Cuando el calor aprieta

Conducir con más de 35 grados puede equivaler a superar el límite legal de alcoholemia, de modo que aumentan las distracciones y la capacidad de reacción es mucho más lenta.

Conducir con más de 35 grados puede equivaler a superar el límite legal de alcoholemia, de modo que aumentan las distracciones y la capacidad de reacción es mucho más lenta.




Cuando el calor es intenso, el sueño, el cansancio o la agresividad son monedas de cambio habituales, y mucho más cuando se va sentado al volante. Por ello, no está de más recordar ese peligro cuando los desplazamientos son más frecuentes y queda el gran viaje de vuelta a casa.


Los vientos alisios africanos con que se inauguró el mes de agosto parecen haberse alejado por el momento, aunque no así el calor veraniego que continúa predominando en la mayor parte de nuestro país, como es natural en esta época del año. Nada que objetar, especialmente para quienes todavía pueden apurar las vacaciones, salvo que este fenómeno meteorológico, quizá menos conocido –y temido– por los usuarios de la carretera que otros como la nieve, la lluvia o el hielo, influye de modo muy directo en la conducción, hasta el punto de que los médicos coinciden en subrayar que las altas temperaturas llevan aparejada una notable disminución del rendimiento físico y psíquico.

La consultora Prevensis ha medido esa merma de facultades en el caso de los automovilistas. Y los resultados no dejan lugar a dudas: conducir con más de 35 grados puede equivaler a superar el límite legal de alcoholemia, de modo que aumentan las distracciones y la capacidad de reacción es mucho más lenta. De ahí que haya que recurrir a los sistemas de refrigeración para atenuar las consecuencias más negativas del verano, pues la temperatura en el interior del coche puede ser hasta 15 grados más alta que fuera. Eso afecta considerablemente a la concentración y a la atención al volante.

Si no se activa el aire acondicionado o el climatizador y se continúa conduciendo con las ventanillas subidas o, simplemente, a medio bajar en un entorno muy caluroso, es posible que en pecho y brazos la temperatura supere los 70 grados, lo que supone unas condiciones climáticas verdaderamente difíciles de sobrellevar en caso de un imprevisto en la circulación. De hecho, un informe del grupo Frape Behr, especialista en la venta de equipos de climatización, indica que, una vez superada la barrera de los 35, se duplica el número de movimientos necesarios para manejar un vehículo en condiciones normales.

Otro estudio, elaborado conjuntamente por el Race y la patronal de bebidas no alcohólicas, abunda en esta conclusión, porque la fatiga es una de las principales causas de los accidentes de tráfico. Conducir de forma continuada durante mas de dos horas, sin reponer ningún líquido, multiplica los errores en la percepción de la distancia de seguridad con los vehículos precedentes y los posibles obstáculos de la calzada. La mente puede sufrir una reducción de hasta el 60 por ciento en el nivel de alerta, necesario para distinguir las marcas viales o las señales de tráfico. También se dispara la agresividad, una aptitud que se materializa en los bocinazos habituales, como amonestación o reprimenda hacia la conducta de otros usuarios.

CUIDADO CON LA HIPERTERMIA
El calor tampoco es una compañía agradable para quienes tienen que esperar en el interior del coche a que el conductor regrese de hacer cualquier gestión, sobre todo, si se trata de un niño o una persona mayor, con un estado de salud delicado. Esta práctica es absolutamente desaconsejable, ya que unos pocos minutos pueden bastar para que se produzca un grave contratiempo. En el caso de los más pequeños, los pediatras recuerdan que la temperatura corporal puede subir hasta cinco veces más deprisa que en un adulto, fenómeno conocido como hipertermia. En este caso, dejar las ventanillas bajadas suele ser un remedio poco eficaz.

La Universidad Estatal de San Francisco, en Estados Unidos, un país donde esta mala costumbre parece muy arraigada (320 fallecimientos entre 1998 y 2006), puso de relieve que en sólo 120 segundos, el mercurio puede ascender hasta diez grados y ser un peligro muy grave para los seres humanos con menos defensas. Para evitar esas muertes, la institución docente lanzó una serie de advertencias interesantes, como instar a padres o tutores a no dejar nunca sin supervisión a un menor dentro del coche, aunque aparentemente esté entretenido.

