25 años del Volvo 760

28 marzo, 2007 por

Corría febrero de 1982 -hace ya 25 años- cuando se dio a conocer el nuevo Volvo 760 GLE

Corría febrero de 1982 -hace ya 25 años- cuando se dio a conocer el nuevo Volvo 760 GLE

Corría febrero de 1982 -hace ya 25 años- cuando se dio a conocer el nuevo Volvo 760 GLE. Pese a no ser el típico modelo de la marca sueca, era, inconfundiblemente, un Volvo. De hecho, fue el coche que salvó a la empresa en aquel entonces, sentando los cimientos de lo que posteriormente sería la actual Volvo Car Corporation.
 
Nació con el viento en contra: el mundo acababa de sufrir la primera crisis del petróleo y, en Volvo, el nuevo 240 comenzaba a tener problemas de calidad. Para acabar de complicar las cosas, la empresa atravesaba por una ya dificilísima situación de costes. Se decide entonces crear el Volvo de los años ochenta: una serie de características iban a dar forma al trabajo en el nuevo proyecto, que inicialmente se bautizó como NV 80 y, posteriormente, NV 81 (NV era la abreviatura, en inglés, de “Nuevo Vehículo”, y los números se referían a los años en que se pretendía lanzarlo al mercado, esto es, 1980 y 1981). Fiabilidad, eficacia de consumo, vida útil prolongada, facilidad de reparación, escaso nivel de ruido, diseño y prestaciones, en ese orden, conformaban los parámetros del proyecto.

Las directrices del formato fueron, entre otras, que contara con tracción trasera, se puediera optar por los motores cuatro cilindros B19 y 21, ya existentes, el B27 de seis cilindros en V y un seis cilindros diésel -que en aquel entonces estaba en fase de prototipo- y que había sido utilizado en el taxi experimental de Volvo.  La línea, sin embargo, tenía que ser totalmente novedosa y renovada.
Más adelante pasó a llamarse P31 y las especificaciones técnicas se decidicieron más o menos al mismo tiempo en que se terminó la forma estética definitiva.


Entre tanque del ejército y caja de zapatos

Desde el principio se presentaron numerosas propuestas de diseño y llegada la hora de tomar una decisión definitiva ganó la idea de que se convirtiera en un modelo con una sección trasera ampliada, como la un familiar, con laterales rectos y una trasera cortada abruptamente que, en la jerga de diseño, recibía el nombre de “cut-back”. Puede decirse que el diseño era una mezcla entre un tanque del ejército y una caja de zapatos, pero el tiempo demostraría que se trataba de un concepto claramente triunfador. En una época en que el mercado estaba inundado de “moldes de gelatina” que parecían todos iguales, las líneas cuadradas del Volvo pronto se convertirían en un símbolo.
 
En la primavera de 1978 estaba listo el primer prototipo conducible. Y aunque estaba previsto que el 760 fuera desvelado al público en el salón del automóvil de Francfort celebrado en otoño de 1981, su presentación tuvo que ser aplazada porque la calidad no era acorde con los niveles de exigencia de Volvo. Cuando, en febrero de 1982, por fin se levantó el telón, lo que apareció fue un elegante Volvo que presentaba unas líneas atrevidas y totalmente novedosas, cómodo pero sumamente divertido de conducir y con tres motores a elegir: un cuatro cilindros turbo de gasolina, un gasolina de seis cilindros en V que ahora había pasado a ser de 2,8 litros, y el motor diésel D24, de seis cilindros en línea, construido por Volkswagen aunque, en gran medida, conforme a las especificaciones exclusivas de Volvo. Su turbosobrealimentador convertía al 760 en el diésel con mayor aceleración del momento en todo el mundo. El éxito de ventas tanto en Suecia como en los mercados de exportación no se haría esperar.
 
El Volvo 760 representó un punto de inflexión para Volvo Cars tanto en el ámbito del producto como en el de la economía. Además, el modelo como sus derivados, sirvieron para sentar las bases de la supervivencia de la empresa. Sin el 760 no habría existido el 850, sin este último no habría existido el S80, y así sucesivamente. El proyecto del 760 costó 3.500 millones de coronas de aquella época.  De la Serie 760 se fabricaron 221.309 coches (1.230.704 incluido el 740) hasta su sustitución en otoño de 1990 por el más moderno 960. Para entonces, había proporcionado pingües beneficios a la empresa y le había granjeado a Volvo Cars un prestigio añadido que se prolongaría durante casi una década entera.
 

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