Noticia

¿Es eficaz bajar a 70 km/h el límite de velocidad en Madrid?

5 fotos

Ampliar

13 de noviembre, 2015

No son pocas las teorías que ponen en duda si la reducción de la velocidad máxima permitida en el principal cinturón de Madrid es una medida eficaz para reducir la contaminación. Analizamos los motivos por los que es probable que esta medida no sea la ideal.

La primera medida tomada para tratar de contener el problema de los elevados índices de NO2 en Madrid–  reducir la velocidad máxima permitida en las principales arterias de la capital- no está exenta de dudas por parte de varias asociaciones, entre ellas la ATUC.

Existen varios motivos para pensar que esta medida no es eficaz, por ejemplo:

1.- La velocidad real es menor incluso a los 70 km/h: en efecto, en los momentos de mayor tráfico, la velocidad máxima a la que pueden circular los vehículos es claramente menor debido a los embotellamientos. De hecho, la velocidad media en hora punta en la M-30 está por debajo de los 40 km/h, justo en los momentos en los que más emisiones se producen. Sólo en las franjas horarias en las que el tráfico es fluido (cada vez menores) la velocidad media del tráfico en la M-30 llega a los 84 km/h, coincidiendo también con los intervalos en los que menos emisiones se producen, precisamente porque el tráfico es menor. De esto se desprende que esta medida prácticamente no reduce las emisiones diarias.

2.- Teoría de colas: existen teorías que afirman que reducir la velocidad del tráfico en una zona provoca una mayor concentración del tráfico y, por lo tanto, mayores emisiones contaminantes. Si la cantidad de vehículos que pretenden acceder a un anillo como la M-30 es la misma y en los accesos a ella la velocidad máxima permitida está entre los 90 y los 120 km/h, al reducir la velocidad a 70 km/h en la vía a la que se accede, se produce un cuello de botella que aumenta la densidad del tráfico en ella. Esto produce una mayor concentración de emisiones por sí mismo, pero, además, aumenta el riesgo de formación de atascos, lo que incrementa todavía más las emisiones.

Reducir la velocidad en el interior sin reducir la velocidad en los accesos provoca cuellos de botella.

5 fotos

Ampliar

3.- Peor rendimiento de los sistemas anticontaminantes de los coches: la principal fuente de emisiones de NO2 son los vehículos con motores diésel. En ellos se instalan 3 dispositivos para reducir en lo posible estos productos tóxicos. Por un lado está el filtro anti partículas, que se encarga de atrapar la ceniza que se produce en la combustión. Por otro está el catalizador o trampa NOx, que debe hacer reaccionar las moléculas de NOx para hacerlas inocuas. Por último (y sólo en los turismos matriculados a partir de septiembre con la entrada en vigor de la norma Euro 6) está el sistema AdBlue con urea para reducir aun más estas emisiones. Estos dispositivos necesitan trabajar a una temperatura de funcionamiento relativamente elevada para que las reacciones químicas que tienen lugar en su interior se produzcan. En sexta velocidad un coche diésel medio apenas supera las 1.300 rpm circulando a 70 km/h, un régimen de giro en el que ni la temperatura ni la presión en el tubo de escape permite que estos sistemas trabajen de forma eficaz, especialmente el filtro anti partículas, que, además, puede sufrir averías al no poder regenerarse.

4.- Diferencias mínimas de consumo: la realidad es que las diferencias de consumo entre circular a una velocidad sostenida de 70 km/h o a 90 km/h es mínima. El mayor enemigo del coche para aumentar su velocidad es la resistencia aerodinámica y ésta aumenta de manera exponencial, no lineal. Para entenderlo de un modo gráfico, cualquier coche con un motor de 60 CV es capaz de superar los 100 km/h. Si la resistencia aerodinámica fuese lineal, bastaría con un motor de 180 CV para superar los 300 km/h. Sin embargo, para superar esa velocidad máxima son necesarias potencias por encima de los 450 CV o carrocerías con aerodinámicas muy eficaces. El consumo a 70 km/h y a 90 km/h apenas difiere. Las mayores desviaciones aparecen por encima de los 100 km/h debido al incremento exponencial de la resistencia con el aire. Por otro lado, existe la posibilidad de que incluso el consumo a 90 km/h sea menor en determinados vehículos en los que, por los desarrollos de sus cajas de cambio, no pueden emplear la marcha más larga a esa velocidad, de modo que circulan a un régimen de revoluciones mayor a 70 km/h que a 90 km/h, lo cual incrementa el consumo a igualdad de carga.

Comparte este artículo:

Comentarios

* He leído la Política de privacidad

Síguenos en las redes

Aquí está tu coche