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Colección «Taxis del mundo»: ¡los ganadores!

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24 de enero, 2013

Como te prometimos, aquí están los nombres de los ganadores del concurso "Taxis del Mundo". Entre todas las anécdotas que han llegado a nuestro mail, éstas han sido las que más han impresionado a nuestro jurado... ¡No te las pierdas!

Olvidos, taxistas impertinentes o «con pocos escrúpulos», clientes peligrosos e, incluso, amigos para toda la vida. ¿Recuerdas? Para llevarte completamente gratis la colección «Taxis del Mundo», de Altaya, te pedíamos la anécdota más curiosa que te hubiese ocurrido en un taxi… Las historias que han llegado a la redacción de Autocasion.com no tienen desperdicio; ha sido muy difícil seleccionar sólo cuatro, porque todas y cada una de ellas merecían la pena. Pero había que escoger a los ganadores del concurso, que son…

Primer premio (una suscripción gratuita a la colección completa «Taxis del Mundo»): Pablo López Sánchez. Su historia nos llamó tanto la atención que hemos decidido mostrarte la «versión extendida«, tanto por la calidad del texto, como por su riqueza… «Cuando me separé de la madre de mis hijos, con 31 recién cumplidos, tenía dos cosas: un ansia imparable de comerme el mundo y un amigo taxista. Las noches de parranda en aquella época se sucedían unas a otras como los días en el calendario. Yo acababa siempre en la discoteca de moda a las tantas de la madrugada, aguantando los improperios del camarero que pretendía expulsarme porque iban a cerrar. Al salir a la calle, sin ser dueño ni siquiera de mi nombre, siempre estaba allí mi amigo taxista, Ramiro, que conocía mis hábitos y el momento que estaba atravesando. Me recogía como una madre recoge a su hijo en la puerta del colegio. En ese taxi cada noche era diferente, especial y curiosa, a la par que divertida. Una noche me llevaba en su taxi a tomar café a ese bar que hay en cualquier ciudad que nunca cierra; en aquel curioso trayecto un hombre que estaba en la calle (tendría unos 25 años, vestido tipo científico loco) estaba ‘haciendo dedo’ y paramos para recogerlo. Llevaba una peluca de pelos alborotados blancos, unas gafas de culo de botella, una bata blanca y una pizarrita pequeña con números y gráficos extraños. Dicho personaje se montó y dijo: ‘Buenas noches, señores, a la calle serrano, 23’, y mientras el coche recorría las sombrías calles de Madrid, el hombre iba apuntando cosas en la pizarra mientras murmuraba cosas sin sentido, como si del Padrenuestro se tratara. De repente, grita: ‘¡Lo tengo, pare el taxi y diríjase a la Cibeles!’. Ramiro se dirigió para allá. Intrigado por el comportamiento y la repentina decisión del peculiar señor, le pregunté: ‘¿Está usted bien?’. Él me respondió diciendo: ‘Sí, ahora ya sí, pero no se lo cuentes a nadie, es un secreto… Va a producirse una lluvia de meteoritos a las 11 de la mañana de hoy, va a ser terrible, acabará con todo, lo llevo investigando 4 meses y he descubierto el sitio exacto donde me podré salvar’. Claro está que no sabía si esto que estaba oyendo era debido al alcohol que llevaba en sangre o al olor putrefacto y desagradable del whisky que salía de su boca… Una vez en la Cibeles, dijo el científico loco: ‘¡Pare! ¡Pare, que me bajo aquí, y ustedes deberían hacer lo mismo y acompañarme hacia la salvación!’. Como era obvio, le cobramos una cuantiosa cantidad de dinero por el trayecto y le despedimos con una agradable y falsa sonrisa. Ahí dejamos al pobre hombre, un nublado amanecer en Madrid… Después, Ramiro me dejó en casa sin cobrarme la carrera -nunca lo hacía- y con la dosis de consuelo que necesitaba. Hoy no está Ramiro, ni yo me pego esas parrandas interminables. Pero cada vez que salgo de algún local por la noche, suelo mirar a la parada de taxis, por si Ramiro ha decidido regresar de allá donde se encuentre, con el fin de disfrutar de un curioso trayecto más, conversado conmigo bajo la luz tenue de la luna».

Segundo premio (1 entrega gratuita de los 4 primeros fascículos y sus correspondientes miniaturas): Luis Alberto Serrano Castillo, un taxista con suerte… y ¡mucha sangre fría! «Cogí a un cliente y durante el trayecto se quedo dormido. Al despertarlo, se enfundo una bolsa de plástico en la cabeza (con la intención, supongo, de que no le reconociera) y sacó un cuchillo, mientras decía que eso era un atraco. La velocidad que empleó para hacer esto fue tal que me dio tiempo de bajar del coche con la recaudación del día en la mano. Por supuesto, avisé por la emisora a la compañera de la central, para que llamara a la Policía; el individuo se apresuró a salir corriendo. Fue una suerte que el tipo fuera tan torpe, porque por cuatro duros que llevaba de recaudación me podría haber enviado a mejor vida, como le ha ocurrido a mas de un compañero…».

Tercer premio (1 entrega gratuita de los 2 primeros fascículos y sus correspondientes miniaturas): Miguel Ángel Ufo, que tropezó dos veces con el mismo taxi. «Cogí un taxi y, después de bajar, me di cuenta de que me había olvidado el paraguas. A las 2 o 3 horas, terminadas mis gestiones, me dispuse a coger otro taxi para regresar a mi domicilio y no sólo era el mismo vehículo de antes; ¡allí estaba el paraguas, sobre el asiento trasero, tal y como se me había olvidado!».

Cuarto premio (1 entrega gratuita del primer fascículo y su correspondiente miniatura): Pablo Ramírez, un usuario «dormilón»… ¡que encontró una taxista muy maternal! «Volvíamos de fiesta a las tantas de la mañana y nos recogió una taxista llamada Julia. Yo me tuve que sentar en el asiento delantero. Me empezó a entrar sueño y me quedé dormido en el hombro de la conductora. Mis amigos estaban detrás riéndose a carcajadas y ella no me decía nada. Cuando llegamos a casa, me despertaron todos mis amigos y muriéndose de risa, me preguntaron: ‘¿Qué, has dormido bien?’. Julia me  miró como si fuera mi madre y me dijo que me fuera a dormir, que ya era tarde…».

En breve nos pondremos en contacto con vosotros para haceros llegar los premios; ¡muchas gracias a todos por participar!

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