Lancia Voyager, lo probamos para ti

3 Agosto, 2012, modificada el 26 Marzo, 2013 por

Tras una semana con el Lancia Voyager y habiendo rodado casi 3.000 km a sus mandos, te desgranamos todas sus peculiaridades en esta prueba.

Lancia Voyager, lo probamos para ti33

Se cumplen ya tres años desde que en 2009 Fiat se hiciese con el control del Grupo Chrysler tras su bancarrota, pero me sigue pareciendo extraño ver el escudo de Lancia sobre automóviles del “otro lado del charco”.

El plan de Fiat es aprovecharse de la red de distribución del gigante americano, sacar partido de su tecnología y emplear su nombre para comercializar sus modelos en países donde Lancia no ha gozado del beneplácito de la clientela. Por este motivo, salvo Jeep (que tiene su propia identidad y es una marca en sí misma), las otras firmas del grupo Chrysler (Dodge, Chrysler…) sólo existen en el mercado americano y en el Reino Unido. Para el resto del mundo, sus productos se matriculan bajo la identidad o bien de Fiat (como el Dodge Journey) o de Lancia (como el antiguo Chrysler 300 M, ahora renombrado Lancia Thema). Del mismo modo, modelos europeos como el Lancia Delta se venden en EE.UU. con el emblema de Dodge o de Chrysler.

Lancia Voyager, Chenlo, Rubén Fidalgo33
Las puertas correderas dejan un buen acceso al interior, pero aumentan el peso.

Este preámbulo es simplemente para ponernos en situación sobre el automóvil de esta prueba: el Lancia Voyager. En mi humilde opinión, un Voyager tiene entidad propia, al igual que Jeep, y aunque ya hace 3 años de la compra efectuada por Fiat, lo de Lancia Voyager sigue sonándome raro… Es como si Volkswagen decidiese vender el Golf con el nombre de Seat, ¿te imaginas un Seat Golf?

Lancia es una de las marcas peor tratadas por la historia reciente del automóvil. Desde la durísima campaña que tuvo lugar en Reino Unido a mediados de los años 70, debido a la oxidación que sufrían los Lancia Beta y Gamma, tan sólo el aplastante palmarés cosechado en el Mundial de Rallyes por los míticos Lancia 037, Lancia Stratos y Lancia Delta ha tenido el reconocimiento por parte del público que esta firma se merece. Primera carrocería autoportante, primera suspensión independiente, primer motor fabricado en aleación ligera, primer propulsor V6 en una berlina, primera mecánica en V estrecha… sin lugar a dudas, el coche moderno es como es gracias a muchísimas aportaciones de Lancia.

Y así llegamos a nuestro Lancia Voyager, un monovolumen que ha demostrado su valía y la fidelidad incondicional de su clientela generación tras generación.

Lancia Voyager, una lanzadera espacial en la ciudad

A medida que nos acercamos a este Lancia, nos vamos dando cuenta de su enorme tamaño, que se confirma cuando por fin abrimos la puerta y nos percatamos de que tenemos que encaramarnos a sus asientos.

Lancia Voyager, plazas delanteras, Rubén Fidalgo33
Los asientos delanteros son más grandes que el resto. La consola central podría eliminarse.

La altura de la banqueta hasta el suelo es considerable. El motivo se debe a que el piso del Voyager tiene un doble fondo; aquí se pueden replegar los asientos si no los usamos o si necesitamos espacio para acercarnos a Ikea, por ejemplo.

Una vez dentro de este “apartamento con ruedas”, nos encontramos con unos materiales típicos de los vehículos puramente “made in USA”, con plásticos evidentes que desentonan un poco frente al cuero de los asientos.

La disposición de las 7 plazas es 2+2+3, siendo las delanteras y las de la segunda fila individuales y las traseras, una banqueta corrida. Es una pena que donde más anchura tiene el Lancia Voyager, en la zona central, sólo se disponga de 2 asientos y se dejen 3 plazas para la banqueta trasera, donde los pasos de rueda reducen el espacio disponible. El motivo parece ser el sistema de plegado de los asientos centrales y el mecanismo de las puertas correderas.

La amplitud interior es enorme y tan sólo se puede criticar la “omnipresente” consola central. Con el selector del cambio sobre el salpicadero, carece de sentido tener una consola que impide que, por ejemplo, podamos pasar a los asientos traseros sin salir del coche (imagina que has parado en un área de servicio, quieres atender a los niños y fuera está lloviendo…). Eso sí, todos los mandos quedan bastante a mano y son rápidamente identificables, así que nos ponemos en marcha.

Lancia Voyager, motor, Rubén Fidalgo33
Con 4 cilindros y una enorme cilindrada, el 2.8 CRD tiene un funcionamiento demasiado tosco.

El motor es un 2,8 litros, que se reparten entre 4 enormes “pucheros” (cilindros). Desarrolla más de 160 CV, pero el peso y la transmisión automática del Lancia Voyager hacen que esta cifra parezca menor. El enorme cubicaje para sólo 4 cilindros también propicia un tacto un poco rudo de la mecánica, bastante rumorosa y “saltarina”.

