeta y para su buque insignia se comenzó con el desarrollo de un motor de 18 cilindros dispuestos en tres bancadas formando 75,5º entre ellas en forma de W. Tendría una cilindrada de 8 litros y dos niveles de potencia: una versión «básica» de 490 CV y 750 Nm y una más potente de 680 CV y 800 Nm de par que se convertiría al Mercedes 800 SEL en el automóvil más potente del planeta.

Se comenzaron los estudios y se realizaron los planos para comprobar si aquella máquina era capaz de entrar en el vano motor del Mercedes Clase S W140 (que acabaría por hacerse famoso por ser el modelo en el que perdería la vida la princesa Diana de Gales). Finalmente, a los responsables del proyecto aquello les pareció excesivo y, aunque existían automóviles en la época con motores V16, se consideró que un V12 de más de 400 CV ya era una máquina lo suficientemente superior al resto como para que su nueva criatura destacase. Una decisión muy racional y, seguramente, acertada.

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Aunque no fuese tan estratosférico como el plan inicial del W18, el Mercedes 600 SEL con su V12 de 6 litros se convirtió en un automóvil excepcional y obligó a BMW a desarrollar a ritmo forzado un V12 para que su Serie 7 y Serie 8 intentasen estar a la altura de su rival de la estrella, algo que no consiguió.

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