Estudio entre accidentados

En la muestra elegida, 16 varones padecieron un accidente por su culpa y los 9 restantes por el comportamiento incorrecto de otro hombre en la carretera, por lo que en ninguno de los 25 casos fue una mujer la que provocó el siniestro. En cambio, en el caso de las 9 féminas accidentadas, sólo 2 fueron responsables directas de lo que les ocurrió, 6 fueron víctimas de un conductor varón y sólo una sufrió un siniestro causado por otra mujer.

En la muestra elegida, 16 varones padecieron un accidente por su culpa y los 9 restantes por el comportamiento incorrecto de otro hombre en la carretera, por lo que en ninguno de los 25 casos fue una mujer la que provocó el siniestro. En cambio, en el caso de las 9 féminas accidentadas, sólo 2 fueron responsables directas de lo que les ocurrió, 6 fueron víctimas de un conductor varón y sólo una sufrió un siniestro causado por otra mujer.




En un accidente de tráfico intervienen factores determinantes, como la edad, la velocidad, el tipo de carretera y, por supuesto, el sexo. No es fácil probar hasta qué punto puede influir el hecho de ser varón o mujer, aunque un estudio elaborado en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo pone de relieve que la tasa de accidentalidad de los hombres es cuatro veces mayor que la de las mujeres. La baja percepción del riesgo, la agresividad o el exhibicionismo están detrás de esta realidad.


Quienes se afanan por dilucidar si conducen mejor las mujeres o los varones tienen ahora nuevos argumentos para añadir al eterno debate donde unos y otros, a menudo animados por la publicidad, procuran convencer con sus razonamientos respecto a qué sexo maneja mejor un automóvil. El estudio hecho en el hospital de Toledo, centro de referencia en el tratamiento de personas con graves problemas de movilidad ocasionados fundamentalmente por accidentes de toda clase, viene a dar la razón a aquellos que sostienen que las féminas se comportan de un modo más responsable cuando se sientan al volante. O, por lo menos, tienen más cuidado cuando llevan entre sus manos un automóvil y piensan más en las consecuencias negativas que puede suponerles una actitud contraria a las normas de circulación.

Esto es así porque algunas variables, como las conductas de autocuidado, la baja percepción del riesgo, la competitividad, el exhibicionismo o la agresividad están asociadas en mayor medida al sexo masculino. Así lo ha constatado el psicólogo Pedro Adrados Vázquez, colaborador del Centro de Estudios sobre la Condición Masculina, que ha pretendido esclarecer si los elementos psicosociales que determinan la identidad-subjetividad masculina hacen de ésta un factor de riesgo en la implicación en un accidente. «Los accidentes de tráfico también tienen género, aunque este aspecto no es considerado en muchas ocasiones por las estadísticas», explica Adrados, quien matiza que en las cifras presentadas por la DGT o asociaciones se habla de implicados, pero no de responsables.

De ahí que en este trabajo se haya elegido una muestra con un solo criterio: pacientes con lesión medular causada por un siniestro de tráfico. En coordinación con los profesionales de los servicios de Psiquiatría y Psicología del Hospital de Parapléjicos de Toledo se ha estudiado a 34 personas; 25 varones (73 por ciento) y 9 mujeres (27 por ciento), para guardar un cierto paralelismo con las cifras oficiales, que arrojan una relación hombre-mujer de 78 a 22. Los detractores de esta hipótesis subrayan que ese porcentaje no puede tomarse como punto de partida, porque los varones utilizan más el coche, pero el autor del informe replica que, incluso entre 1.000 conductores, la mitad de cada sexo, la tasa de accidentalidad es 4 veces mayor entre varones.

«Además, hay un dato que las estadísticas no recogen y puede ser extraído de esta investigación: el número de mujeres y hombres accidentados que lo son por culpa propia o por culpa de otro conductor», agrega Pedro Adrados, para recalcar que cuando Tráfico se refiere a las víctimas no valora si esa persona ha sufrido un siniestro por su conducta negligente o bien por la responsabilidad de otro usuario. En la muestra elegida, 16 varones padecieron un accidente por su culpa y los 9 restantes por el comportamiento incorrecto de otro hombre en la carretera, por lo que en ninguno de los 25 casos fue una mujer la que provocó el siniestro. En cambio, en el caso de las 9 féminas accidentadas, sólo 2 fueron responsables directas de lo que les ocurrió, 6 fueron víctimas de un conductor varón y sólo una sufrió un siniestro causado por otra mujer.

Así pues, de esos 34 parapléjicos irreversibles, sólo 3 mujeres fueron responsables de la lesión medular causada, frente a los 31 casos restantes en los que un varón fue el causante de la condena de vivir en una silla de ruedas. «Es evidente que en un mundo gobernado por hombres no interesa decir que el 78 por ciento de los varones causa accidentes», explica Adrados, que señala que el valor de la prospección hecha en Toledo está, sobre todo, en que cambia la información que aportan instancias empeñadas en no mostrar las diferencias por sexos.

El estudio también sirve para recalcar una conclusión palmaria y muy significativa en relación a la variable género de los accidentes: la masculinidad como factor de riesgo. A juicio del investigador, habría que elaborar un perfil de riesgo del varón respecto a las variables psicosociales que marcan la identidad masculina. De esta manera, se podría combatir con más eficacia la temeridad, derivada de una menor percepción del riesgo o el escaso cuidado de la vida propia. Otros factores ínsitos del carácter masculino, que podrían matizarse, son la sensación de omnipotencia, la búsqueda de sensaciones diferentes, la tendencia a la demostración o la autosuficiencia, que en realidad explican una actitud a menudo violenta y vulneradora de las normas que, a menudo, termina en un percance de efectos desastrosos.

No obstante, como explica el psicólogo, la investigación no ha hecho sino comenzar y el objetivo es «mirar con la lupa de la perspectiva de género » para comprender que hombres y mujeres somos personas que no nos podemos sustraer a la educación recibida. «Seguirá ocurriendo así mientras al varón se le premien conductas como la virilidad o la valentía desde pequeño, algo que no sucede con las féminas», concluye Adrados.

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