Conducir un Quad

3 julio, 2007 por

Al tener cuatro ruedas, los quads ofrecen una falsa sensación de seguridad: conducir un quad es fácil, pero dominarlo es difícil

Al tener cuatro ruedas, los quads ofrecen una falsa sensación de seguridad que, en caso de conductores inexpertos, puede tener graves consecuencias.

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Al tener cuatro ruedas, los quads ofrecen una falsa sensación de seguridad que, en caso de conductores inexpertos, puede tener graves consecuencias.


Por una vez, tenemos que dar por buena la afirmación tantas veces acuñada por la Dirección General de Tráfico, según la cual, el conductor es culpable de un elevado porcentaje de los accidentes de circulación. Eso sí, con una matización importante, siempre y cuando el vehículo sea un quad. Profesionales y expertos coinciden al asegurar que «conducir un quad es fácil, pero dominarlo es difícil », una realidad que, unida a la falsa sensación de seguridad que arrojan estas motos de cuatro ruedas, ensombrece la imagen de un vehículo que, si bien podría ser tan práctico como entretenido, ha llegado a convertirse en uno de los más «temidos» por los expertos en seguridad vial.


La temeridad que rodea al mundo de los quads tiene su primer reflejo en el terreno legislativo. En general, el único requisito para pilotar un vehículo de estas características es estar en posesión del permiso de conducir tipo «B», el mismo que certifica la capacitación para conducir un coche. Si su masa en vacío no sobrepasa los 550 kilos, puede circular a más de 45 km/h y equipan un motor de cilindrada igual o superior a 50 cc, pueden ser conducidos por titulares del permiso «A».


También hay casos en los que se certifican como cuadriciclos ligeros y son considerados ciclomotores a todos los efectos. Es decir, para manipularlos basta con ser titular de una Licencia de Conducción de Ciclomotores («LCC»), que se consigue sin pasar siquiera por una examen práctico. Pero, y aunque por su comportamiento y forma de conducción es similar a un vehículo todoterreno, un quad no es coche. Y, aunque por su aspecto, la ausencia de carrocería, la posición del conductor y el manillar estos vehículos pueden Conducir un quadasemejarse a una motocicleta, tampoco lo son. Lo habitual es que en vías asfaltadas no puedan superar los 45 km/h.


Sin embargo, superar el límite no suele ser un factor determinante en los siniestros, aunque sí la velocidad inadecuada. Los quads, a pesar de ir sobre cuatro ruedas, tienen un ángulo de gravedad elevado, por lo que a una velocidad indebida tienen tendencia a volcar si el conductor carece de la pericia suficiente para anular la fuerza centrífuga. Y son precisamente las caídas laterales y frontolaterales en la acción de girar –cuando la rueda trasera tiende a levantarse–, las causas más comunes de los traumatismos derivados de un accidente de quad. Para evitarlo, los expertos saben que hay que marcar bien el giro con el manillar e inclinar el cuerpo hacía el mismo lado.


LOS QUE SABEN DICEN…
Que «dejar un quad a una persona que no lo ha llevado nunca es, cuanto menos, temerario». Por eso desde muchos medios, expertos y aficionados piden a los nuevos conductores que pasen por un curso de formación antes de empezar a pilotar. Exactamente igual piensan quienes, desde diferentes perspectivas, han tenido que hacer frente a un accidente de quad. «La falta de pericia de los conductores es mortal», sentenciaba un inspector de policía encargado de la investigación del último accidente de quad, que se cobró la vida de dos chavales de 18 y 19 años hace tan sólo unos pocos días en Madrid.


Sin embargo, en el caso de las motos de cuatro ruedas, una vez más la Administración parece no escuchar las voces de los que saben y ven en la agresión medioambiental el más grave problema derivado de los quads. Al menos, desde hace un par de años la ley contempla la obligación de usar el casco y prohíbe el traslado de ocupantes, salvo que el quad esté homologado para ello. Y es que, los que saben dicen que «pilotar el quad sin acompañante mejora una reacción rápida frente a un imprevisto».


APRENDER DE LOS ERRORES
Conducir un QuadNoche de Navidad, con nieve recién caída y amenaza de ventisca, lo que yo consideraba una situación perfecta para salir con el quad. Para que mi familia no me eche la bronca no les cuento nada y digo que voy a echar gasolina, primer error. Me voy solo, segundo gran error. La subida, aún con nieve, es muy sencilla, por lo que decido subir por unos arrastraderos de complicación alta o muy alta, tercer error. En uno de los líos, tengo que bajar a empujar y me doy un golpe pequeño con el manillar en el pecho, sin importancia, pero luego me daría cuenta de que había destrozado el teléfono móvil.


Llego al puerto y ya allí: mucha nieve, mucho frío, unos 10 grados bajo cero. Voy a llamar a casa para decir que vuelvo y es cuando veo el teléfono roto, entonces pienso en pedirle un teléfono a un «tío» de un todoterreno que estaba haciendo derrapes, pero no lo hago, cuarto error. Inicio el descenso por el camino fácil, pero a la entrada del camino hay una valla cerrada, por lo que tengo que buscar una alternativa. Me arrimo a un barranco para ver si se puede bajar y veo que es algo empinadillo, meto la marcha atrás e intento salir, pero el «brute force» no conecta el 4×4 y no tengo posibilidad de salir del sitio.


Lo miro de nuevo, veo un cortado de un metro más o menos, pero bajable, y tiro con gas para no volcar. Quinto error, tendría que haber atado el winch a un pino y haber dado la vuelta y buscar otro sitio para bajar. La mala suerte quiso que bajo la nieve hubiera una piedra, que fue la que pego con el morro del quad, haciéndolo volcar de frente. Caí a unos metros y la parrilla trasera del quad me dio de lleno en la pelvis. En ese momento, siento perfectamente como mis huesos se rompen y tanto el intestino como la vejiga se aplastan, produciéndome un dolor indescriptible.

Me quedo boca abajo en la nieve, sé que la lesión es gravísima, pero mantengo la calma, me quito el caso y los guantes para poder respirar mejor y poder palparme para valorar los daños. Muevo las pierna, pero no me puedo poner en pie. Estoy en medio del monte, la noche de Navidad a 10 bajo cero, o salgo de allí o en 3 horas estoy muerto. Sé que el teléfono no funciona y nadie me ha visto. Miro el quad, de la fuerza que llevaba se queda con las ruedas en el suelo, aunque medio volcado en unos matorrales e increíblemente con el motor en marcha. Las lesiones en caliente te permiten moverte durante algunos minutos, saco fuerzas no sé de dónde, me monto en el quad, miro el cuadro y veo que el 4×4 ya se ha conectado.

Saco el quad de los matorrales y tomo el camino hasta las casas. Sé lo que hay que hacer: lo primero mantener la calma, llamar al 112, no moverme bajo ningún concepto –las roturas de huesos pueden producir hemorragias mortales–, no beber ni de comer nada. Como la temperatura estaba bajando y se avecinaba la ventisca, debería mantenerme despierto en todo momento para evitar acelerar la hipotermia. Tras casi cuatro días de hospitales, ya estoy en casa con tres meses de recuperación y con muchas ganas de volver a montar en quad, una de las cosas que más me gustan en esta vida. Espero que alguien aprenda de lo que a mi me ha ocurrido, yo ya he aprendido mucho, aunque la lección me ha costado cara.

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