A la hora de viajar se debe tener presente que los niños absorben mayor cantidad de calor del ambiente. Tampoco se puede obviar que los bebés de hasta un año tienen las glándulas sudoríparas menos desarrolladas y el organismo no puede reaccionar de igual modo ante el calor. Así pues, en caso de un viaje largo con menores, lo más sensato es emplear las primeras horas del día o bien la noche para evitar los momentos en que el calor aprieta con más fuerza.

MEJOR CON CLIMATIZADOR
La temperatura media no deja de aumentar en la Tierra y no es sólo cuestión de las olas de calor, porque en países como España hay que resignarse a que cada vez el mercurio indique valores más elevados. De ahí que sea imprescindible contar con algún tipo de refrigeración en el vehículo, para evitar sobrepasar los 24 grados. Lo ideal es una temperatura constante entre los 19 y los 24 grados, aunque influyen otros elementos como el color del vehículo (cuanto más oscuro, más calor) o el número de pasajeros.

Por ello, lo más aconsejable es un coche con climatizador, siempre más adecuado que el aire acondicionado, y recordar que el chorro de aire nunca debe proyectarse sobre el cuerpo, especialmente en la nariz o la garganta, ya que pueden resecarse las mucosas. No se debe escatimar en estos sistemas a la hora de comprar un automóvil, dado que la opción de bajar las ventanillas, más barato, puede convertirse en un peligro, porque, además de incómodo, el riesgo de que entren partículas en el habitáculo es mucho más alto que si se circula con los cristales subidos.


PAUTAS A SEGUIR 
1. Descansar en zonas de sombra. Conviene detenerse cada dos horas y aprovechar para estirar las piernas, pero siempre a la sombra. Cuidado con quedarse en el interior del coche a pleno sol, porque la temperatura, en pocos minutos, puede alcanzar los 70 grados.
2. Bebidas frescas y habitáculo refrigerado. Beber frecuentemente, aunque no se tenga sed, es la mejor forma de retrasar los efectos de la fatiga. La sed no es un indicador fiable del grado de deshidratación.
3. Revisiones con el motor frío. Cualquier inspección del motor, aunque sea visual, debe hacerse cuando el motor no está caliente. Antes de emprender el viaje de regreso (o un itinerario de largo recorrido), conviene echar un vistazo al nivel del aceite y los líquidos de dirección, frenos y transmisión.
4. Atención a la aguja de la temperatura. Si el medidor supera el límite máximo (la zona roja) o se enciende el testigo, conviene parar inmediatamente y apagar el motor. En ningún caso se debe abrir la tapa del radiador.
5. Aceite. Cuando se utiliza el vehículo en un lugar con temperaturas especialmente altas es necesario un lubricante que proteja bien el motor. El aceite sintético, con mayor grado de rendimiento, es más indicado para los meses de calor que los que tienen mayor grado de viscosidad.
6. Neumáticos. Cuando el asfalto está muy caliente, es mayor la posibilidad de que se deterioren y sufran un reventón. Es importante seguir las recomendaciones del fabricante en cuanto a la presión. El desgaste del dibujo no puede ser inferior a los 1,6 mm.
7. Limpiaparabrisas y elementos de caucho. El calor intenso y una prolongada exposición al sol pueden estropear los componentes de caucho de un vehículo. Si se aprecian signos de desgaste, lo más prudente es cambiarlos.
8. Luces y batería. Las luces deben encontrarse en perfecto estado. El calor afecta a la duración de la batería, cuyos cables pueden acusar los efectos de la corrosión y la suciedad. Lo mejor es revisarla y, ante el menor síntoma de desgaste anormal, sustituirla. 9. El coche, mejor limpio. No es sólo una cuestión de higiene. La limpieza supone una menor temperatura en la chapa tras una larga exposición al sol y aspirar el habitáculo evita el riesgo de estornudos
10. Útiles muy prácticos. Además de los elementos obligatorios, conviene llevar aceite, líquido y una bayeta para limpiar los cristales, que pueden ensuciarse con una tromba de agua, y un botiquín de primeros auxilios

Comparte este artículo

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibirás en tu email las últimas noticias, novedades y pruebas del mundo del motor

* He leído la Política de privacidad

Tus datos serán incorporados en las bases de datos de Autocasión para gestionar los envíos de comunicaciones. Más información en la Política de privacidad

Comenta este artículo

* He leído la Política de privacidad

Ir arriba