Google y la regulación del coche autónomo

Google y la regulación del coche autónomo

A estas alturas nadie duda que la tecnología que permitirá que los coches conduzcan solos en un futuro más cercano de lo que pensamos ya existe y funciona. El mayor escoyo en este momento está en el marco que debe regular y legislar su desarrollo, algo en lo que Google tiene mucho que decir.

La era del coche autónomo es una realidad imparable. Por un lado, los fabricantes de componentes están deseando vender sus dispositivos y ganar miles de millones de euros, así que por su parte, la carrera es imparable y “a toda máquina”. Por otro, las marcas de automóviles quieren apuntarse el tanto de ser pioneras en un momento en el que parece que la imaginación en cuanto a diseño y las limitaciones que el tráfico y las autoridades imponen a las prestaciones limitan mucho su margen de maniobra para presentar productos realmente novedosos.

En medio de este panorama está la lentitud con la que las autoridades legisladoras actúan siempre, varios pasos por detrás de lo que la tecnología y la sociedad demandan. Hace no mucho sucedió algo similar con los sistemas de iluminación de los coches, hubo que cambiar determinados apartados del código de circulación para permitir que se comercializasen coches con faros de xenón o direccionales.

El coche autónomo plantea multitud de situaciones que, con la legislación vigente, serían paradojas que nos dejarían en una situación de “alegalidad”, tanto en las normas de circulación en sí mismas como en las características que debe tener un coche para poder ser homologado y, por lo tanto, matriculado. Por ejemplo, ¿sería necesario que un coche autónomo tuviese volante?, ¿se podría multar a un conductor que va mandando mensajes?¿necesitarán faros los coches o gracias a sus sistemas de visión artificial serían más eficaces con otro tipo de iluminación?…

Por encima de todas estas consideraciones están también las morales y legales en caso de accidente. Si el coche está conduciendo de manera autónoma- y no hay un fallo técnico- puede que un accidente sea algo premeditado, ya que tras analizar la situación, el coche podría interpretar que ese accidente es el menor de los males. Según esto, un accidente con muertos dejaría de ser una imprudencia o un homicidio involuntario, sería un asesinato premeditado, aunque por una máquina, del mismo modo que si el coche pisa una línea continua no estaría claro a quién hay que sancionar: al conductor por no supervisar la conducción autónoma de su coche, al fabricante del vehículo por la imperfección de los sistemas de detección del carril, a la autoridad responsable del mantenimiento de las carreteras por permitir su deterioro?…

La discusión está servida y las discrepancias también. En EE.UU., que es donde más se están desarrollando estas tecnologías gracias a la colaboración que están brindando las autoridades de algunos estados, ya hay quienes opinan que los coches deberían montar un volante y los que no, los que consideran que el conductor debe supervisar la conducción y ser el responsable en todo momento de las consecuencias legales en caso de ifracción o accidente, etc.

Para empezar, en los EE.UU ya han tomado la decisión de registrar a los coches autónomos exactamente igual que si se tratasen de coductores humanos y, además se han clasificado los coches en 4 niveles que van del L0 al L4. Un coche L0 sería aquel que no dispusiera de ningún sistema de asistencia a la conducción cómo el de pérdida de carril, conducción en atascos, etc. Mientras que el L4 sería un vehículo completamente autónomo en el cual el conductor no podría asumir nunca el control de la conducción. El siguiente escalón estaría en el L3, aquellos coches que, siendo principalmente autónomos, podrían permitir que el conductor tomase el mando en determinadas situaciones.

La mayoría de las personas a las que se les ha encuestado han encontrado que el nivel más apropiado es el L3, sin embargo, este nivel no sería útil para que, por ejemplo, personas invidentes o con minusvalías pudiesen contar con un medio de transporte privado y unipersonal, para los que el nivel L4 es el único que realmente aportaría una solución a sus necesidades.

Por supuesto, no hay una solución ideal y, además, habrá un período de transición en el que deberán convivir vehículos convencionales y autónomos.

En medio de todo este panorama Google se postula como uno de los principales impulsores para crear una serie de reglas básicas gracias a al experiencia que está adquiriendo en los ensayos con el Google Car autónomo.

Todo apunta a que, al menos en una primera fase de “convivencia autónomos vs humanos“, se establezcan una serie de vías y condiciones en las que poder circular en modo autónomo, carriles de acceso restringido sólo a este tipo de vehículos, etc.

En definitiva, una vez que se ha llegado a un nivel de desarrollo tecnológico suficiente, está más claro que nunca que los límites los fijan agentes externos a lo que es la propia conducción autónoma.

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