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La unidad que despide al Rolls-Royce Phantom VII

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02 de febrero, 2017

La séptima generación del Rolls-Royce Phantom se despide con una especial versión destinada a un afamado coleccionista; sus motivos oceánicos son protagonistas. ¿Quieres ver cómo es? Sigue leyendo...

Si piensas en coches de lujo, te invadirán la mente diferentes marcas y multitud modelos de cantidades desorbitadas de dinero. Y, en efecto, la gran mayoría -si no todos- de los coches en los que pensaste son auténticas joyas del lujo y la automoción. Sin embargo, el cerebro humano te habrá llevado a pensar de forma rauda y automática en una dama alada que vive los vientos sobre la parrilla frontal de sus modelos.

En efecto, Rolls-Royce es a la suntuosidad como el Everest, a los macizos. Desde Gran Bretaña llaman El espíritu del Éxtasis a la figura de esa gran mujer que despliega sus alas como para elevarse y perderse en el horizonte. De lo que no hay duda es de que tener y conducir una serie de las producidas en la planta de Goodwood provoca -o debe provocar, mejor dicho- un gran éxtasis y delirio.

Pues esta magnificencia de la que hablamos, hoy muere un poquito. El Rolls Phantom VII, tal y como lo conocemos actualmente, la séptima generación de esta maravilla con tanta historia, se despide a la espera del nacimiento de una nueva era. Más de una década después de su lanzamiento -en enero de 2003 cuando cogió los mandos de la casa británica el Grupo BMW- se cierra una prole que ha suscitado gran cantidad de orgullo en constructores y clientes. Es muy triste, sí. Pero sonreíd, porque esta última generación no se podía ir de otra manera que como lo hace: por la puerta grande. A hombros. Con una edición muy especial. El modelo más lujoso de la marca sale de la línea de producción con una última unidad destinada a un reconocido coleccionista -probablemente, dromomaníaco-.

La unidad especial que despide la séptima generación del Phantom

Último Rolls-Royce Phantom VII.

Las especificaciones de esta unidad son una obra de un espectacular trabajo artesanal. El tema náutico invade los detalles de este concluyente vehículo. La madera del salpicadero cuenta con motivos oceánicos de principios del pasado siglo: la proa de un transatlántico y una representación cartográfica de la superficie de la Tierra. Las costuras están confeccionadas de tal modo que evocan la ondulación del agua. El bisel del característico reloj incrustado en la consola central puede girarse para reflejar 24 zonas horarias diferentes.

El habitáculo trasero ofrece una completa independencia -está separado de las plazas delanteras por un marco- y gran espaciosidad debido, en buena parte, a que se trata de una versión de carrocería larga. La pintura negra y las llantas de nueve radios con acabado de antracita y una línea pintada en los neumáticos le otorgan la elegancia propia de Rolls-Royce en su diseño exterior. Si a eso le sumamos el lujo interior inherente de la marca y los rasgos especiales expuestos antes, fructifica en una de las mejores unidades del modelo.

Tras esta última construcción, la planta de Goodwood espera la producción de la octava generación del Phantom, que estará basada en una nueva plataforma de aluminio compartida con el Proyecto Cullinan, el primer SUV de Rolls-Royce. Será difícil mejorar esta última generación, pero si algo sabe la compañía del Reino Unido es superarse al fabricar coches.

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