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Conducimos como somos

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24 de octubre, 2007

Aquello de “por las buenas soy bueno... pero por las malas soy mejor”, parece tener total validez al volante.

Aquello de “por las buenas soy bueno… pero por las malas soy mejor”, parece tener total validez al volante.


Aquello de “por las buenas soy bueno… pero por las malas soy mejor”, parece tener total validez al volante. Un estudio del Instituto de Tráfico y Seguridad Vial de la Universidad de Valencia para Attitudes analizó la conducta de 1.200 conductores: un 75% de los mismos resulta ser prosocial, eso sí, hasta que les tocan… el claxon. O les molestan con una maniobra errática o se encuentran en un tedioso atasco. Entonces tendemos a cambiar la conducta hacia un comportamiento más antisocial (en un 18% de los casos).

En el estudio se utilizan conceptos como “conducción prosocial” -inclinación a considerar la seguridad y necesidades del resto por encima de las propias-. Este término aúna la empatía (el 65,6% de los encuestados la tiene), el altruismo (con niveles bajos y medio-bajos) y la “asertividad” -defensa de los derechos de uno mismo respetando a la vez los de los demás- (el 69,7%) , según el profesor titular de Tráfico y Seguridad Vial, Francisco Alonso. Por el contrario, el conductor antisocial es aquél, no solo agresivo al volante, sino también el que conduce con una carencia de valores, tolerancia y respeto.

El grupo considerado más antisocial queda representado por el varón de entre 18 y 35 años, sin estudios, que maneja vehículos de carga (furgonetas, camiones y autobuses) y que ha sufrido algún accidente de tráfico y/o recibido múltiples multas – especialmente por aparcamiento indebido- en los tres últimos años. Por el contrario, la conducta más prosocial la cumple el perfil de una mujer de entre 36 y 65 años, con estudios básicos, que lleva vehículos familiares y no sufre accidentes ni suele ser sancionada por aparcar en un lugar prohibido. Aquellas personas en paro también forman un colectivo que se muestra muy antisocial.

El mapa geográfico señala a los conductores de Aragón, Navarra, Cantabria, Asturias, Murcia, Canarias y el País Vasco quienes con mayor frecuencia respetan las normas e impulsan la convivencia vial. Mientras que en el lado opuesto se encuentran riojanos, valencianos, madrileños, castellano y leoneses y andaluces.


La sanción no amansa a la fiera
En contra de lo esperado, el estudio refleja que multando a los conductores antisociales no se consigue que modifiquen sus comportamientos hacia mejor, sino todo lo contrario. Según Francisco Alonso, las medidas para incentivar conductas positivas pasan por incrementar el control policial y subvencionar programas formativos y educativos de Seguridad Vial, en especial para aquellos conductores antisociales. Alonso puso como ejemplo el caso de Japón, donde desde el año 69, existe una cárcel específica para personas que acumulan delitos de tráfico. “El aislamiento es menor y se trabajan las habilidades para enseñar a respetar a los demás, a empatizar y a modificar conductas”, explica Alonso.


Conducta insolidaria
Auxiliar a una persona cuando tiene problemas con su automóvil es la conducta que, en general, se declara realizar con menor frecuencia: así lo aseguran 4 de cada 5 entrevistados. En el polo opuesto está dar las gracias a otro conductor que les facilita el paso, pedir disculpas cuando les hacen saber que han cometido una infracción o sentir pena ante alguien que sufre las secuelas derivadas de un accidente de tráfico.


El informe concluye que los delitos contra la seguridad vial son «muy graves» para el 74% de los encuestados, y que la conducción temeraria es la infracción más temida por delante de la omisión de socorro, conducir borracho o colocar en la vía obstáculos que entrañan riesgo. A bastante distancia se queda la posibilidad de negarse a pasar un control de alcoholemia.

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