Bosque de Robles

29 diciembre, 2009 por

La firma de los aros pone en marcha una importante iniciativa ecológica.

En colaboración con el área forestal del estado de Baviera y la cátedra de Ciencias del Rendimiento Forestal de la Universidad Técnica de Munich, AUDI AG impulsó en 2008 el proyecto de investigación “Reserva de CO2 del bosque de los robles” en las inmediaciones de su planta de Ingolstadt (Alemania). El Proyecto supone la reforestación de una parte del bosque Kösching, que había sufrido grandes daños ocasionados por los escarabajos de la corteza, la sequía y, a principios de 2007, por el huracán Kyrill. El objetivo de este proyecto, financiado por Audi, es el de sustituir la actual población de abetos por un bosque caducifolio de valor ecológico capaz de soportar las condiciones cambiantes del clima del futuro. Se han plantado un total de 36.000 robles pedunculados.


El roble es una de las especies arbóreas con mayor posibilidad de adaptación, en parte por su destacada capacidad para almacenar carbono y albergar biodiversidad (diversidad de especies). Audi se ha asociado con la Universidad Técnica de Münich para apoyar científicamente el proyecto y para abordar las cuestiones más apremiantes. Entre estas cuestiones se incluye la productividad de los árboles del bosque y la absorción de CO2 bajo las condiciones climáticas generales y específicas del área.


El proyecto del bosque de Kösching se dirige particularmente hacia el análisis de la captura de carbono de los bosques, y a las consecuencias que las diversas formas de crecimiento de la biodiversidad tienen para el clima. La plantación de un área de estudio siguiendo el método de los círculos de Nelder, posibilita una recopilación idónea de datos en un bosque de robles con cierta variedad de densidades de crecimiento.

Actualmente se está preparando otro campo de experimentación en las inmediaciones de la planta de producción de Audi en Györ (Hungría). Las fábricas están en pleno proceso de expansión internacional del Proyecto bajo el epígrafe “Diversidad y productividad de los bosques. Comparación de monocultivos y bosques mixtos en diferentes zonas climáticas”. A través del análisis de zonas forestales con diferentes temperaturas (desde climas atlánticos hasta continentales y tropicales), se determinará hasta qué punto las diferentes estructuras forestales pueden contribuir a la protección del clima a través de la captura de carbono, y en qué medida puede conducirse la productividad y la diversidad de las especies hacia un equilibrio óptimo a través de una gestión sostenible del bosque.


El ecosistema forestal tiene un papel protagonista en el equilibrio de CO2. Como el resto de vegetales, los árboles absorben el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera durante la fotosíntesis, y almacenan una parte del carbono contenido en ella durante un largo período en la biomasa de sus estructuras de madera. Aunque la capacidad de absorción de CO2 de un roble es baja en la fase inicial de su crecimiento, ésta aumenta con rapidez en 20 años. Una hectárea de un bosque de robles almacena 21,4 toneladas de CO2 en su biomasa una vez transcurridos los primeros veinte años. Después de 30 años esa hectárea de robledal ya habrá acumulado 121 toneladas de CO2, y en el plazo de 60 años la cantidad habrá aumentado a 321 toneladas. Cuando hayan transcurrido 110 años, una hectárea de un bosque de robles habrá almacenado una cifra cercana a las 490 toneladas de CO2.


Un bosque planteado como sumidero de CO2 sólo funciona bajo unas condiciones ideales para el ecosistema y poniendo en práctica una gestión sostenible del bosque. La cátedra de Ciencias del Rendimiento Forestal de la Universidad Técnica de Munich investiga el patrón de crecimiento de varias densidades de plantas en la plantación experimental financiada por Audi, y también los efectos en la flora y fauna asociados con el roble. Por tanto, una parte de los robles más jóvenes fueron plantados en 2 grandes círculos, cada uno de ellos con 14 anillos concéntricos de diferentes radios, de manera que cada árbol individual dispusiera de un espacio de entre 0,1 y 200 m2. Una continua evaluación a lo largo de los años aportará en décadas futuras valiosos datos para la investigación del rendimiento forestal. Ello permitirá establecer conclusiones más precisas en el futuro acerca de la relación entre productividad y capacidad para la captura de carbono, así como determinar las medidas de protección de la diversidad biológica que pueden aplicarse a la gestión sostenible del ecosistema forestal.


La cátedra de Ciencias del Rendimiento Forestal de la Universidad Técnica de Munich se ha asociado con Audi para apoyar el proyecto científico del Bosque Kösching. Bajo la dirección del profesor Hans Pretzsch y con sede en Freising-Weihenstephan, la cátedra dirige la investigación a las relaciones de crecimiento forestal en el ecosistema, que constituye el punto de partida para una gestión forestal moderna.


