El efecto del transporte público en nuestra sociedad

El efecto del transporte público en nuestra sociedad

El objetivo de los gobiernos es fomentar la movilidad pública, ya que supone una reducción de costes, de muertes prematuras y de gasto en la compra de combustibles.

La lucha contra la polución en las ciudades se ha convertido en fundamental. Una de las formas para luchar contra ello es fomentar el uso del transporte público tal y como señala la Asociación de Empresas Gestoras de Transportes Colectivos Urbanos (ATUC) con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente.

Se habla mucho del uso del transporte público, pero ¿cuáles son sus beneficios en cifras reales? Según esta asociación, un autobús evita la contaminación de 50 turismos, mientras que un tren de Metro equivale a 400.

En total, al año, estos medios de transporte evitan la emisión de cinco millones de toneladas de gases contaminantes algo que podría evitar la 25.000 muertes prematuras al año en España.

A nivel económico, también supondría un ahorro para las arcas públicas. El Estado se gasta en combustible 38.000 millones de euros anuales, por lo que reducir un 10% el transporte privado supondría un ahorro de 700 millones de litros de combustible al año.

¿Cómo se fomenta el transporte público? Escuchando a los usuarios. Los viajeros se quejan de la tardanza del metro, al que hay que esperar entre 5 y 15 minutos en la estación cada vez que lo utilizan. En el caso de los autobuses, su lentitud no resulta atractiva: su velocidad comercial es de 12 km/h frente a los 25 km/h de los coches.

La ATUC propone la creación de una prioridad semafórica que permita que los autobuses pasen primero si se detectan retrasos en los horarios. Además, fabricar estaciones dobles permitiría que estos vehículos no hagan cola que suban y viajen viajeros.

Por otro lado, las flotas públicas también tienen cosas que mejorar. Por ejemplo, el uso de autobuses híbridos supondría un ahorro anual de hasta el 30% anual. El modelo a seguir es el de TMB (Transportes Metropolitanos de Barcelona), compuesto por un 38% de autobuses propulsados con Gas Natural Comprimido (GNC).

Madrid es otro gran ejemplo: de los 1.915 autobuses que componen la flota de EMT, el 71,25% son poco contaminantes.

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