Fórmula BMW Experience

El Programa Fórmula BMW Experience permite vivir las intensas sensaciones –y las dificultades– de manejar un monoplaza de competición.

El Programa Fórmula BMW Experience permite vivir las intensas sensaciones –y las dificultades– de manejar un monoplaza de competición.




Quien más, quien menos, sabe lo que siente un futbolista porque, ¿quién no ha pegado una patada a un balón o ha jugado un partido de fútbol en su vida? Pero sentirse cercano a un piloto de carreras no está al alcance de cualquiera. El Programa Fórmula BMW Experience permite vivir las intensas sensaciones –y las dificultades– de manejar un monoplaza de competición.


Motor 16 tuvo la oportunidad disfrutar el mismo curso de pilotaje que podrán llevar a cabo quienes deseen pilotar el coche que BMW utiliza como base para formar y lanzar talentos. Pilotos como Nico Rosberg, por ejemplo, echaron los dientes en la Fórmula BMW. Y Nigel Mansell eligió este campeonato para que sus hijos iniciaran su carrera deportiva con un monoplaza perfecto como escuela de competición. Montmeló nos sirvió de escenario, pero este programa tendrá presencia en otros trazados españoles a lo largo de todo el año.

Tutelado por monitores profesionales, en nuestro caso tuvimos la magnífica oportunidad de contar con Javier Villa, piloto de GP2 del equipo español Racing Engineering. El asturiano nos ofreció sus lecciones y consejos frescos tras la carrera de Mónaco. El objetivo del curso busca adaptar gradualmente a los alumnos a las sensaciones y funcionamiento del coche, tanto con el rodaje en pista como con las lecciones de comportamiento y trazada del monoplaza. Después de recibir el equipamiento apropiado, empezamos con una introducción previa a todo el panel de instrumentación del coche, su uso, y la posición idónea a bordo del mismo. Una vez asimilada la teoría inicial, llega la primera práctica.

A lo largo de la recta del circuito, y utilizando también la de boxes, se rueda tras el coche de seguridad para adaptarnos a la aceleración y el cambio secuencial accionado con la tradicional leva a la derecha. Aunque sencillo, este ejercicio evitará a muchos el casi inevitable «lío» que se provoca cuando es necesario asimilar a la vez todas las sensaciones que proporciona un monoplaza. De nuevo subiremos a la «clase» para recibir más instrucciones sobre trazadas, puntos de frenada, momento de aceleración, etc… En una segunda visita a la pista, un coche de seguridad nos permitirá a continuación aplicar «a cámara lenta» todo lo escuchado, ya que un monitor recorre el circuito con el grupo de monoplazas a su estela, a velocidad moderada, con el objetivo de mostrar las líneas de trazada adecuada.

En nuestro caso, recorríamos el circuito corto de Montmeló. El día transcurre entre pausas para comentar la «jugada» con nuestros acompañantes, la comida, y más lecciones técnicas. Por la tarde, llega el momento más esperado por todos. Los «polluelos» de piloto serán invitados a volar solos, y rodar en solitario durante más de media hora. Es entonces cuando se agradece la progresiva toma de contacto con el Fórmula BMW porque, al recibir la luz verde, uno se lanza a la pista con ganas de derrochar adrenalina. Y se confirma que rodar con un monoplaza de competición es divertido, estimulante y adictivo, pero también requiere respeto y atención. La relación «espacio-tiempo » del ritmo que queremos imprimir varía todas nuestras referencias previas.

Todo sucede muy deprisa, nuestros sentidos –y el cerebro– tienen que adaptarse a los límites que queremos superar vuelta a vuelta: una frenada más intensa y cercana a la curva, una aceleración más rápida y anticipada que no ha de superar el límite de adherencia… Una conducción y unas reacciones, en definitiva, que en nada se parecen a las que vivimos cada día. El tacto de la dirección, de la frenada, el paso por curva, todo es diferente a la conducción cotidiana, como es lógico. El monoplaza es noble, ligero y rápido.

En sus ajustes más «finos» supera los 200 km/h. Hablamos de 140 caballos para tan sólo 455 kilos de peso, en un coche con una auténtico monocasco de fibra de carbono, que realiza el 0-100 km/h en cuatro segundos. Tanto por diversión –asegurada– como por aprendizaje de conducción, el Programa Formula BMW Experience se convierte precisamente en esto, en una experiencia, además inolvidable. Y si nos hacemos la foto enfundados en nuestro equipo de piloto, junto al monoplaza, y la repartimos a nuestros amigos, de paso también podremos presumir. Aunque no hayamos logrado la vuelta rápida.

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