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Las reparaciones de nuevos vehículos son cada vez más caras

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13 de marzo, 2019

Las visitas al taller de los coches de última generación son cada vez más caras. La cantidad de tecnología que estos tienen hace que la factura engorde en gran medida. Además, la facturación en los talleres seguirá subiendo teniendo en cuenta el envejecimiento del parque móvil español.

Los coches cada vez cuentan con un mayor número de elementos tecnológicos que nos hacen la vida más fácil. Sin embargo, todos estos “gadgets” tienen un problema: a la hora de llevar el coche al taller, la factura sube de precio.

Prueba de ello es que los talleres ingresaron un 4% más en el año 2019. Bien es cierto que también tiene que ver en esto el incremento de matriculaciones en el año 2018, ya que gracias al buen momento del mercado, el volumen de reparaciones creció en un 1%.

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Se espera que el sector continúe con esta tendencia positiva durante los próximos años, con la meta de que desde ahora al 2023, los ingresos aumenten en un 2% anualmente. El envejecimiento del parque móvil español sigue siendo un problema, puesto que se espera que en 4 años, el 40% de los vehículos tendrán más de 15 años. Estos coches tienen muchas más probabilidades de visitar los talleres más frecuentemente.

Cuanta más tecnología tenga el coche a reparar, más cara será la factura

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Los coches con más de 5 años suponen un gran trozo del pastel

Sin embargo, los coches de entre 6 y 10 años siguen siendo atractivos para los concesionarios y, como no puede ser de otra manera, también lo son para los talleres. La previsión es que para el año 2023 aumenten su peso dentro del total de reparaciones, suponiendo en la actualidad un 20% de las mismas y con una previsión del 25% para entonces. Esto quiere decir que una cuarta parte de las reparaciones están en tierra de nadie, por lo que pueden optar a ellas tanto los servicios de posventa oficiales como los talleres multimarca.

Los coches “mileuristas” seguirán siendo los más numerosos. Prácticamente el 60% del parque móvil español superará los 10 años de antigüedad en el año 2023. Sin embargo, este tipo de coches no suponen ningún filón para los concesionarios (solo un 27% de las reparaciones), puesto que se les hacen las reparaciones imprescindibles para que pueda seguir circulando.

Jose Luis Gata, responsable de Mercado Posventa de Solera (empresa que ha hecho el estudio), afirma: “Si bien estamos hablando del impacto del eléctrico en la posventa, lo cierto es que aún le quedan un par de décadas como mínimo para que sea una motorización considerable dentro del parque”.

“El taller afronta ahora una realidad que todavía respira diésel y gasolina y donde importa más la edad del vehículo que el combustible que le hace rodar. Esto supone un desafío para que la posventa siga mejorando sus procesos con tecnología para ser más eficientes. Luego ya llegará el eléctrico, con sus 25 piezas menos y su 86% menos de horas trabajadas. No hay que perderle de vista y hay que prepararse porque el modelo de negocio cambiará. Ahora se trata de ponerse a la par que el vehículo de combustión interna, no por lo que emite, sino por la tecnología que incorpora”, concluía Gata.

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