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Las mujeres tienen más miedo a conducir que los hombres

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31 de octubre, 2011

¿Sabes qué es la amaxofobia? Se trata del miedo a conducir, una patología que, según un estudio del Instituto de Seguridad Vial de la Fundación Mapfre, afecta al doble de mujeres que de hombres en nuestro país. Por suerte, se trata de un síndrome que puede superarse en poco tiempo con el tratamiento adecuado.

El número de mujeres que sufren en España amaxofobia, un trastorno caracterizado por el miedo a conducir, es casi el doble que el de hombres, según un estudio del Instituto de Seguridad Vial de la Fundación Mapfre que analiza este síndrome.

En nuestro país, aproximadamente 8,5 millones de personas (el 33% de la población con carné) reconoce tener miedo a conducir en ciertas circunstancias relacionadas con el mal tiempo, la densidad del tráfico, nocturnidad (hay que recordar que, con el cambio de horario, hay menos horas de luz) y en trayectos nuevos, entre otros factores.

No obstante, el número de personas para las que ese miedo es tan grande que les impide conducir, lo que se conoce como ‘amaxofobia incapacitante‘, es menor, de alrededor de 1,5 millones de personas (el 6% del total de conductores). Dentro de este grupo, hay una importante distinción entre hombres y mujeres.

Así, la mayoría de los afectados son mujeres mayores de 40 años que han sufrido o presenciado un accidente de tráfico grave, según los expertos. La amaxofobia también la sufren los hombres, aunque en un porcentaje mucho menor, a una edad más tardía (a partir de los 60 años) y siempre por aspectos relacionados con la limitación de sus capacidades.

Este síndrome suele afectar asimismo a personas que tienen miedo por la falta de control, que son inseguras y que sufren estrés y depresión habitualmente. Personas muy responsables, autoexigentes, perfeccionistas, con necesidad de que alguien se ocupe de ellas, y a quienes les gusta tener todas las variables posibles bajo su control, incluida la conducción.

Este tipo de personas se caracterizan porque a la mínima sensación de riesgo, prefieren no conducir y ponen cualquier excusa para no salir de casa, lo que les convierte en muy dependientes y acostumbradas a cambiar de planes continuamente.

En consecuencia, se sienten frustradas, tristes, impotentes y con la autoestima baja, especialmente porque no entienden por qué sufren este miedo y no saben cómo superarlo. Por el contrario, las personas que afectadas por este trastorno se ven obligadas a ponerse al volante, lo hacen siempre con ansiedad, nerviosismo, taquicardias y sudoración en las manos.

Además, buena parte de los que sufren de amaxofobia tiene el carné de conducir desde hace más de 15 años, no circula con frecuencia y reconoce que comenzó a tener miedo al ponerse al volante a los pocos años de obtener el permiso. También suele presentarse en personas que han dejado de conducir durante un periodo de tiempo y que padecen otras fobias, como miedo a volar o a permanecer en espacios cerrados.

Más de la mitad de los afectados por amaxofobia conduce de forma esporádica, realiza los mismos recorridos y se impone ciertas limitaciones, como no conducir sin acompañante, por autopista o autovía, con mucho tráfico o por la noche.

¿Cómo se trata la amaxofobia?

Al igual que otras fobias, el miedo a conducir también se puede tratar y superar, y el primer paso para hacerlo es reconociéndolo ante familiares y amigos, según señala el director general del Instituto de Seguridad Vial de Fundación Mapfre, Julio Laria, quien subraya que, con el tratamiento adecuado por parte de un psicólogo especializado en fobias, la amaxofobia se supera y estas personas pueden volver a conducir en poco tiempo.

Otros consejos básicos para superar este miedo son: ponerse en manos de un profesor de autoescuela o de familiares para ganar confianza en la conducción y solicitar tratamiento psicológico cuando se sufre un accidente. Recibir la ayuda conveniente para superar el estrés postraumático cuando se ha sufrido, presenciado o perdido a un ser querido en un accidente de tráfico también contribuye a ganar la batalla a la amaxofobia.

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