La visibilidad es excelente gracias a las cuadradas formas y a la generosa superficie acristalada. Aunque estamos a bordo de un “barco” de 5 metros de “eslora”, la dirección nos permite maniobrar con cierta facilidad, aunque para aparcar necesitaremos, como mínimo, esos 5 metros de largo (y un poco más); no es tarea fácil encontrar un hueco así en la ciudad.

Una vez en marcha, nos encontramos con el típico tacto de los coches americanos, con suspensiones muy blandas que provocan interminables cabeceos tras cada paso de cebra elevado. No tiene por qué ser necesariamente negativo, teniendo en cuenta el planteamiento de este automóvil. Las ruedas de generoso perfil restan precisión a la dirección, pero de nuevo esto es algo acorde con el tipo de vehículo en el que nos movemos.

Los consumos en ciudad son elevados y es fácil ver cifras de más de 12 l/100 km. La “culpa” la tiene el peso del Voyager y una caja de cambios “a la antigua usanza”, con muchísimo resbalamiento del convertidor de par.

Bienvenido a bordo del Lancia Voyager

Claramente, la ciudad no es su hábitat, debido a sus enormes proporciones. La anchura hace que no puedas salir por las puertas delanteras en la mayoría de las plazas de garaje de los parkings, la longitud nos complica aparcar en hilera y ambas dimensiones lo penalizan “callejeando”. Es como tener un perro San Bernardo en un apartamento.

La cosa cambia cuando salimos a carretera. Por las rectas castellanas, con el control de crucero conectado, la tentación de pasarse a los asientos traseros e ir disfrutando de una película en sus generosas pantallas multimedia es muy grande…

Lancia Voyager, vida a bordo, Rubén Fidalgo33
La vida a bordo del Lancia Voyager es como estar en un salón rodante.

Aquí, las blandas suspensiones y el generoso “balón” de los neumáticos son una ventaja para el confort. Las irregularidades del asfalto pasan completamente inadvertidas en el interior del Voyager, que hace honor a su nombre: es un perfecto viajero.

Mientras estemos en zonas llanas, la caja de cambios no tendrá demasiado trabajo y conseguiremos movernos con unos consumos de 9 l/100 km a 120 km/h. El problema empieza al llegar a una cuesta. Aquí, la transmisión “se obsesiona” con ir en la marcha más larga posible, así se lo han dicho en su software. Esto hace que, con el control de crucero a 120 km/h, empecemos a perder velocidad, ya que vamos en sexta. El cambio reacciona y baja una o dos marchas, acelera, recupera el ritmo y, en lugar de quedarse en quinta, vuelve a poner la relación más larga. La consecuencia es una pérdida de confort y un aumento del gasto de carburante. La solución: pasar a modo manual y dejar la marcha que toque durante toda la subida.

Lancia Voyager, luz de cortesía, Rubén Fidalgo33
La luz de cortesía del Voyager es muy intensa.

A la hora de bajar los puertos por la autovía, tendremos el mismo problema. El cambio siempre busca ir en la relación más larga, pero, en sexta, el freno motor no es capaz de contener la energía potencial del Voyager y, aunque hayamos puesto el control de crucero a 120 km/h, poco a poco la inercia hará que ganemos velocidad. Si tocas el freno, el mencionado control de crucero se desconecta, así que toca volver a bajar una marcha en algunas rampas de mayor pendiente.

Ya que hablamos de los frenos, debo decir que no hay reproche posible. Aguantan bien el trabajo, tienen buen tacto y retienen el vehículo de forma contundente, si es preciso.

Lancia Voyager, Chenlo, Rubén Fidalgo33
El balanceo no es muy acusado, pero la deriva sí es generosa. Las curvas no son su ambiente natural.

Si nos salimos de las vías principales y nos adentramos con la familia en paisajes preciosos, pero por carreteras serpenteantes, las blandas suspensiones y el comportamiento de la caja de cambios nos harán ir a ritmo de paseo. Ojo, la adherencia es muy buena y podremos ir muy rápido con el Lancia Voyager, pero a costa de destrozar los neumáticos y “desparramar” a nuestros acompañantes por el enorme habitáculo. De nuevo, no es su hábitat.

En este tipo de rutas, deberás tener en cuenta un detalle: si a bordo viaja alguien propenso al mareo, no dejes que se ponga en la banqueta trasera, debe ir en la fila central. El motivo es que el Voyager tiene una distancia entre ejes muy grande y la última fila de asientos va sobre las ruedas posteriores; aquí se acusan más los vaivenes en los giros. Esto hace que los mareos aparezcan rápidamente en algunas personas. Afortunadamente, podremos abrir con un mando las ventanas traseras de tipo compás para airear un poco en la última fila.

