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Los coches eléctricos, insuficientes contra los gases efecto invernadero

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09 de octubre, 2020

La sustitución de la mayor parte de vehículos de combustión por coches eléctricos no lograría, por sí sola, cumplir los objetivos de reducción de emisiones.

¿Son los coches eléctricos suficientes para acabar con los gases de efecto invernadero? Aunque hay muchos que piensan que sí, la Universidad de Valladolid ha echado un jarro de agua fría a esta teoría.

Según un estudio de la universidad castellano-leonesa, la sustitución de la mayor parte de vehículos de combustión actuales por alternativas en forma de coches eléctricos no lograría, por sí misma, cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que establece el Acuerdo de París.

Insuficientes contra los gases de efecto invernadero

El grupo responsable de la investigación sostiene, a través de análisis integra variables económicas y energéticas, que además de la movilidad eléctrica es necesario considerar medidas de políticas de decrecimiento para alcanzar las metas fijadas en el Pacto Verde de la Unión Europea (UE).

«No basta con invertir en energías renovables, prohibir la venta de coches diésel o fomentar el vehículo eléctrico, además es necesario un cambio copernicano en la forma de funcionar de nuestras economías», apunta Margarita Mediavilla, del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid y una de las investigadoras.

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Según el estudio, el mantenimiento de las tendencias actuales provocará a un crecimiento del 20 % de los niveles actuales de emisiones, mientras que la introducción de vehículos eléctricos como forma de transporte mayoritario apenas permitiría reducirlos un 15 %.

La más amplia sustitución del coche por la bicicleta eléctrica arrojaría una reducción del 30 % de las emisiones, aún lejos del 55 % fijado por la Comisión Europea para 2030, objetivo que sí garantizaría el “decrecimiento”.

Para los científicos, el “decrecimiento” se trata  de “una reorganización de la economía para reducir el consumo de recursos naturales y de residuos en economías desarrolladas como las de la Unión Europea, conjugado con una reestructuración económica y social”.

Así, sostienen, que el bienestar no puede depender del crecimiento económico y que es necesario un “cambio de paradigma” radical, que abrace ese denominado “decrecimiento”.

“Los resultados de las simulaciones preliminares aplicando políticas propuestas típicamente en el marco del crecimiento verde indican que las habituales políticas basadas en cambios puramente tecnológicos no serán suficientes para una transición a un sistema sostenible a nivel mundial y que serán necesarios cambios estructurales y de estilo de vida muy importantes para alcanzar sistemas realmente sostenibles”, concluyen los investigadores.

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