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Fabricantes vs Eurocámara: la guerra de las emisiones

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04 de octubre, 2018

La Eurocámara propone reducir las emisiones de CO2 de las gamas de los fabricantes de automóviles en un 40% en 2030, un objetivo que los fabricantes de automóviles consideran poco realista en el plazo propuesto.

Mientras que el pleno del Parlamento Europeo propone establecer un objetivo de reducción de emisiones de CO2 de turismos nuevos del 20% en 2025 y del 40% para 2030, la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA) considera que el objetivo es poco realista en un plazo tan breve, y eso que dicho objetivo (aprobado con 389 votos a favor, 239 en contra y 41 abstenciones) es inferior al que reclamaba la comisión de Medio Ambiente de la Eurocámara, que recomendaba una reducción del 45%.

Aquellos fabricantes que no lleguen a los niveles propuestos por la Eurocámara serán multados por la Unión Europea. La idea es que con esos fondos recaudados sean empleados en formación para reconvertir a los trabajadores que perderán sus empleos con esta transición en la movilidad.

Además de tener que reducir las emisiones contaminantes de los motores a base de mejorar su rendimiento y el tratamiento de los gases de escape, la propuesta de la Eurocámara establece que los fabricantes deberán establecer estrategias comerciales para que en 2025 las ventas de modelos con emisiones de menos de 50 g/km de CO2 supongan como mínimo el 20% de sus gamas, llegando al 35% en 2030.

Nuevas herramientas para medir las emisiones

Esta reducción en las emisiones de los vehículos nuevos exige un mayor control por parte de las autoridades, que se han fijado un plazo de dos años para establecer las nuevas técnicas para medir las emisiones de CO2 en condiciones reales de conducción mediante un dispositivo portátil similar al que se ha introducido recientemente para controlar los óxidos de nitrógeno (NOx).

Del mismo modo, ha reclamado a Bruselas una legislación antes de que termine este año que permita a los consumidores conocer con claridad las cifras de consumo de combustible y emisiones de CO2, así como otros gases contaminantes.

Todo esto es por ahora una propuesta y a partir del 9 de octubre se abre un plazo de negociación que se prevé que sea complicado. Para empezar, la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA) ya ha expresado sus graves preocupaciones por el resultado del voto en la Eurocámara, en especial por los objetivos de reducción de emisiones extremadamente agresivos y la imposición de cuotas de ventas de vehículos con baterías eléctricas.

Según el secretario general de ACEA, Erik Jonnaert: «No hay garantías de que contemos con la infraestructura para facilitar esta repentina transición a la elctromovilidad».

Concretamente, Jonnaert señala la falta de infraestructura de recarga de coches eléctricos, así como la falta de armonización entre los incentivos que ofrece cada país europeo. «Los consumidores no pueden ser forzados a comprar vehículos eléctricos sin la infraestructura de incentivos necesaria«, insiste.

Esta propuesta de reducción de emisiones, que es más del doble que la que Acea ha venido proponiendo (del 7% para 2025 y del 16% para 2030), se trata todavía de la posición del Parlamento Europeo de cara a las negociaciones que debe mantener con los Estados miembros, quienes todavía deben aprobar sus líneas rojas en la reunión de ministros de Medio Ambiente que tendrá lugar el próximo martes, 9 octubre.

«Solo podemos esperar que los gobiernos nacionales traigan algo de realismo a la mesa cuando adopten una posición común en los futuros objetivos de CO2 la semana que viene«, ha confiado Jonnaert, que ha vuelto a incidir en el peligro para los empleos de este plan.

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