El otro rally Dakar

Tres décadas de Rally Dakar han hecho del desierto un escenario con el que sueñan adictos al motor y aficioandos al "off road". Viajar en todoterreno por Marruecos es una experiencia recomendable y segura, capaz de suministrarnos, por menos dinero del que pensamos, emociones y experiencias muy alejadas de las habituales en nuestra "tecnológica" Europa, y próximas a las vividas por los participantes en la dura prueba africana.

Tres décadas de Rally Dakar han hecho del desierto un escenario con el que sueñan adictos al motor y aficioandos al “off road”. Viajar en todoterreno por Marruecos es una experiencia recomendable y segura, capaz de suministrarnos, por menos dinero del que pensamos, emociones y experiencias muy alejadas de las habituales en nuestra “tecnológica” Europa, y próximas a las vividas por los participantes en la dura prueba africana.



La suspensión del Rally Lisboa-Dakar, un mal precedente para el futuro de la carrera, ha dado un significado especial al viaje que Motor 16 realizó hace días, a caballo entre el pasado 2007 y este 2008, y que discurría por algunos de los lugares que la prueba automovilística visitaba cada año a su paso por el reino alauí.


Marruecos suena a lejano, aunque es nuestro vecino del sur y resulta una tentación inevitable para quienes busquen nuevas experiencias, porque encierra el encanto que caracteriza a todo el continente africano, pero queda «a tiro de piedra» y goza de suficientes infraestructuras. Además, y dramas puntuales al margen como los atentados de hace años en Casablanca, se trata de un país seguro, ya que sus autoridades tienen declarada la guerra al terrorismo integrista para seguir atrayendo el turismo y las inversiones y alejar males como los que asolan a Mauritania, donde el islamismo radical acaba de causar varias muertes, animando a cancelar el Dakar 2008.

La mejor forma de conocer Marruecos es desde un todoterreno, porque este tipo de vehículo permite adentrarse con garantías en los muchos territorios que hoy siguen comunicados por pistas o a través de interminables «hammadas», los desiertos pedregosos que abarcan el territorio central y, sobre todo, meridional. Y viajar en todoterreno, salvo que pensemos en una aventura relativamente extrema, invita a hacerlo formando una pequeña caravana, un esquema que garantiza salir airoso de averías o incidentes imprevistos, sobre todo si el grupo ha distribuido sus funciones logísticas.

En el caso que nos ocupa, y como parte de un grupo formado por seis coches y más de 20 personas, nuestro Jeep Wrangler se encargó de transportar diverso material de remolque, como eslingas, además de cables de arranque, compresores y otras herramientas esenciales. Planchas para la arena, palas, reparadores de pinchazos… moverse en un 4×4 por terrenos difíciles obliga a tomar medidas preventivas y, cómo no, a ser muy disciplinado, calculando los repostajes de carburante y preparando la ruta diaria con tranquilidad; a ser posible con la ayuda de un buen mapa y un localizador GPS.

Puede que lo más llamativo de Marruecos para alguien que salta desde Europa sean sus mares de arena dorada, pero conviene aclarar que sólo dos zonas, ambas junto a la frontera en litigio con Argelia, presentan este paisaje: el Erg Chigaga, al sur de Zagora, y el Erg Chebbi, con dunas de hasta 160 metros de altura y situadas al sur de Erfoud. Este lugar era nuestro destino final, un paraíso para los amantes del «off road» porque permite emular, salvando las distancias, a los Sainz, Roma, Peterhansel, Coma y compañía. Arena, mucha arena en la que disfrutar al volante, pero siempre a pocos kilómetros de los entrañables hoteles de Merzouga, localidad a la que podemos llegar por asfalto.