A día de hoy, la sostenibilidad en los bosques no sólo se refiere al suministro de madera como materia prima. El principio ha sido ampliado para incluir una serie de efectos y servicios ecológicos, económicos y sociales entre los que se incluye la diversidad biológica, la función de recuperación, y la función protectora del clima del bosque. El profesor Pretzsch y sus subordinados han recopilado datos sobre el crecimiento de los bosques y sus condiciones en numerosos campos experimentales. Muchos fueron plantados hace más de 130 años y han sido cuidados y mantenidos desde entonces por varias generaciones de investigaciones forestales. El volumen de datos en una amplia variedad de áreas relacionadas con los bosques sirve para mejorar los modelos de simulación por ordenador que se utilizan para la visualización del proceso de la gestión de diferentes variantes, y para la gestión de diferentes escenarios virtuales (como el que implica constatar cómo la mezcla de dos especies de árboles pueden diluir el riesgo de daño e incrementar el rendimiento, o cómo un aumento del período de vegetación como consecuencia del cambio climático puede incrementar el ritmo de crecimiento en algunas áreas geográficas y reducirlo en otras).


El profesor Pretzsch considera que el proyecto de investigación financiado por Audi y los campos experimentales en el Bosque Kösching constituyen una valiosa aportación a la investigación en materia de sostenibilidad. “El apoyo que Audi aporta en esta materia constituye un apoyo muy significativo; y no simplemente para la gestión forestal”.


La fórmula química CO2 corresponde al dióxido de carbono. Se trata de un componente natural del aire incoloro e inodoro. Los humanos, al igual que otras formas de vida, producimos la mayor parte de nuestro CO2 mediante la respiración celular. Otra porción significativa procede de la completa combustión de materias primas que contienen carbón.


Según el Instituto Alemán de Investigación Científica, aproximadamente el 68% del total de emisiones de CO2 en Alemania pueden atribuirse a la industria y a las fábricas. El tráfico de automóviles también participa de dichas emisiones en un 12%. Entre 1990 y 2005, la industria alemana del automóvil consiguió rebajar las emisiones de CO2 de su gama de vehículos en un 25%. La Unión Europea se ha fijado ahora el objetivo de limitar las emisiones a 130 g/km con vistas al año 2012.


La disminución de las emisiones de CO2 es materia de discusiones actuales sobre la protección del medio ambiente. Ello se debe a que el CO2, como todos los gases de efecto invernadero, refleja la radiación terrestre de onda larga y la rebota hacia la tierra. Por un lado, ese efecto resulta esencial para la supervivencia de las especies, dado que sólo gracias a los gases de efecto invernadero la temperatura media de la Tierra resulta térmicamente tolerante y posibilita que la vida humana sea viable. Sin embargo, la combustión de fósiles y materias primas basadas en el carbón aportan una carga extra de CO2 (ciclo natural del dióxido de carbono). De ese modo, el efecto invernadero se amplifica y ello contribuye al calentamiento de la atmósfera de la Tierra con consecuencias todavía imprevisibles.


El ecosistema forestal toma CO2 de la atmósfera y retiene el carbono que ésta contiene, acumulándolo primariamente en la biomasa de los árboles. Sin embargo, ciertas cantidades también se asocian al humus y se quedan en el suelo. Durante la fase de crecimiento del bosque la biomasa y la proporción del humus aumenta, lo que conduce a una mayor retención de carbono. Este proceso le quita más CO2 a la atmósfera de lo que libera el ecosistema completo. Durante este proceso de crecimiento el bosque se convierte en un sumidero de CO2. El ciclo natural del CO2 del bosque concluye a la finalización de la fase de crecimiento que sucede cuando los árboles se secan y el carbono acumulado en la biomasa se libera conforme se pudre y descompone. Este proceso y el metabolismo de todos los organismos envueltos en la descomposición devuelven una porción del carbono, mezclado con oxígeno, a la atmósfera en forma de CO2. Por lo tanto, los árboles que se van secando se convierten en fuente de CO2 cuya retención y liberación guardan un equilibrio en los reposados ciclos vitales de los bosques tropicales vírgenes.


Por el contrario, la función de sumidero de CO2 predomina durante varias décadas en las áreas europeas de crecimiento relativamente lento de especies de hoja caduca y coníferas europeas como el roble que desempeña un papel protagonista gracias a su gran capacidad de almacenamiento de carbono.

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