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Los coches y garajes de una ciudad estadounidense, en jaque por un friki de la electrónica

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16 de junio, 2021

Llaves de coches que no funcionan y puertas de garajes que no se abren: un misterio en una ciudad estadounidense, por suerte, ya resuelto.

Desde el otro lado del charco nos llega un desconcertante enigma que ha afectado a decenas de familias de la zona de Cleveland. Los habitantes de la ciudad de North Olmsted (Ohio) descubrieron que los llaveros inalámbricos de sus coches y las aperturas de las puertas de sus garajes habían dejado de funcionar o lo hacían de forma imprevisible.

Algunos residentes asumieron que se debía a las pilas de las llaves, aunque el problema siguió sin resolverse, porque las llaves funcionaban fuera de esta zona, pero no dentro.

La «culpa», de un friki de la electrónica

Los vecinos denunciaron los hechos, pero nadie sabía a ciencia cierta cuál era la causa del mal funcionamiento generalizado. Algunos sugirieron que podría estar relacionado con la cercanía del aeropuerto internacional Cleveland Hopkins, o incluso con un fallo tecnológico producido en un centro de investigación de la NASA, que se sitúa en las inmediaciones de North Olmsted

Los funcionarios de la ciudad sugirieron que la avería podría estar relacionada con los proveedores de telecomunicaciones y electricidad, que enviaron sus propios equipos para investigar lo que pudiera estar interfiriendo en los transmisores de radio de los residentes. «No puede ser un pequeño dispositivo el que esté causando esta interferencia», explicaba el concejal de North Olmsted Chris Glassburn.

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El misterio se resolvió de la manera menos imaginable. Resulta que el culpable era un dispositivo casero, inventado por un entusiasta de la electrónica local. Había diseñado un artilugio especializado para que le informara si había alguien arriba en su casa mientras él trabajaba abajo en el sótano.

«Tiene una fascinación por la electrónica», apuntaba Glassburn en una declaración en la que describía al inventor local anónimo, una persona con necesidades especiales que no tenía ni idea del daño que estaba causando en la comunidad en general, simplemente debido a la frecuencia de radio con la que su artilugio funcionaba continuamente.

«Tal y como lo diseñó, emitía persistentemente una señal de 315 megahercios. No había ninguna intención maliciosa del dispositivo». No obstante, esa emisión constante interfería la señal de los dispositivos de radio instalados en las puertas de los coches y los garajes, que suelen funcionar en la banda de radio de 315MHz a 433MHz.

El aparato ya ha sido identificado y desactivado y ya no habrá más interferencias generadas por él, aunque asusta un poco pensar la que se ha liado por un solo dispositivo de radio casero.

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