Peugeot 205 GTI de 1984

Peugeot 205 GTI de 1984

200 años pueden parecer muchos, pero para Peugeot no son nada. La firma francesa ha sabido adaptarse a cada periodo de una manera excepcional logrando un hueco entre las marcas mundiales más reputadas. Sin embargo, es necesario saber que el fabricante no estuvo ligado desde sus inicios únicamente al ámbito de los automóviles; herramientas, molinillos de café, sierras, scooters y motocicletas han visto estampado en algún momento el emblema del León sobre ellas.

Expansión fulgurante

Todo comienza en 1810, cuando los hermanos Jean Pierre y Jean-Frédéric Peugeot deciden transformar el molino de grano de Sous-Cratet en una fundición de acero. El negocio parecía asentarse con una producción que se expandía gracias a las sierras de cinta, las estructuras para corsés o las máquinas de coser; pero lejos quedaba aún la idea del automóvil o las dos ruedas.

La región gala fue testigo del rápido crecimiento empresarial del negocio y nuevos establecimientos se abrieron en ciudades como Audincourt, Beaulieu, Valentigney, Pont-de-Roide y Sochaux. Ante este desarrollo tan acusado, se hacía absolutamente imprescindible encontrar el modo de distinguirse y que las piezas de Peugeot fuesen reconocidas rápidamente por el gran público.

La manera de hacerlo pasaría a formar parte de la marca hasta nuestros días. El logotipo del León empezó a utilizarse como símbolo universal de sus productos a partir de 1858 debido a la relación de este animal con las sierras que el fabricante creaba. Así, el felino emulaba la resistencia de los dientes de la herramienta, la rapidez del corte y la flexibilidad de la lámina. Desde entonces y hasta la fecha este signo distintivo ha sufrido diversas modificaciones hasta la forma actual del integrado en el RCZ o el de los modelos eléctricos de Peugeot.

Al asalto del mundo del motor

La acertada visión empresarial de sus creadores les llevó a la búsqueda de nuevos retos y por tanto, a afrontar su entrada en el ámbito de las bicicletas, las motos y los coches en 1886. Armand Peugeot, un apasionado del mundo del automóvil, entendió que el motor de petróleo era el único que permitía fabricar un coche fiable y ligero y por tanto, la mejor solución para el futuro.

En esas, Peugeot presentó en 1889 un triciclo movido a vapor que sería la antesala del modelo de gasolina denominado Type 2, un cuadriciclo de dos plazas que vio la luz en 1890, y del Type 3, un automóvil de cuatro plazas con dos cilindros y 2 CV de potencia que le desplazaban a una velocidad de 18 km/h.

Desde entonces, innumerables fueron los modelos diseñados y fabricados por la familia Peugeot, todos ellos inspirados en nuevos conceptos y tecnologías. En esa trayectoria fugaz es necesario detenerse en un momento concreto: 1929. Ese año sale a la venta el Peugeot 201, un modelo histórico no sólo porque fuese denominado el coche “anticrisis” y sirviera a la marca para sortear los duros momentos económicos, sino porque instauró un sistema  de denominación para sus coches basado en la numeración. La primera cifra identifica a la familia del vehículo y su tamaño en la gama, el segundo número –un 0– es el eslabón que une la cifra de pertenencia a esta familia y la tercera indica la generación del modelo.

Pionero en el mundo

Los años 30 serían muy importantes para Peugeot ya que logró establecer un hito importante en su historia: la invención del coupé-cabriolet. Esta innovación, aparecida en el modelo 401, permitía que el techo rígido se plegara y ocultase en el maletero. A día de hoy está sigue siendo una de las carrocerías más explotadas por la entidad cuyo máximo exponente es el 206 CC, que ocupó un puesto privilegiado en su segmento con más de 700.000 unidades vendidas.

Pero Peugeot también tuvo un papel preponderante en la introducción de motor diesel en los vehículos. Su berlina 403 fue el primero de ellos que incorporó esta mecánica y le sirvió para convertirse en el único modelo del León que superó el millón de unidades vendidas hasta entonces. Más tarde, el 604 en 1975 se consagró como el primer coche europeo en montar una motorización Turbodiesel para ser luego el 607 en 1999, pionero en el mundo en contar con un filtro de partículas para reducir las emisiones contaminantes.

Las carreras, territorio Peugeot

Tampoco podemos olvidarnos de la intensa vinculación de Peugeot con el ámbito de la competición automovilística. Prácticamente desde el inicio de las carreras a nivel mundial, la marca estuvo dispuesta  a participar en ellas. De esta manera, los primeros modelos de serie formaron parte de diversas pruebas de regularidad, de Rallyes y de subidas en cuesta como la Paris-Bordeaux-Paris celebrada en 1895 y en la que logró la victoria.

Con el paso de los años, Peugeot fabricó los primeros coches destinados únicamente a la competición que le valieron para imponerse en tres ocasiones en la prestigiosa prueba de las 500 Millas de Indianápolis —1913,1916 y 1919—.

Pero fue en las pruebas de Rallyes donde la marca dejó su huella de manera más palpable. Desde las carreras africanas del Rallye Safari, donde cada año cosechaban victorias modelos como el 404 y el 504, hasta los campeonatos de constructores obtenidos en el Mundial en los años 2000, 2001 y 2002; su éxito en esta parcela es incuestionable.

También hay que reseñar su corta pero intensa trayectoria en la famosa prueba de resistencia de Le Mans, donde su triunfo más reciente fue el doblete logrado en 2009 con el Peugeot 908 HDi FAP o el podio alcanzado en 2010 y 2011.

200 años de historia dan para mucho en el mundo del automóvil y Peugeot lo ha demostrado. Sus primitivos y elementales modelos de finales del siglo XIX nada tienen que ver con cualquiera de los dieciséis vehículos que componen su gama comercial actual, plagados de componentes tecnológicos, y mucho menos con los diferentes concepts cars diseñados para el futuro. Todo ello demuestra que los años no pesan en el fabricante francés y que lejos de ceder a la edad, el paso del tiempo les premia con un aspecto cada vez más rejuvenecido.