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Cómo afecta el coronavirus a la industria del automóvil

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13 de marzo, 2020

Dicen que a río revuelto, ganancia de pescadores, pero mientras unos hacen su agosto fabricando mascarillas o poniendo a precio de oro el gel de manos, otros sectores están viendo peligrar sus resultados económicos, y de ellos dependen muchísimos empleos.

En medio de un momento crítico para el automóvil, que debe adaptarse a las nuevas necesidades de movilidad sostenible, preparar el futuro del coche autónomo, afianzar el presente del coche eléctrico, etc., se le suma ahora el frenazo que el coronavirus está provocando en la economía mundial.

Los problemas para la industria no vienen exclusivamente de un parón económico y que los compradores prefieran esperar a ver cuánto se prolonga este problema antes de gastar sus ahorros, hay más factores, todos relacionados con la globalización.

En la actualidad, salvo los departamentos de ferraje (donde se producen las carrocerías, para entendernos), las fábricas de automóviles no producen nada, simplemente montan componentes que provienen de otras compañías. Los procesos de «just in time» impuestos desde hace décadas han hecho que en los almacenes de las fábricas no haya apenas stock de componentes sino que éstos se fabrican y llegan a la fábrica a medida que el coche que los tiene que montar se instala en la línea de montaje.

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Esta realidad está provocando ya algunos problemas de producción y retrasos al no haber suficiente abastecimiento de algunos componentes. Por este motivo se están parando líneas de producción de determinados modelos, como el Seat León en la planta de Martorell, a la espera de que los abastecimientos funcionen de nuevo con puntualidad.

En Italia, algunos fabricantes han parado su producción para evitar la propagación y los contagios en sus centros de fabricación, que aglutinan a muchos miles de operarios. Así, Piaggio y Lamborghini, por ejemplo, han parado sus cadenas de montaje temporalmente.

Coronavirus: un reto, pero también una oportunidad

La demanda por parte de los compradores también está descendiendo y algunas marcas ya están ajustando sus previsiones de ventas para 2020. Un ejemplo lo tenemos en Tesla, que estima que este año sus ventas serán un 10% inferiores a los pronósticos iniciales.

Es indiscutible que esta crisis es peligrosa y que puede ser la excusa perfecta para poner la puntilla a un sector que ya estaba atravesando sus propios retos. Esto está forzando a las empresas a tomar medidas para minimizar los problemas. En este sentido, se están optimizando recursos y procesos logísticos, promoviendo unas mejores condiciones higiénicas para los trabajadores y clientes, etc.

Para muchas empresas proveedoras, esta crisis también es una oportunidad para recuperar a sus clientes al ponerse en evidencia los riesgos de recurrir a centros de producción deslocalizados, de modo que la industria local puede salir reforzada.

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