Aumenta la mortalidad de noche

13 noviembre, 2007

De diciembre a marzo, la mortalidad del tráfico se dispara por la noche. Hay menos accidentes, pero más muertos que durante el día y más que en verano entre el ocaso y el amanecer.

De diciembre a marzo, la mortalidad del tráfico se dispara por la noche. Hay menos accidentes, pero más muertos que durante el día y más que en verano entre el ocaso y el amanecer. Se impone vigilar las luces del vehículo, porque son muchos los sistemas de iluminación que presentan defectos graves, pese a la importancia que tiene ver bien y ser visto.




Acabamos de adelantar los relojes para adecuarlos al horario de invierno, ese que rige la vida entre noviembre y marzo, la época con menos horas de luz del año. Durante esos cinco meses es el momento de extremar las precauciones al volante, porque las estadísticas demuestran que, por la noche en ese periodo, los muertos del tráfico se disparan, pese a que la intensidad de la circulación y el número de accidentes baja considerablemente entre el crepúsculo y el amanecer.


Así lo demuestra un estudio del Real Automóvil Club de España (Race) sobre la importancia de contar con un adecuado y cuidado sistema de iluminación en el automóvil. Los datos recabados por el Race sobre la siniestralidad del pasado año dejan claro que, en 2006, casi la mitad de los muertos (42,5 por ciento) perdieron la vida en accidentes nocturnos, aunque la media no esconde una preocupante realidad: durante cinco meses, los de invierno, el 54,5 por ciento de las vidas que se cobra el tráfico se pierden en las horas que no hay luz, mientras que en las noches de verano el porcentaje baja al 34,5 por ciento.


Mucho tiene que ver en la estadística que el 90 por ciento de los datos que precisa el conductor se perciben por la vista, sentido que padece un importante déficit de información cuando falta la luz diurna. Se cifra en el 20 por ciento la reducción de la capacidad visual respecto a la conducción diurna, siendo los contrastes, la habilidad para percibir distancias y los campos de visión los más perjudicados; mucho más a medida que avanza la edad.


Por eso, contar con un buen sistema de alumbrado es sinónimo de seguridad, puesto que ayuda a evitar objetos en la calzada, atropellar peatones y animales o salirse de la vía, los siniestros más relacionados con la falta de luz. Sin olvidar que, cuando hablamos de circulación, tan importante es ver como ser visto.


POCA ATENCIÓN A LA LUZ
Pese a la incuestionabilidad de esa premisa, no siempre los automovilistas cuentan con faros y luces eficaces, porque a la iluminación del vehículo no se le presta la atención y control que requiere. Es más, no son casos aislados esos conductores que circulan con una luz fundida o una intensidad luminosa insuficiente, sin ser conscientes de una anomalía que incrementa el riesgo de accidente por falta de visibilidad y aumenta la fatiga, por el esfuerzo adicional que requiere suplir esas deficiencias.


Que esos sistemas de iluminación defectuosos son más comunes de lo deseable se refleja en el resultado de los casi 277.000 vehículos de hasta 3.500 kilogramos que durante 2005 pasaron la inspección técnica en diferentes ITV de Atisae repartidas por la geografía nacional. El resultado es que el 30 por ciento de los rechazos fueron por defectos graves en el sistema de alumbrado, cuando un defecto grave supone la inhabilitación para circular (salvo para ir al taller y volver a la ITV).


Además, 3 de cada 10 rechazos fueron por problemas en luces de cruce y carretera, iluminación fundamental para circular con seguridad por la noche. También, uno de cada tres proyectores apareció desreglado, lo que puede deslumbrar a los que vienen de frente que, según un estudio de la Universidad de Michigan, necesitarán 3,6 segundos para recuperar la visión normal si es una luz de cruce y 5 segundos si es de carretera.


A TENER EN CUENTA
El 42 por ciento de los muertos de tráfico pierden la vida en accidentes que se producen en condiciones de poca visibilidad.

Las lámparas reducen su intensidad con el uso, por lo que deben cambiarse cada 40.000 kilómetros o cada 2 años.

Deben cambiarse de dos en dos, porque su uso es simétrico en la mayoría de los casos. Poner lámparas de calidad retrasa el desgaste.

Faros y pilotos deben mantenerse limpios.

Las luces de freno son tan importantes como las del faro, porque hay que ver y ser visto.

Más intensa, amplia y parecida a la natural es la luz xenón, que duran prácticamente lo mismo que el vehículo.

La lámpara de filamento va reduciendo su flujo a medida que se enciende por lo que, aunque funcione, llega un momento que debe cambiarse.

Una batería que carga por encima de lo establecido por el fabricante actúa de forma negativa en la vida de las lámparas, especialmente si se encienden antes de arrancar el motor y usar el alternador.

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