Lancia Voyager, modularidad relativa

El sistema de climatización es bastante potente. Es capaz de caldear y refrigerar el enorme habitáculo del Voyager y cuenta con numerosas salidas de ventilación para todas las plazas.

Con las 3 filas de asientos desplegadas, el maletero disponible es relativamente amplio, gracias a su gran profundidad, pero deberemos sujetar las maletas como en una especie de torre de Lego, verticalmente.

Lancia Voyager, plegado de asientos, Rubén Fidalgo33
El mecanismo de plegado es sencillo pero algo brusco de accionamiento.

Su configuración 2+2+3 hace que, si vamos a viajar  con 5 pasajeros, perdamos la posibilidad de ampliar el maletero: aunque pleguemos las plazas centrales, el reglamento prohíbe llevar el equipaje entre los asientos delanteros y los traseros (por motivos evidentes de seguridad en caso de impacto). Así, tendremos el mismo maletero con 5 ocupantes que con 7. Si viajamos 4, entonces sí podremos ocultar la última fila de asientos y contaremos con un espacio de carga digno de un guardamuebles.

En esta ocasión, no he creído oportuno meter el Lancia Voyager en el circuito. Debido a su tamaño y peso, lo único que conseguiría sería destrozar los neumáticos para llegar a una conclusión que ya he percibido a lo largo del viaje: es un coche diseñado para viajar por autovías rectas y llanas, como las que abundan donde viven los ingenieros que lo han diseñado. Para desplazarse con un confort absoluto horas y horas a 55 mph (unos 90 km/h) sin la menor fatiga. En nuestras carreteras, está un poco como pez fuera del agua, aunque hay que decir que frena muy bien y que, gracias a su ancho de vías, generosa distancia entre ejes y el correcto tarado de su ESP, podremos salvarnos de algún susto sin mayores consecuencias.

Conclusión

La “moraleja” que me ha quedado clara tras una semana de convivencia y casi 3.000 km recorridos con este vehículo es que, sin duda, dejará plenamente satisfechos a aquellos clientes que vayan buscando un Voyager, pero  quizá decepcione un poco a los que quieran un Lancia.

Quien necesite un automóvil amplio, posea una gran plaza de garaje y le guste viajar en una mecedora (dicho en el buen sentido, ya que se trata de un coche muy cómodo), lo tiene fácil: el Lancia Voyager debería ser su elección, aunque echará de menos algunos detalles que lo sumerjan en un mundo más lujoso y distintivo, esa exclusividad que la marca italiana quiere cuidar.

Lancia Voyager, portón trasero, Rubén Fidalgo33
Lancia y Voyager, resulta una extraña combinación.

Frente a otros modelos como Seat Alhambra, Renault Espace, etc., el Voyager carece de sus múltiples posibilidades de configuración del habitáculo y tiene el hándicap de contar con una única motorización y acabado (sus contrincantes ofrecen versiones más básicas en cuanto a equipamiento, pero mucho más accesibles). El Lancia Voyager sólo está disponible con una dotación que incluye cuero, climatizador de tres zonas y una motorización 2.8 turbodiésel con cambio automático. Así, su precio se sitúa claramente por encima de los 40.000 euros, lo que puede dejarlo “fuera de la partida” para algunos posibles compradores de este tipo de vehículos.

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Rubén Fidalgo

4 Comentarios

nico 3 Agosto, 2012

Para largos viajes me encanto el voyager. Como bien dices tiene una identidad propia. Pero por lo que comentas siguen sin resolver el tema del consumo que me parecio demasiado alto en la versión que probe.
Para los niños es muy confortable.

Rubén Fidalgo 3 Agosto, 2012

Muchas gracias por tu comentario. Efectivamente el Voyager tiene su propia genética. El problema del consumo es difícil de solucionar en un coche de este tamaño y peso. Tal vez con las nuevas cajas de cambios de 8 y 9 relaciones que te anunciamos aquí mejore el consumo https://www.autocasion.com/actualidad/novedades/110407/chrysler-producira-cajas-de-cambio-de-8-y-9-relaciones-para-reducir-el-consumo/

Alejandro Andres 26 Agosto, 2016

Buenas, tengo una Grand Voyager V, última generación antes de que cambiará a Lancia, básicamente el mismo coche. Quiero aportar que con una simple reprogramacion de centralita hecha por un bien experto he solucionado quizá la que para mí era la única pega que tiene este coche, y es que es muy perezoso y gaston. Ahora va mucho más fino,y con una respuesta instantanea. Quiero decir con esto que a veces a un coche se le pueden mejorar sus cualidades de forma sencilla. El consumo ha bajado algo de los 10, también ha mejorado pero proporcionalmente mucho menos que la respuesta. La suspensión es blandita pero creo que en un coche para viajar debe primar la comodidad. Ya para terminar, la consola central coincido en que es algo incómoda pero al menos en la voyager se puede quitar. En el Lancia no se. Saludos.

Rubén Fidalgo 27 Agosto, 2016

Hola Alejandro, muchas gracias por aportarnos toda esta información. Un saludo.

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