Si los mares de dunas constituyen un porcentaje mínimo de la superficie del país, la mayor parte corresponde a grandes llanuras surcadas por resecos barrancos, los «oued», o por extensos palmerales junto a los que se arraciman poblachos construidos con adobe, una estampa que parecería sacada del pasado de no ser por las parabólicas que adornan las azoteas o los destartalados postes de luz y teléfono, cuando estos servicios existen. El paisaje cambia radicalmente a medida que nos acercamos al Atlas, la cordillera que se interpone formando una diagonal en el centro del país y cuya cota máxima, los 4.167 metros del Yébel Toubkal, dan una idea de la magnitud de estas montañas, con cumbres nevadas gran parte del año y que encierran parajes tan singulares como las Gargantas del Todra y el Dadés –pudimos unirlas en coche por un paso vertiginoso a casi 3.000 metros de altitud gracias a la escasez de nieve–, situadas al norte de Tinerhir.


Consejos prácticos


A temperatura en el sur de Marruecos puede alcanzar los 50 grados durante el verano, con noches en las que el termómetro no baja de los 30. Las mejores estaciones para viajar al país africano son la primavera y el otoño. También el invierno es recomendable, pero recuerde que en el interior del país las noches son heladoras y que la elevada altitud en el entorno del Atlas hace frecuentes las nevadas. Si viaja en época de mucho calor, no fuerce la climatización de su vehículo. Si, por ejemplo, en el exterior hay 45 grados bastará con mantener el habitáculo a 30. Los «oued», o ríos secos, pueden plantear problemas en días de tormenta. No menosprecie sus corrientes, que pueden ser fuertes y repentinas.

Si usted reside en Ceuta o Melilla, sabrá que el paso a Marruecos no encierra mayor problema. Si vive en la Península, los puertos de embarque son Algeciras, desde donde se viaja a Tánger y Ceuta; Málaga, que tiene conexión con Melilla; y Almería, punto de partida de ferries a Melilla o Nador. Por el estado de sus buques, Trasmediterránea es la compañía más recomendable, pero hay otras que operan esas rutas, como Ferrymaroc o Comarit. Estime un gasto aproximado de 300 o 400 euros para un billete de ida y vuelta que incluya dos personas y un vehículo. Desembarcar directamente en un puerto marroquí puede ahorrarnos tiempo, porque una parte de los trámites aduaneros se realiza en el propio ferry.

La red de carreteras ha mejorado bastante en los últimos años, lo que permite circular por Marruecos en un turismo normal, incluso en zonas remotas del país. Pero recuerde que las estaciones de servicio suelen estar muy alejadas unas de otras y que no abundan los talleres. Si viaja en un todoterreno y piensa recorrer pistas no lo haga solo, pues hacerlo en grupo –un mínimo de tres coches– da tranquilidad. En ese caso, además, lleve un equipamiento de «supervivencia», como palas, planchas, eslingas, gatos de buen tamaño y herramientas para el coche o, incluso, para la reparación urgente de un neumático. Y no olvide echar al equipaje comida, bebida y algunas mantas. La telefonía móvil funciona muy bien en Marruecos y casi todo el país dispone de una correcta cobertura, salvo en las regiones más montañosas. La señalización de las carreteras no es mala, sobre todo en las vías principales. Extreme la precaución, porque la circulación en las zonas pobladas es caótica, y respete los límites de velocidad, pues la policía sitúa controles y radares a pie de calzada con bastante frecuencia.

De noche, el riesgo es altísimo, porque abunda el ganado suelto, muchos vehículos circulan sin luces y los peatones y ciclistas se tornan auténticos espectros. Ojo con el sol. Incluso en el invierno, cuando la temperatura en las dunas no supera los 16 ó 18 grados, conviene protegerse del sol con cremas y sombreros. Hoteles y comida son baratos en Marruecos. Por ejemplo, un hotel con baño privado, incluyendo cena y desayuno, puede salir por 20 ó 25 euros por persona y día. Tome precauciones con el agua de los grifos, con la comida no cocinada y con los hielos de los refrescos, pero disfrute de la rica gastronomía del país, con sus guisos de carne y su variedad de frutas y verduras. Hágase con una buena guía de Marruecos en tiendas especializadas, librerías o grandes almacenes. Y no olvide un mapa de carreteras, como el de Michelin, el más actualizado.

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