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Alonso sigue en estado divino y logra una victoria de equipo

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13 de marzo, 2006

El asturiano estrenó su título mundial imponiéndose en el Gran Premio de Bahrein, tras un mano a mano con Michael Schumacher durante una carrera que se decidió en una parada en boxes.

El asturiano estrenó su título mundial imponiéndose en el Gran Premio de Bahrein, tras un mano a mano con Michael Schumacher durante una carrera que se decidió en una parada en boxes.

La duda razonable permanecía instalada en el subconsciente del aficionado que, como un clavo, tenía plaza reservada en el «sillón-ball» a las doce y media de la mañana. ¿Qué Alonso se iba a encontrar de un año para otro? ¿El indomable conquistador que ha elevado la Fórmula 1 a los altares? ¿El tajante piloto que conduce un buen coche? ¿Un campeón con un buen márketing que tuvo una temporada excelsa? ¿La mezcla de todas las incógnitas aderezada con la pujanza de sus rivales? Flotaba en el ambiente del desierto una nube de cuestiones que escuderías y pilotos tenían la urgencia de resolver. La cuestión quedó clara 160 minutos después. Guarden sitio los domingos por la mañana, agarren las abrazaderas y expriman este mundo de gasolina y secretos. Fernando Alonso estrenó su título con una electrizante victoria.


Lo hizo desde la cuarta plaza en la parrilla, un contratiempo que había torcido su gesto el día anterior. Todo el mundo se acostumbra al jamón de pata negra y no quiere paletilla seca. Lo que en otro tiempo hubiera resultado un éxito sin precedentes, ahora suponía un fastidio para el español, que endurece el semblante cuando las cosas no salen a su gusto.


La F-1 guarda una cierta similitud con los diagnósticos médicos. Se analizan tantas variables, se escrutan tantas posibilidades, se desmenuza tal cantidad de supuestos que no se considera la entereza del paciente para superar la adversidad. Viene esto a cuento del primer vistazo a la carrera. Felipe Massa intentó taponar a Alonso en la salida, un marcaje estilo Gentile a Maradona en el Mundial 82. Con Button perdido en otra pésima puesta en escena, el brasileño pugnó desde la primera curva por evitar el destino final de la carrera. Un mano a mano entre Fernando Alonso y Michael Schumacher.


Massa, piloto Ferrari, privilegiado entre los privilegiados, le duró cinco giros al asturiano. Eso se llama prestancia, personalidad en la pista, empaque deportivo. Alonso trazó el adelantamiento con limpieza y agarró de la mano al alemán, condenados ambos a convivir durante 57 vueltas. El brasileño volvió al acecho unos kilómetros más adelante y casi acaba con los camellos. El español esquivó su trompo y siguió en su única idea, Schumacher.


La nueva normativa, con la posibilidad de cambiar neumáticos, deparó movimiento y cierto estrés, mucho jaleo por la pista y más diversión de la esperada. Button y Montoya afilaron los incisivos para regalar una bonita pelea por el podio. Sucesivas pasadas por dentro y por fuera al límite de la curva de recta que mantuvieron la tensión. Lo mismo sucedió en el paquete central, donde el austriaco Klien (Red Bull) mostró unos cuantos argumentos para contrarrestar las dudas que sobre él se ciernen.


Y lo mismo sucedió con los Williams de Webber y Rosberg. La histórica escudería que vio ganar el Mundial a Nigel Mansell, Alain Prost, Nelson Piquet o Keke Rosberg. El cachorro alemán marcó la vuelta rápida en su debut. El desastre anunciado se ahogó en las penas de Toyota, gigante económico de la categoría, cuyo parque automovilístico en Bahrein es mayoritario, como en gran parte de Asia. Ralf Schumacher y Jarno Trulli rodaron al nivel de los Midland y casi de los Super Aguri, cuyo peligro parece latente. Ide fue eliminado por un problema mecánico y casi cepilla el pie a uno de sus mecánicos en un cambio de neumáticos.


A pesar de que los pronósticos hablaban y no paraban de gasolina, de la diferencia de gomas y demás componentes que poco tienen que ver con el talento al volante, el Ferrari de Schumacher y el Renault de Alonso tuvieron un comportamiento similar en la pista. Mismos tiempos por vuelta, mismo desgaste en las gomas, misma pericia de pilotaje. El alemán hizo el primer cambio en la vuelta 15 y el asturiano, en la 19. Ya ahí se adivinó algo: el equipo mecánico de Renault recortó un par de segundos al tedesco en la parada.


Para entonces, Fisichella había dimitido, el motor Renault camino del desguace. Y ya se advertía la alucinante remontada de Raikkonen, que finalmente pisó el podio. El estrés campaba a sus anchas por la pista, pilotos y equipos al límite, cuando en cuatro rondas se vendió el pescado.


Con la milimétrica precisión que abunda en este deporte, Schumacher paró en la vuelta 35. Y cuatro después -como una hora antes- lo hizo Alonso, en la 39. Los mecánicos de Renault, como todos los auxiliares, ensayan la maniobra del cambio de neumáticos y aporte de gasolina como quien practica tiros libres o sube puertos. Alonso le ganó un segundo, un suspiro, nada. Pero todo un mundo en la F-1.


Salió escopetado del garaje y llegó un centímetro antes que Schumacher a la frenada. Ambos pilotos regalaron la estética visión del paralelo en la curva. El alemán no pudo con el español. Adelantado en la parada. Fin de la carrera. Alonso suspiró, estiró el cuello y voló hasta la vuelta 57, primera estación de la defensa de su corona.

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