El toro de Osborne está de aniversario

8 marzo, 2018 por

Es uno de los símbolos más representativos de las carreteras españolas y la única valla publicitaria que se salvó de la ley que prohíbe el montar carteles publicitarios que puedan distraer a los conductores fuera de las vías urbanas. Ésta es su historia, que cumple ahora 60 años.

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Aunque el primer “prototipo” de esta silueta que se ha vuelto un icono de las carreteras españolas se creó en 1957 en Cabanillas (Madrid), la implantación de estas vallas publicitarias por toda la red nacional comenzó en 1958. El primer “Toro de Osborne” se instaló en el km 55 de la N-I en el municipio madrileño de Cabanillas de la Sierra y sopla ya nada menos que sesenta velas.

Este primer toro estaba construido con tablones de madera y medía 4 metros de alto y fue todo un semental, logrando que sólo en un año ya hubiese más de 15 ejemplares instalados en distintas carreteras nacionales y llegando a superar los 500 carteles en los años sesenta. Estamos en los años del boom del turismo en España, y el instalar estos toros publicitarios en las diferentes vías de comunicación fue todo un acierto. Además, la ubicación de estas singulares siluetas estaba muy bien estudiada, siempre en zonas elevadas y visibles desde varios kilómetros.

Tráfico obligó a la compañía a alejar más los toros de las carreteras para reducir las distracciones de los conductores y la compañía acató la orden haciéndolos más grandes (hasta 15 metros de altura) y visibles desde todavía más distancia, aunque, eso sí, apartados de los bordes de la calzada.

El toro de Osborne: publicidad o paisaje

La genial silueta que corona muchos de los cerros cercanos a las principales carreteras nacionales fue obra del diseñador andaluz Manolo Prieto y ha demostrado ser una verdadera obra maestra. Una de sus singularidades es que se ve por ambas caras y que es fácilmente identificable. Todo el mundo sabe a qué marca representa aunque no la tenga explícitamente escrita sobre su piel.

Precísamente ése fue el motivo por el que estuvo a punto de ser arrancado de todos sus emplazamientos en 1997. En los años noventa se consideró que las vallas publicitarias en los márgenes de las carreteras españolas suponían una distracción para los conductores y se prohibieron aquellas que estaban fuera de los núcleos urbanos.

El toro de Osborne se salvó de la quema porque borraron de él las letras de Osborne y, al no tener ningún tipo de publicidad en él, se interpretó que se trataba de una silueta que formaba parte del paisaje. Sin embargo, en 1994 se le impuso una multa de un millón de pesetas (6.000 euros) aludiendo que, pese a no tener publicidad escrita sobre él, todo el mundo identificaba esa silueta con la popular marca, como la manzana de Apple. En 1997 una sentencia indultó al toro afirmando que ” “superado su inicial sentido publicitario y se ha integrado en el paisaje”, y considerar que debe prevalecer, como causa que justifica su conservación, “el interés estético o cultural que la colectividad ha atribuido a la esfinge del Toro”.  Esto lo llevó incluso a ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Andalucía.

De los más de 500 toros repartidos por toda la geografía española, en la actualidad sólo quedan 88 ejemplares. El de la imagen que ves encabezando el artículo está en la N-VI en el término de Labajos.

 

 

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Rubén Fidalgo

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