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Prueba del Mini Clubman Cooper D automático 201661

Prueba del Mini Clubman Cooper D automático 2016

8 noviembre, 2016, modificada el 14 noviembre, 2016 por

El Mini Clubman Cooper D con el cambio automático puede considerarse como el Mini más versátil del mercado. Es el más amplio y utilizable, con un motor diésel de muy buenas prestaciones y consumos ajustados, un cambio automático que hace muy fácil su uso.

Nuestra valoración: 7,2 Notable

Diseño 8

Notable

Motor 8

Notable

Comportamiento 7

Bastante bueno

Interior 7

Bastante bueno

Equipamiento 6

Bueno

Consumos 7

Bastante bueno

Destacable

  • Diseño personal
  • Personalizaciones disponibles
  • Consumos

Mejorable

  • Puertas poco prácticas
  • Maletero escaso
  • Precio

En esta prueba del Mini Clubman Cooper D automático 2016 he tenido ocasión de comprobar las bondades de su sensacional caja de cambios automática de 8 velocidades y las ventajas de contar con 27 cm más de longitud respecto al Mini de 5 puertas.

Un espacio interior algo más amplio (especialmente en las plazas traseras), un comportamiento en carretera más noble y confortable y una estética diferenciada son sus principales argumentos. Pese a que su habitáculo es el más utilizable de todos los Mini (sin irnos a los SUV), sigue sin ser un coche que destaque en este apartado, quedando en los puestos más rezagados si lo comparamos con otros compactos en el entorno de los 4,3 m de longitud.

Que no te confunda su carrocería alargada y su portón trasero de doble hoja. El Mini Clubman no es un coche práctico en ningún caso, pero sí es el más práctico de los Mini. No es fácil encontrar un rival para este modelo, cuya clasificación es poco evidente. Si lo vemos como un modelo en el que prima el diseño y la coquetería frente a otros factores, se podría enfrentar a un DS 4, pero también a un BMW 118d, con el que comparte algunos órganos mecánicos y posicionamiento en precio. Frente a ellos, el Mini derrocha en personalidad todo lo que le falta en amplitud.

En cuanto a la mecánica probada, la versión Cooper D ofrece unas prestaciones muy buenas, con unos consumos ajustados, y su cambio automático de 8 marchas es una verdadera delicia que hace que, pese a su sobreprecio de 2.000 euros, resulte una inversión muy recomendable.

Frente al Clubman de la generación anterior, el nuevo modelo tiene una estética más elaborada y la gran ventaja de contar con dos puertas en cada costado en lugar de la única puerta en un lateral y de apertura a contramarcha. Ahora es mucho más fácil acceder a las plazas traseras y éstas ofrecen mucho más espacio. Sólo por este detalle, este Mini da un gran paso adelante frente a su predecesor, pero vamos a verlo más en detalle.

 

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El diseño del Mini es todo un filón.

El Mini Clubman ha dado un importante paso adelante en esta nueva generación. Mantiene como principal seña de identidad su portón trasero de doble hoja, un guiño a los Mini Van que hicieron una labor tan práctica como vehículos de reparto urbano en su configuración original.

Sin embargo, en esta nueva etapa se ha renunciado a la poco práctica media puerta trasera en el lateral derecho a favor de una puerta convencional en ambos laterales. De este modo, es mucho más cómodo el acceso al interior y también queda mejor estéticamente, aunque pierde algo de originalidad.

Respecto al Mini de 5 puertas, el Clubman crece más de un cuarto de metro para dejar algo más de espacio interior y ganar unos centímetros de maletero. Los 10 cm más de distancia entre ejes permiten que la puerta trasera no quede tan ridícula como en su hermano pequeño y tenga unas dimensiones similares a las delanteras.

La parte trasera se caracteriza por la peculiar forma del portón trasero de doble hoja y los grandes pilotos traseros, que hacen que seamos muy visibles por la noche. Como éstos están integrados en las portezuelas, para mantener iluminada la parte trasera del coche cuando tenemos abierto el maletero, el Clubman cuenta con otros dos pilotos en el parachoques.

El tributo a pagar por esta singularidad en el acceso al espacio de carga es una visibilidad trasera reducida (hay un poste en mitad de la luneta trasera que hace que, por ejemplo, una moto que nos siga sea invisible por completo. Tampoco son muy prácticas para cargar y descargar el coche. Debido al espacio que ocupan abiertas, tendremos que tener al menos un metro de margen por detrás del Mini y, además, tendremos que cerrarlas para no quedarnos encajonados entre ellas y la pared del garaje, por ejemplo.

Por lo demás, el Clubman cuenta con todos los detalles estéticos que identifican a los modelos de Mini, con una línea de cintura alta y poco cristal, un marco del parabrisas muy vertical y formas redondeadas que contribuyen a darle al Mini un aspecto compacto y robusto.

Los acabados son buenos y la sensación que transmite es la de estar frente a un coche bien rematado y en el que se ha prestado atención a los detalles.

Rubén Fidalgo

Vinculado con el mundo del automóvil desde la infancia, ha trabajado como restaurador de coches clásicos, gerente de concesionario oficial, responsable de posventa en servicio multimarca y monitor en escuela de perfeccionamiento de técnicas de conducción. Lo sabe todo en esto del motor... y sigue aprendiendo cada día.

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